En Entrevistas

Las carreteras ofrecen dos direcciones y al final del trayecto pueden descubrirse realidades muy dispares. Y así, un día haces la maleta y dejas Zaragoza  para ser la propietaria de una granja.  Dicho así, no suena muy glamuroso, pero ¿a quién le importa Instagram cuando la carretera que te lleva a Vinaceite te brinda felicidad y futuro?…

¿Por qué Vinaceite?

Por amor ¡suena raro en estos tiempos! Dejé Zaragoza y me vine al Bajo Martín porque aquí estaba mi pareja, queríamos formar una familia y mejor vivir en un pueblo.

Se  preparó  para  trabajar con niños, trabajó en El Corte Inglés  y acaba de propietaria de una granja de madres de porcino. ¿Siente nostalgia de su vida en la ciudad?

Echo de menos un poquito Zaragoza por el tema de familia y de amigos, pero mi vida ahora no la cambio por nada.

Me dedico al porcino porque es lo que hay aquí. No le doy más vueltas, me gusta. Tuve la suerte de empezar, hace ya más de diez años, en una explotación  que se estrenaba también. Todo resultaba nuevo para el equipo, propietarios  y trabajadores. Lo recuerdo con gran cariño, se preocuparon por mí y mi formación. Aún me emociono recordando cuándo nació el primer lechón… algo maravilloso.

Cuando se metió en una granja ¿qué le  impresionó?

El tamaño de las cerdas ¡enormes! Dese cuenta de que venía de la ciudad y nunca había visto ninguna. Pero, la verdad, me he sentido muy cómoda. Como mujer  se puede desempeñar todo… excepto algún momento puntual para trabajos de fuerza y, por suerte, tengo ayuda.

Y  al cabo de los años, les surgió la oportunidad de gestionar una granja.

Al jubilarse un tío, mi primo y yo cogimos su explotación.  Con 400 madres, creo que nuestra  granja es la más pequeña del pueblo, pero a nosotros nos basta.

¿Planes de ampliar?

Por ahora, no. Además, se sitúa muy cerca del núcleo urbano lo cual lo dificultaría enormemente. Por otra parte,  se trata de un trabajo exigente. Las granjas de cebo resultan más cómodas de manejar por la mecanización, pero no así las de madres.

Con la granja y los niños…  ya tengo bastante.

Se acogió a las ayudas de incorporación a jóvenes agricultores.

Invertimos mucho dinero en modernizar la explotación, en adaptarla a los tiempos y hacerla más cómoda para trabajar y más rentable: calefacción, cambiar suelos, comederos.  Una inversión muy considerable. Las ayudas ¡pues no son tan ayudas porque tú adelantas el dinero! Y luego te lo dan.  Sería mejor que te concedieran parte de la subvención por delante.

Pero, ¿podrían haber seguido trabajando tal y como estaba?

Probablemente, aunque creo que, con el tiempo, nos hubieran exigido modernizarla, sobre todo la integradora.  Nos movemos en un sector muy exigente, muy controlado y que ofrece muchas garantías sanitarias.

Y, ¿qué opina de los detractores de las granjas?

Me enfado muchísimo. Esos reportajes, como el famoso de Jordi Évole, no reflejan la realidad del sector. Cierto que puede haber animales enfermos y algunos gestionan sus granjas muy bien y otros regular… pero, de verdad, yo creo que si se trata mal al animal es por falta de formación, por contratar al personal  y no preocuparse por enseñarles cómo hacer bien las cosas.

 

 

 

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