
El Plan Estratégico de la Política Agraria Común (PEPAC) para el periodo 2023–2027 ha iniciado una nueva etapa en el desarrollo rural de Aragón. Con alrededor de 600 millones de euros movilizados, el territorio se alinea con los objetivos europeos para lograr una agricultura más sostenible, competitiva y cohesionada.
La PAC ya no es solo un mecanismo de ayuda económica: se ha convertido en una estrategia integral que busca garantizar la rentabilidad del campo, mitigar el cambio climático, proteger los recursos naturales y frenar la despoblación rural. Aragón, como una de las comunidades con mayor superficie agraria de España, ha adaptado este marco nacional a sus propias particularidades productivas, medioambientales y sociales.
El primer gran objetivo es garantizar una renta agrícola viable. Con 53,8 millones de euros asignados, Aragón protege económicamente a sus agricultores y ganaderos frente a la volatilidad del mercado, asegurando que el campo siga siendo un proyecto de vida viable, especialmente en explotaciones familiares. Estas ayudas son la red de seguridad que permite mantener la actividad en todo el territorio.
Pero no basta con sostener: hay que avanzar. Para ello, se han destinado más de 134,3 millones de euros a impulsar la competitividad mediante la modernización de regadíos, la incorporación de nuevas tecnologías, la mecanización sostenible y la transformación digital. Las inversiones alcanzan tanto a las explotaciones como a la industria agroalimentaria, fomentando cadenas de producción más eficientes y preparadas para competir en un mercado globalizado.

Otro eje clave es el refuerzo de la posición del productor en la cadena de valor. Con 10,6 millones de euros, se apoyan fórmulas como la venta directa, los canales cortos y la cooperación empresarial. La lógica es clara: que el valor añadido de los alimentos no se pierda en el eslabón de la distribución, sino que revierta en quienes trabajan la tierra y cuidan del ganado.
La sostenibilidad medioambiental atraviesa todo el plan. Aragón ha reservado más de 179 millones de euros para combatir el cambio climático, proteger suelos y aguas, y preservar la biodiversidad. Se financian prácticas agronómicas que reducen emisiones, aumentan la materia orgánica del suelo, mejoran la eficiencia hídrica y conservan hábitats naturales. En una región donde parte del suelo agrario útil está en riesgo de desertificación, estas acciones son esenciales para asegurar la viabilidad futura del campo.
El enfoque social del plan también es decisivo. La incorporación de jóvenes agricultores cuenta con 57,5 millones de euros y representa una apuesta clara por el relevo generacional, la innovación y la fijación de población. A ello se suman 55 millones para revitalizar zonas rurales mediante proyectos LEADER, mejora de servicios, digitalización y apoyo al emprendimiento local.
La PAC también se vincula con la salud y la seguridad alimentaria, invirtiendo en sanidad animal, producción ecológica, calidad diferenciada y formación del consumido. Y lo hace sin olvidar la base de todo: el conocimiento. Con más de 35,9 millones para investigación, asesoramiento y formación, Aragón activa redes de innovación que llevan la ciencia directamente al campo.
Con todo esto sobre la mesa, la aplicación del Plan Estratégico de la PAC en Aragón no solo redistribuye recursos: dibuja un modelo de futuro. Uno que apuesta por una agricultura rentable, verde, joven, digital y conectada con su entorno. Una política pública que siembra cohesión, equidad y resiliencia en el corazón rural de la comunidad.



