En Entrevistas

ÁNGEL MARÍN. PROYECTO COOPERACIÓN CEREZA. CALATAYUD.

Ángel, Pablo y Conchi, forman parte de ese grupo de personas que cree en su producto y trabaja duro para sacarlo adelante. Tras años de investigación, análisis y estudio, apoyados por el Programa de Desarrollo Rural de Aragón, el CITA y otros actores del sector, han logrado aunar las fuerzas necesarias para situar a la Cereza de Calatayud a las puertas de una Indicación Geográfica Protegida. En esta entrevista nos cuentan su recorrido, desde el Proyecto de Cooperación aprobado en la Convocatoria de 2017 hasta hoy, momento en el que se abre un periodo de retos muy ilusionantes para el sector. 

¿Cómo comienza este proyecto?

Pues verás, nosotros pensamos en que había que hacer algo para darle un empujón al sector. Tras consultar a muchas personas de la zona y darle vueltas, decidimos que la cereza era un producto destacable con respecto a otras producciones de la zona. Realizamos también la consulta en el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y también concluyeron que era la cereza lo que ayudaría a impulsar el sector. Tras un ensayo previo en el año 2015, para ver si realmente había posibilidades y comprobar que sí, salió la convocatoria de ayudas para Proyectos de Cooperación y nos lanzamos.

Y entonces, agrupáis a varias Cooperativas…

Sí, en efecto, agrupamos a la Cooperativa de Aniñón, una más pequeña, que está ubicada en zonas protegidas de Red Natura -que, como sabes, son explotaciones ecológicas, muy cuidadas-, el Sindicato Agrario (UAGA), el CETEA y luego las dos comarcas y nosotros como coordinadores del Proyecto. El Proyecto se aprobó en la convocatoria de 2017.

Háblanos de vuestro método de trabajo…

Nosotros seguimos una metodología en nuestro producto, el de la Marca de Calidad Territorial, que básicamente consiste en distinguir los territorios por su responsabilidad social, medioambiental, económica y por la calidad de sus productos y servicios. Hemos trasladado este planteamiento a la cereza. Hemos elaborado una Carta de Calidad de la Cereza con apoyo científico del CITA y con análisis de diferentes variedades en diversos puntos. Durante 3 años, hemos estado analizando las 5 variedades más representativas, midiendo, entre otras cosas, los índices de maduración, la dureza, los azúcares, y ahora entramos ya en el último año de estudio.

Y por lo que sé la Carta de Calidad de la Cereza ya está terminada…

Sí, en efecto, la Carta está terminada y hemos dado incluso un paso más, porque hemos creado una asociación de promotores de la cereza, que la conformamos tanto los productores como los transformadores como los comercializadores. Entre todos, uniendo nuestro trabajo, la Asociación mueve unos 8-10 millones de kilos de cerezas al año.

Y de la Carta de Calidad a la Denominación de Origen o a la Indicación Geográfica Protegida, ¿no?

Sí, así es. El año pasado, el Ayuntamiento organizó unas jornadas sobre la Cereza, a las que asistió el consejero, quién nos incitó a superar la Marca de Calidad y dar el paso hacia una Denominación de Origen (DO) o una Indicación Geográfica Protegida (IGP). Con todo el trabajo científico que tenemos detrás, es un objetivo absolutamente accesible y ahí es donde estamos poniendo ahora todos los esfuerzos.

¿Cuáles son los retos en ese camino hacia la DO o la IGP?

Pues sin duda son los sistemas de control que tienen que establecerse, porque la base científica y de análisis ya la tenemos muy trabajada, pero hay que determinar cómo se harán los controles de calidad.

A nivel de producción nacional, vuestra Cereza ¿en qué niveles está?

Estamos en torno a los 20 millones de kilos/año.

¿Y en términos de calidad?

Nuestros parámetros, según las investigaciones del CITA, están por encima de la media nacional. Se mide el tamaño, la maduración y los grados.

¿Cómo tenéis pensado continuar este proyecto?

A partir de ahora será la Asociación quien coordine el proyecto, nosotros, por supuesto, formaremos parte, pero será desde la Asociación desde donde se continúe. Con la nueva Convocatoria, queremos seguir avanzando hacia la IGP pero ya con una infraestructura y con el establecimiento de un necesario sistema de control de todas las explotaciones. Tenemos incluso el objetivo de que nuestro modelo pueda servir a otros, que quieran emprender con sus productos el mismo camino. Deseamos que nuestro proyecto sea útil y pueda extrapolarse a otros productos y lugares.

Desde vuestra experiencia a lo largo de todo este tiempo de trabajo, de análisis, de investigación, ¿creéis que se ha generado la concienciación suficiente como para ver en todo esto un medio de vida?

Sin ninguna duda. Creemos que todo el sector está ilusionado y hemos visto que económicamente compensa. Visibilizar nuestro producto, dotarle de un trabajo riguroso que haya puesto el foco en la calidad, ha tenido ya un efecto comercial importante. Ahora, por ejemplo, también se está trabajando en la imagen de nuestra cereza y en el embalaje. Hay una persona que está dedicándose a estudiar la adecuación del embalaje de cara a una mejor conservación del producto, reside en Moros y está haciendo un trabajo minucioso y muy válido. Como ves, es todo un proceso, que nos genera trabajo en diferentes aspectos y facetas del producto.

Por último, además de la investigación, ¿cuáles son los elementos naturales que hacen de vuestra cereza un producto de calidad?

Nuestro terreno es fundamental, nuestro suelo y también el clima, porque hay altura y hiela. Es todo un equilibrio, que hay que saber conseguir…y se consigue con suerte y con mucho mimo hacia nuestros cerezos.

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