En Entrevistas

Fernando Calvo, Jefe de Servicio de Industrialización Agroalimentaria del Gobierno de Aragón, repasa los retos del sector agroalimentario.

Por José Antonio Almunia

¿Qué significa el Programa de Desarrollo Rural (PDR) para el sector agroalimentario de Aragón?

El PDR 2014-2020 es una continuación de programas anteriores. Ya se hizo una labor importante y era necesaria la continuidad. El Servicio de Industrialización Agroalimentaria se ocupa de la medida del PDR sobre transformación, comercialización y desarrollo de productos agrícolas para favorecer la creación de industria agroalimentaria. Se considera que es una medida fundamental, pues Aragón es una comunidad entre las primeras a nivel de producción, pero no en industrialización agroalimentaria.

¿Qué papel juega la industria agroalimentaria?

Es necesario primar que la transformación de los productos agrícolas se produzca en la comunidad autónoma para que tenga un valor añadido, una vertebración del territorio y la creación de puestos de trabajo en el medio rural. Por eso, esa es la prioridad, que el producto de valor añadido se transforme dentro de la comunidad autónoma. A todo ello hay que sumar la innovación, crear nuevos productos y atender las necesidades de los sectores destinatarios de las materias primas. Y, por supuesto, está la internacionalización, como consecuencia de la creación de puestos de trabajo, de ese valor añadido de esa innovación.

Un valor añadido al apoyo a la industria de la transformación es la fijación de población en el medio rural.

Sí, es prioritario. En nuestras convocatorias de ayudas, uno de los criterios de puntuación es la creación de puestos de trabajo, dando preferencia también a la incorporación de mujeres y de jóvenes para favorecer ese medio rural y la fijación de población.

Usted ha vivido el desarrollo de la industria agroalimentaria en primera línea desde la administración. ¿Cómo ha vivido esta transformación del mundo rural que parecía imposible hace poco?

Sí, al principio eran empresas pequeñas, que han ido aumentando sus cuotas de producción y venta. Era un sector muy atomizado, con pequeñas industrias que iban ganando importancia. Pero también hay que apoyar a las empresas medianas y grandes, que también crean puestos de trabajo, seguramente más en menos tiempo. Y vemos que esas empresas pequeñas van realizando inversiones nuevas, que van mejorando su adaptación y creando nuevos puestos de trabajo. Y está el sector cooperativo, plenamente establecido en el medio rural y con su continuidad asegurada.

Cuentan con unos 141.000 millones de euros, ¿para cuánto da ese dinero?

Teníamos compromisos del Gobierno anterior. Eso supone que hemos sacado dos convocatorias de ayuda. Una fue en la Navidad de 2016 por 7.276.990 euros en dos anualidades y que ya se ha resuelto. A finales de 2017 sacamos la convocatoria anticipada para 2018, con 30,2 millones de euros; se aprobarán 57 expedientes y supone una inversión total de 187 millones de euros. Y ahora estamos finalizando los trámites y solo queda la publicación en el Boletín Oficial de Aragón de la convocatoria anticipada para 2019, con otros 30,2 millones de euros. Hay mucho dinero, pero al ser un sistema de concurrencia competitiva ordinaria, hay una puntuación, tenemos un mínimo y llega un momento en el que se cortan las solicitudes, se empieza de mayor puntuación hacia abajo y no todas las solicitudes entran.

¿Hay mucho interés por las ayudas?

Cada día hay más interés. En la convocatoria del año 16 y la del 18 ha habido más solicitudes presentadas que aprobadas, porque como digo se aplica la concurrencia competitiva y llega un momento en el que no hay más dinero. En este momento, el sector está esperando que se haga la convocatoria anticipada del año 2019. El sector cada día está invirtiendo más en la transformación de productos agroalimentarios en la comunidad autónoma.

Y el volumen de inversión, ¿es mayor de gente externa al sector o hay más interés propio en creer en la transformación?

Bajo mi punto de vista, las industrias agroalimentarias de Aragón tienen un empuje muy importante. Claro que también vienen empresas que se han establecido recientemente o se van a establecer que pueden venir de fuera. Son grandes empresas pero pocos expedientes. Lo que de verdad hay son expedientes de inversión de industrias de capital social de Aragón y establecidas en Aragón.

¿Cuáles son los proyectos a los que les ve un significado especial?

Más que proyectos, yo hablaría de sectores. El cárnico ha tenido proyectos importantes, especialmente en porcino; también cereales, frutas y hortalizas y el vino, si bien estas inversiones van a pasar a otra medida de ayudas.

Hay una estrecha relación con el Departamento de Industria.

Sí, y también con otros departamentos para evitar incompatibilidades con las ayudas. Ayudas cofinanciadas por el FEADER, el Ministerio de Agricultura y el Gobierno de Aragón que son incompatibles con cualquier línea del fondo europeo. En Industria hay ayudas para la industria agroalimentaria; una línea con fondos FEDER que es incompatible y otra de la DGA, que se puede compatibilizar con un porcentaje máximo del 40 por ciento en ayudas.

También pasa con el Departamento de Economía, con las ayudas a la transformación del producto. Hay un Comité de Seguimiento de Fondos Europeos y comprobamos las bases de datos para que no haya duplicidades.

¿Qué se puede mejorar en el mundo de las industrias agroalimentarias?

Lo más importante es que deben adaptarse a las nuevas necesidades; no solo a los nuevos productos y presentaciones, tanto en España como en mercados internacionales. Hay que abrir nuevos mercados europeos para favorecer la internacionalización y la salida de producto. Aragón produce alimentos para unos 15 millones de personas y somos 1,3 millones. Así que si se transforma todo el producto, que es lo que queremos conseguir, hay que internacionalizar, hay que vender. Esos son los principales retos.

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