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Enrique Novales, Director General de Calidad y Seguridad Alimentaria

Enrique Novales, Director General de Calidad y Seguridad Alimentaria, veterinario de profesión y exdirector de  Alimentación y Fomento Agroalimentario, lidera una responsabilidad con el sector agroalimentario y con el consumidor. Entre las líneas de acción de seguridad sanitaria que se están llevando a cabo, destaca la importancia de la bioseguridad en el entorno rural.

¿Cómo se lleva a cabo desde la Dirección General el control sanitario?

Desde la dirección se establecen las pautas y requisitos sanitarios que nos exigen los países de destino. Cada país tercero nos exige unas condiciones diferentes, por lo tanto, nosotros somos el paso intermedio. Todas las salidas de animales vivos a países terceros se realizan a través del PIF (Puesto de Inspección Fronteriza) y es competencia del Ministerio. En el mundo del porcino es diferente porque exportamos carne y no animales vivos. Los requisitos sanitarios que tiene que cumplir ese animal son hasta que llega al matadero, una vez certificado en los documentos que van a terceros países ya es sanidad quien lo tramita.

Y si las exportaciones de carne o animal vivo salen a la Unión Europa, ya es competencia de cada comunidad autónoma y no del Ministerio.

En un mundo globalizado, la seguridad alimentaria es fundamental.

Sí, lo que tiene la Unión Europea es que el sistema de trazabilidad y seguridad alimentaria es potente y eso es lo que aprecian los terceros países. En nuestro sistema de seguridad alimentaria, nuestro punto de inflexión fueron las vacas locas, a partir de ahí, la seguridad ha sido mucho más estricta y la comunidad europea ha desarrollado  una normativa encaminada a proteger al consumidor.

¿El cambio climático afecta a la seguridad alimentaria?

El cambio climático muchas veces cambia la época de propagación o difusión de determinadas enfermedades tanto en el ámbito agrícola como en el ámbito ganadero. Por ejemplo, el periodo de estacionamiento libre de la lengua azul en el vacuno normalmente empieza en octubre y termina en marzo, pero, a veces, en octubre y noviembre la temperatura sigue siendo alta o en abril no hace suficiente calor y se prolonga. Además, si no hay bajas temperaturas, en el mundo agrícola determinadas plagas no se destruyen bien o no se inactivan y, claro, con inviernos muy suaves la producción posterior necesita un uso más intenso de productos fitosanitarios para controlarlas.

Y para todo eso, ¿tenemos una red de alerta?

Sí, en sanidad vegetal hemos creado un sistema de alerta rápida de todas las enfermedades existentes y se llama Red FAra (Red Fitosanitaria de Aragón). En ganadería hay una red de alerta sanitaria rápida que permite, a través de la trazabilidad, mirar hacia atrás y saber exactamente cuál es el problema, donde se ha producido, etc. Por ejemplo, el caso que hubo de posible peste africana con el tema de Macedonia, pasó un viernes y el domingo sabíamos de qué explotaciones de Aragón y Cataluña habían salido los cerdos.  Este sistema, está funcionando dentro de la Unión Europea y representa una seguridad muy grande para el consumidor.

Existe una especial sensibilidad sobre los alimentos, la calidad, la procedencia… En Aragón, ¿comemos sano?

Yo creo que sí. Aragón es  una potencia en la producción agroalimentaria, es decir, no nos comemos todo lo que producimos. Está claro que todo lo que se produce tiene unos estándares de calidad muy exigentes con la normativa comunitaria. Por lo tanto, es sano y seguro. Que sea saludable ya depende de los hábitos de cada uno.

¿El sector está concienciado de que la sanidad es un elemento fundamental?

Sí, hay una concienciación muy fuerte en torno a la trazabilidad, el control de determinadas enfermedades que limitan los intercambios… al final es su negocio. En épocas anteriores sí que se han dedicado más a luchar contra las enfermedades que les minoraban las producciones, pero ahora ya lo tienen superado.

Estamos haciendo mucho hincapié en el tema de la bioseguridad en las explotaciones, porque evitas la entrada de muchas enfermedades. Antes un ganadero tenía una explotación y era casi un centro de reunión con los amigos, ahora una explotación es lo que es y el trasiego de personas te puede traer complicaciones. En el mundo del vacuno llevamos dos años con una campaña potente para evitar que se usen sustancias prohibidas porque, como pasa en todos los sectores, hay un porcentaje que siempre está fuera de donde tiene que estar.

¿Qué es lo que más le preocupa como Director General?

En este momento es la seguridad en el sector porcino, porque tenemos un sector potente que está generando riqueza en Aragón, mano de obra y fijación de población en el mundo rural. Siempre digo que sin sanidad el sector no puede resistir, porque cuando estamos exportando entre un 30% y 40% a terceros países, el requisito fundamental es la sanidad.

Pero también me preocupa la ordenación del sector tanto agrícola como ganadero desde el punto de vista sanitario y desde la perspectiva de transmitirle seguridad al consumidor, porque el miedo del consumidor es lo que te produce las crisis.

 

 

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