En Entrevistas

Iniciar una empresa como la que ha creado Juan Carlos Borraz requiere tener mucha energía, ser creativo, saber improvisar, ser un buen comunicador, organizado, arriesgar y como él bien añade, “ser constante, ya que sin constancia ningún otro valor tendría sentido”.
Borraz trabajaba de mando intermedio como responsable de logística en el Grupo cervecero Ambar, como soporte de operaciones logísticas en varias delegaciones como Huesca, Barbastro, Ejea, Madrid o Logroño. “Tras 10 años en el grupo, donde estuve muy a gusto, yo quería probar ¡al menos una vez en la vida! a tener mi negocio. Entendí que había llegado mi momento, por lo que decidí poner punto y final a esta etapa de mi vida en octubre de 2017”, y sin olvidar esta experiencia, de donde ha conseguido grandes amigos, apostó por emprender en su localidad natal, Lanaja.
“Soy de la opinión que todo el mundo tenemos el espíritu emprendedor dentro. ¿A quién no se le ha ocurrido alguna vez una idea de negocio? A partir de ahí más que el espíritu emprendedor yo lo definiría como el miedo o no miedo, las ganas o no ganas, el momento o no momento, es decir se tienen que dar muchas circunstancias para emprender”, explica el joven monegrino heredero de los genes de su padre, el querido y apreciado Armando Borraz. “En mi caso personal, mi padre fue una persona con pocos miedos y gran espíritu emprendedor. Estuvo al frente de varios negocios, casi todos relacionados con la construcción, hasta que decidió abandonar esta faceta y pasar al mundo de la política. Por ello, puedo decir que yo igual sí que tengo sangre emprendedora”.
Desde esta perspectiva acaba de nacer Monegros Aventura Rural, una oferta turística de alojamiento, ocio y gastronomía en la localidad de Lanaja. “Alojamiento puesto que dispongo de una casa de turismo rural en el núcleo urbano, de ocio y gastronomía, debido a la existencia de un complejo de ocio ubicado a menos de 4 km del pueblo, a los pies de la sierra de Alcubierre la cual nos aporta la calma que no disponemos en la urbanización y unos atardeceres fabulosos” y donde han creado un espacio con dos campos de paintball, un campo de fútbol sala de césped natural para practicar bubble soccer, “y una pista de obstáculos mas o menos similar a las antiguas de la mili” y para completar la oferta se ha construido un asador con capacidad para unas 50 personas donde poder degustar los productos típicos de la zona a la brasa.
A la Casa Rural le ha puesto el nombre de ‘La Sardiruela’, “es como se denomina el paraje donde está ubicado el complejo de ocio (dentro de una finca familiar que existía allí), pero sobre todo es en recuerdo de mi padre puesto que él amaba esa tierra donde disfrutaba con su pequeña viña que por supuesto he mantenido dentro del complejo”.
Cuando le preguntamos qué diferencia Monegros Aventura Rural de otros espacios similares en la zona, Borraz manifiesta que además de complementario es distinto, “la existencia de dos actividades que no tiene ninguno de los otros dos espacios, como son el bubble soccer y la pista americana, así como el asador que es único en la zona sobre todo por la ubicación alejado de un núcleo urbano”.
Bajo la filosofía de que “el éxito reside en la satisfacción del cliente, he montado un negocio para que la gente disfrute, por tanto, siempre y cuando el cliente se vaya satisfecho creo que habrá sido un éxito”.
El joven emprendedor agradece desde estas líneas a todos los que han ayudado a construir este sueño, “gracias a mi madre, que me ayuda en todo lo que le pido y al ser madre en un poquito más, a mi hermana, que siempre comprende las cosas y apoya, a mi familia de Alcubierre por el incansable trabajo que han hecho o a mi tío Paco, que me ha hecho todos los favores que le he así como a mis amigos que me han ayudado siempre y cuando han podido”. Destacando un agradecimiento especial a su esposa: “Lidia, mi mujer, que es la que me ha tenido que sufrir durante este tiempo, la que me ha sosegado en momentos de nervios, la que me ha apoyado en esos momentos de dudas, la que me ha calmado en momentos de tensión y la que me ha metido prisa en momentos de relajación”, y por último un emotivo recuerdo, “al pilar fundamental en mi vida y que por desgracia me falta, él fue quien inculco esas ganas de emprender que corrían por mis venas desde hace tiempo. Sé que pensarás que estoy loco, pero bendita locura. Gracias papá”.

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