En Entrevistas

María José Poblet es jefe de servicio de Modernización de explotaciones del Gobierno de Aragón. Un área que, dentro del Programa de Desarrollo Rural de Aragón, se encarga de gestionar medidas como la incorporación de jóvenes agricultores al medio rural y las inversiones en las explotaciones agrarias.

Por José Antonio Almunia.

¿Qué es lo más importante de la incorporación de los jóvenes agricultores al mundo rural?

Tenemos comprobado que las explotaciones en las que el titular es joven obtienen mejores rendimientos en todos los niveles, en creación de empleo, en productividad. Por tanto, el relevo generacional no es solamente fomentar que haya jóvenes sino también fomentar la mejora de las explotaciones.

¿Se ha conseguido a través del PDR el reto del relevo generacional, que los padres cedan sus explotaciones en vida?

Sí, creo que afortunadamente la consideración social de los agricultores no tiene nada que ver hoy con hace unos años. Antes el joven que se quedaba en el campo era el que no servía para otra cosa, o así lo veía la sociedad. Hoy es una elección, nuestros jóvenes son vocacionales, socialmente están bien considerados, y es una opción como cualquier otra. Es verdad que a los mayores les cuesta ceder el relevo, pero se ha mejorado muchísimo.

Y la modernización ha obligado a ese relevo generacional.

Nosotros lo planteamos llevándolo en el mismo servicio, como medidas complementarias. La modernización de las explotaciones contribuye a una mejora de la competitividad . Y que el titular sea joven en sí mismo ya es una mejora estructural. Con la medida de modernización de explotaciones se ayuda a que se reestructuren y pueda mejorar la producción.

¿Cuánto se invierte en este período de PDR en la incorporación de jóvenes agricultores?

En este momento, llevamos adjudicados 70 millones de euros: 30 en la convocatoria de 2016, 20 en la de 2017 y 20 en la de2018. Y queda margen para otros 30 millones más.

¿Y cuántos jóvenes se han beneficiado? ¿Y mujeres?

Unos 1.200. Con algo más de un 20 por ciento de mujeres. En pocos sectores productivos primarios hay tantas mujeres, aunque creemos que no es suficiente. Sigue habiendo una mala visión de la mujer dentro de la producción agraria. Hay una apuesta importante por cambiar la percepción social de la mujer como agricultora y por parte de ellas mismas, pues a veces son ellas las que se autolimitan.

Eso significa, además, fijar población en el medio rural.

Directamente. Que estén las mujeres en el medio rural, produciendo y en una actividad ligada al territorio, tiene que fijar población sin ninguna duda.

Según los datos comparativos con otras comunidades autónomas, ¿en qué punto está Aragón en cuanto a los procesos de incorporación de jóvenes al medio rural?

Estamos en primer lugar. Somos la comunidad autónoma que más ha invertido dentro del PDR, la que más jóvenes ha instalado y la que más rápido hemos asimilado los nuevos procesos (la medida pasó de ser de inversión a apoyo directo, lo que fue un cambio en burocracia).

¿Cómo son los jóvenes agricultores de ahora? ¿Qué les falta?

Son normales y corrientes. Muchos han pasado por la universidad, pero nos hubiera gustado más que hubieran pasado por módulos formativos más específicos de agricultura. Ahora damos puntos de prioridad a los que tienen la formación profesional agraria. Además, el 90 por ciento son hijos de agricultores, lo han mamado en casa.

¿Y con qué edad se incorporan?

Ahora estamos en una media de veintialgo, muy baja respecto a hace unos años, que estaba en 36-37. Y las mujeres se incorporan más tarde, con unos tres o cuatro años más.

¿Por alguna razón?

En formación agraria hay muy pocas. Creo que se instalan en el pueblo, se van quedando y después deciden que les gusta. De buenas a primeras, los padres no dejan la explotación a la hija si hay un hijo. Y eso que las explotaciones de las mujeres crean más empleo; son más intensivas. Y están, principalmente, en invernaderos y en ganadería de montaña.

¿A qué se dedican los jóvenes que se incorporan?

El porcentaje más importante se incorpora a explotaciones de ganadería intensiva, tanto de porcino como cebaderos de terneros, y a regadíos. Hay pocos que se dediquen al secano sin más; estos están entrando a cultivos leñosos.

¿Y la modernización?

Regadíos. En Aragón, la mayor parte de las modernizaciones son transformaciones en regadío. También en mejoras de explotaciones de ganadería extensiva.

¿Cuál es su sueño respecto a las políticas del Gobierno de Aragón en lo que concierne a jóvenes?

Que no hagan falta ayudas, que la productividad y competitividad de las propias explotaciones sea tan alta que no sea preciso seguir apoyándoles.

¿Y está más cerca?

Lo dudo. Porque la agricultura siempre ha necesitado ayuda. Está en el último eslabón de la cadena y es muy difícil repercutir coste. Que desaparezcan completamente las ayudas no es algo viable ni posible. Pero que desaparezcan las necesarias para mejora de estructuras, incluyendo la edad del titular que sea la óptima y que no se necesite incentivar un cambio.

 

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