En Entrevistas

Nacida en Sueca (Valencia), Vanessa Colomar protagoniza un viaje hacia el interior. Desde los rayos del sol de la playa, al monte cara al cierzo de la sierra de Teruel. Vive con su marido, turolense, en Torrijas (30 habitantes) desde hace tres años. Para realizar la compra de la semana se traslada a Teruel (45 minutos en coche cada trayecto) “porque compensa ir a la capital. Ahí encuentras de todo para la casa, para el ganado, para el trabajo…”.

Su voz transmite entusiasmo, rasmia y una vitalidad curtida entre nieves, cielo abierto, monte y atardeceres. A Vanessa, en el amor, le salió la carta de irse a vivir al Teruel rural y dedicarse a la ganadería. Si le preguntas si se considera una romántica responde que sí: “nunca me lo hubiera imaginado. ¡Yo pastora! Esto no es un trabajo, va más allá, se trata de una forma de vida. Además, en Torrijas estamos tres parejas jóvenes e intentamos revivir el pueblo como podemos. Me gusta, me encantan los atardeceres, la luz, el campo… “. Disfrutar de lo que le regala la naturaleza acarrea notables sacrificios: “dejas familia, comodidades, el pan diario… aunque en Torrijas disponemos de multiservicio. Renuncias a las vacaciones… me permito Nochebuena que bajo a Valencia a cenar con mi familia”.

Ella se dio de alta acogiéndose al Programa de Incorporación de Jóvenes. Lleva una explotación de unas 800 cabezas de oveja rasa aragonesa en régimen de extensivo. Se pasa el día en el monte y sufre y se desvive por sus ovejas. “Es un gozo verlas bien, sentirlas tranquilas, eso te llena de satisfacción. Pero se sufre. El año pasado cayó una nevada de 1.30 metros y no podíamos recorrer los siete kilómetros que nos separan del corral. Nadie nos ayudó a limpiar el camino. Y las ovejas… cuatro días encerradas, se comieron la cama de paja. Eso las salvó, aunque luego tuvimos un gran trabajo para que volvieran al rumio… Aquí, en este oficio, se aprende todos los días algo nuevo”.

Decidió darse de alta porque es su trabajo “estoy todo el día con las ovejas. Partíamos de la explotación de mi marido porque, en esto, resulta imposible comenzar de cero. La gente habla mucho de que los ganaderos recibimos ayudas… pero nadie se hace rico en este negocio. Yo veo el dinero, pero lo veo pasar. Todo va para el rebaño. Los precios llevan años sin moverse y resulta un oficio muy duro y sacrificado”.

El respaldo del PDR fue crucial para su incorporación. Sin embargo, Colomar denuncia que el papeleo y la burocracia en muchas ocasiones, desborda. “Mi trabajo es el ganado pero resulta que necesitas otras muchas horas, ¡muchas!, para poner todos los trámites en orden. Una barbaridad, además, con el cambio y la reducción de las ayudas hay gente que se ha quedado muy fastidiada porque en este sector uno se juega mucho dinero y mucho esfuerzo”.

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