En Reportaje 2023 - 2027

La Unidad de Tecnología y Mejora de la Vid del Centro de Transferencia Agroalimentaria trabaja en la conservación de variedades minoritarias y la incorporación de nuevos materiales genéticos al sector para afrontar retos como el cambio climático y responder a la demanda de vinos diferenciados

Hay variedades de vid que apenas resisten en algunos rincones de Aragón. Algunas dejaron de cultivarse porque no eran rentables, otras fueron sustituidas por variedades comerciales más extendidas. Sin embargo, que hayan dejado de ser habituales no significa que hayan perdido su valor.

Precisamente en esas variedades minoritarias, desconocidas o en riesgo de desaparecer centra buena parte de su trabajo la Unidad de Tecnología y Mejora de la Vid (UTMV) del Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón. Su objetivo es conservar la diversidad genética de la vid aragonesa y facilitar posteriormente su utilización por parte del sector vitivinícola.

Porque conservar una variedad no consiste únicamente en mantener una planta. Significa preservar un conjunto de características que, en el futuro, pueden resultar útiles para responder a nuevas necesidades productivas, como el cambio climático.

Resumido en una frase: «El objetivo es no perder la variabilidad genética de las variedades de vid que hay en Aragón», explica Fernando Camuñas, ingeniero técnico agrícola y responsable de esta unidad.

Fernando Camuñas, uno de los responsables de la UTMV

Un patrimonio genético que no puede perderse

La UTMV gestiona el Banco de Germoplasma de Vid de Aragón, una herramienta fundamental para asegurar la conservación desde la perspectiva de los retos que afronta actualmente la agricultura.

«Porque algunas variedades pueden tener características agronómicas interesantes para afrontar problemas actuales, como el cambio climático o la reducción de productos fitosanitarios disponibles. Hay variedades que se adaptan mejor a determinadas enfermedades o que pueden comportarse mejor en zonas de mayor altitud. Por eso es importante estudiarlas y conservarlas.», señala Camuñas.

La diversidad genética es, en este sentido, una reserva de posibilidades que pueden adquirir valor ante unas condiciones diferentes o la aparición de nuevas necesidades de cultivo.

La resistencia que guarda la historia

La propia historia de la vid demuestra el valor de conservar esa diversidad. La filoxera transformó la viticultura europea y obligó a investigar nuevas medidas para hacer frente a la plaga. Pero algunas variedades mostraron una capacidad de resistencia especialmente llamativa.

«Hay algunas de ellas que han resistido sin necesitar los patrones americanos que se establecieron para combatir la enfermedad. Por ello, si perdemos variabilidad genética, tanto ambiental como biológica, perdemos posibles soluciones que podemos tener cerca.»

Esto demuestra que lo que hoy puede ser una variedad minoritaria puede convertirse mañana en una herramienta para afrontar un problema productivo, y ahí es donde encuentra otro de sus fundamentos la UTMV.

Del viñedo olvidado a una nueva oportunidad

Por otro lado, la recuperación de variedades no termina con su conservación. La UTMV trabaja también en la selección clonal de aquellas que presentan interés para el sector.

En este ámbito se han completado trabajos sobre Garnacha Tinta, Parraleta, Mazuela y Derechero, mientras continúan procesos de selección clonal sobre Garnacha Blanca, Vidadillo y Mazuela. En el caso de la Garnacha Blanca, se estudian 24 clones, 13 de ellos aragoneses; en Vidadillo se trabaja con ocho clones y en la ampliación de la selección de Mazuela con cuatro.

Este proceso permite identificar con características concretas una misma variedad, con el objetivo de poner a disposición del sector aquellos que presentan un mayor interés.

«Las formas comerciales que todo el mundo conoce ya están establecidas en los viveros, pero esas que se han perdido porque en su momento no eran rentables o no existían técnicas suficientes son las que nos interesan para poder sacarles su máximo rendimiento.»

La exclusividad como valor añadido

Ese trabajo conecta directamente con una transformación que se está produciendo también en el mercado del vino. Frente a la búsqueda exclusiva de variedades ampliamente conocidas, existe un interés creciente por productos capaces de diferenciarse.

«Esto responde a una necesidad del mercado, especialmente entre los jóvenes, de buscar productos más exclusivos. Ahí pueden tener una oportunidad estas variedades que sin ser nuevas, nunca han desaparecido del todo.»

Incluso cuando una variedad no destaca de manera individual, puede ofrecer posibilidades en combinación con otras más comerciales.

El campo como laboratorio

Para que ese proceso tenga sentido, la Unidad necesita comprobar cómo se comportan las variedades fuera del banco de germoplasma. Por ello, mantiene acuerdos de colaboración para realizar ensayos en diferentes ubicaciones con variedades minoritarias, desconocidas y selecciones clonales. En 2026 están previstos 11 acuerdos, después de los nueve alcanzados en 2025, con una superficie total asociada a estos ensayos de 10,29 hectáreas repartidas por todo Aragón.

De esta manera, los trabajos buscan estudiar las variedades desde diferentes perspectivas y generar información que posteriormente se comparte con el sector. La Unidad desarrolla actividades de divulgación mediante cursos, catas y reuniones con técnicos de campo, denominaciones de origen, bodegas, técnicos de ATRIA y viticultores, incluidos aquellos interesados en realizar reconversiones varietales.

Porque la conservación genética solo alcanza todo su sentido cuando el conocimiento termina llegando a quienes trabajan cada día en los viñedos, y eso significa, por tanto, mantener abierta una puerta. Una puerta hacia una viticultura capaz de adaptarse mejor a un clima cambiante, de reducir su dependencia de determinadas soluciones fitosanitarias y de ofrecer al consumidor vinos con una identidad cada vez más diferenciada.

Y, sobre todo, significa garantizar que la diversidad que durante generaciones se ha mantenido en los viñedos aragoneses pueda seguir formando parte del futuro del propio sector.


El Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón en el que se integra la UTMV gestiona a través de la Dirección General de Desarrollo Rural del Departamento de Agricultura y dentro de su Servicio de Innovación y Transferencia Agroalimentaria un total de 5.949.993 € dentro de las intervenciones 7201 y 62052.

Parte de dicho presupuesto se debe a la aportación del Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC), que representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

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