El Centro de Selección y Reproducción Animal (CENSYRA), integrado en el Centro de Transferencia Agroalimentaria del Gobierno de Aragón, desempeña una labor esencial en la mejora genética y la conservación de las razas ganaderas autóctonas. Ignacio Morato, uno de los responsables del centro, muestra en esta entrevista cuáles son las principales líneas de trabajo de la entidad y los avances en cada una de ellas.
El CENSYRA cuenta con una larga trayectoria. ¿Cómo ha evolucionado el centro desde sus orígenes hasta la actualidad?
El origen del CENSYRA se remonta a los centros nacionales de selección y reproducción animal que creó el Ministerio de Agricultura antes de la creación de las comunidades autónomas. El centro de Movera nació especializado en vacuno lechero y, durante los años setenta, tuvo un papel muy importante en la distribución de dosis seminales para inseminación artificial a explotaciones de todo el norte de España.
Con el paso del tiempo, esa actividad fue asumiéndola el sector privado, y el centro orientó su trabajo hacia las razas autóctonas de Aragón. Primero comenzó con la raza pirenaica y la parda de montaña, más adelante incorporó la serrana de Teruel y, posteriormente, amplió su actividad al ganado ovino. Hoy trabaja junto a las asociaciones de criadores tanto en la mejora genética como en la conservación de las razas autóctonas, especialmente aquellas que se encuentran en peligro de extinción.
¿Cuál es el principal trabajo del CENSYRA en relación a esas asociaciones ganaderas?
El trabajo es muy amplio. Por una parte, desde el centro se gestionan y tramitan líneas de ayudas destinadas a las asociaciones de razas autóctonas. Pero, además, colaboramos directamente con ellas en los programas de conservación y mejora genética.
Dependiendo del número de animales de cada raza, algunas asociaciones pueden desarrollar programas de selección genética, mientras que otras deben centrarse principalmente en la conservación, porque disponen de censos muy reducidos. Nuestro trabajo consiste en adaptar el apoyo a las necesidades de cada una.
¿Cómo se desarrolla esa labor de mejora genética?
En razas como la parda de montaña o la pirenaica, las asociaciones seleccionan a los mejores animales jóvenes y los trasladan al centro para realizar pruebas de testaje. Durante varios meses controlamos su crecimiento, su alimentación y distintos parámetros productivos.
Con esos datos se determina cuáles reúnen las mejores condiciones para convertirse en futuros sementales y difundir su genética mediante inseminación artificial en las explotaciones ganaderas de Aragón.
Además de la mejora genética, el CENSYRA desempeña una importante labor de conservación. ¿Qué papel juega el banco de germoplasma?
El banco de germoplasma permite conservar material genético de razas que, en algunos casos, se encuentran amenazadas. Almacenamos semen congelado en nitrógeno líquido, donde puede mantenerse de forma indefinida.
Esto garantiza que, si en el futuro una raza desapareciera o se produjera una emergencia sanitaria, ese material genético seguiría estando disponible para facilitar su recuperación.
¿Existe un objetivo concreto sobre la cantidad de material genético que debe conservarse?
Sí. Los organismos internacionales y el Ministerio de Agricultura establecen unas recomendaciones para garantizar la conservación genética de las razas. Además, ese material debe estar duplicado en dos bancos de germoplasma distintos.
Por eso las dosis seminales se conservan tanto en el Banco Nacional como en el banco autonómico de Aragón. Si ocurriera cualquier incidente en uno de ellos, el patrimonio genético seguiría protegido en el otro.
¿En qué punto se encuentra actualmente Aragón respecto a esa conservación genética?
Hay razas en las que los objetivos ya están cumplidos. Es el caso de la parda de montaña, la pirenaica y la rasa aragonesa, cuyo material genético ya está asegurado tanto en Aragón como en el Banco Nacional.
En otras razas seguimos avanzando, aunque el proceso es más lento porque disponen de un número reducido de animales y la obtención y congelación de semen, especialmente en ovino, resulta técnicamente más compleja.
En el caso del ovino, ¿qué características se buscan en los programas de selección?
En las razas ovinas aragonesas, que son fundamentalmente de producción extensiva, el objetivo principal es mejorar la prolificidad, es decir, aumentar el número de corderos por parto sin perder la rusticidad propia de estas razas. Al final es el factor que más repercute en la rentabilidad de las explotaciones.
¿Algún proyecto más que estéis desarrollando?
Estamos colaborando en un proyecto europeo relacionado con la conservación de la abeja ibérica. A través de un acuerdo con la Escuela Politécnica Superior de Huesca, el banco de germoplasma del CENSYRA conservará semen de zánganos para contribuir a preservar esta población frente a los procesos de hibridación con otras razas europeas.
Además, mantenemos acuerdos de colaboración con otras comunidades autónomas, como Navarra, donde también conservamos material genético de algunas de sus razas ganaderas como medida adicional de seguridad.

