En Reportaje 2023 - 2027

Desde un invernadero hidropónico de tomate hasta una explotación apícola, una granja de conejos o un nuevo olivar intensivo, las ayudas a la modernización acompañan inversiones que buscan hacer viable el futuro de la actividad agraria en Aragón.

Modernizar una explotación agraria no significa únicamente incorporar una máquina nueva o construir unas instalaciones más eficientes. En muchos casos supone tomar una decisión inherente al proyecto de vida.

Detrás de cada expediente de ayuda hay, por tanto, una explotación y una historia. La de quien regresa al campo después de trabajar en otro sector; la de dos emprendedoras que encuentran en un pequeño municipio una oportunidad de negocio; la de una familia que decide renovar su granja para garantizar su continuidad; o la de quien transforma una parcela familiar para ponerla en producción con un modelo agrícola diferente.

Son cuatro ejemplos que permiten acercarse a la utilidad concreta de las ayudas a la modernización de explotaciones del Gobierno de Aragón y a uno de los objetivos centrales del PEPAC: mejorar la competitividad y favorecer la puesta en marcha de las  inversiones necesarias para continuar desarrollando su actividad.

Apostar por una agricultura más tecnificada

En Salillas de Jalón, Jesús Salvatierra decidió recuperar una vinculación familiar con el campo que nunca había desaparecido del todo. Después de desarrollar buena parte de su trayectoria profesional en otro sector, puso en marcha un invernadero especializado en el cultivo hidropónico de tomate.

La hidroponía permite controlar de manera precisa el aporte de agua y nutrientes a las plantas. Frente al cultivo tradicional en suelo, donde la disponibilidad de determinados elementos depende en buena medida de las características del terreno, este sistema permite ajustar la fertilización a las necesidades de cada planta.

«Es difícil, pero cada vez hay gente más técnica. Yo creo que es el futuro: intensificar la producción en menos metros cuadrados y optimizar abonos y agua», explica Salvatierra.

En su explotación, el sistema permite además reducir considerablemente el consumo de agua. «Yo creo que un 25 % de agua respecto a regar a goteo», señala, mientras destaca también la capacidad productiva que consigue con su sistema: «Si no fuera en hidroponía, yo cogería dos tomates por planta. Con este sistema esa misma planta echa seis.»

La apuesta tecnológica va acompañada de otra decisión: competir no por volumen, sino por diferenciación. La explotación recupera una variedad familiar procedente de Navarra y comercializa un tomate que ha terminado siendo conocido como «feo del Jalón».

Emprender desde un pequeño municipio

De izquierda a derecha: Natalia Lainez y Lucía Ibáñez, socias del proyecto.

La modernización también puede ser una herramienta para generar nuevas oportunidades en pueblos pequeños. Es el caso de Talamantes, donde Natalia Lainez y Lucía Ibáñez decidieron emprender juntas en el sector apícola.

Ninguna de las dos procedía inicialmente del mundo agrícola o ganadero. Partían, sin embargo, de una necesidad muy concreta: encontrar una actividad que les permitiera desarrollar su proyecto de vida.

«En un momento determinado, ambas estábamos sin trabajo y buscamos una manera de vivir en Talamantes, que es un municipio de apenas 23 habitantes», recuerda Lainez.

Tras realizar un estudio de mercado, encontraron un nicho en la selección de abejas reina y la producción de enjambres. A partir de ahí comenzó un proceso de formación específico que las llevó a Francia y Granada a aprender de especialistas.

Su actividad responde a una necesidad real del sector. Producen abejas que posteriormente adquieren otros apicultores, nuevos emprendedores o explotaciones que necesitan reponer las pérdidas de sus colmenas.

Pero el proyecto también tiene una dimensión ambiental. La abeja desempeña un papel esencial en la polinización y, por tanto, en el mantenimiento de los ecosistemas y de la biodiversidad.

«Nosotras nos acogimos a un plan de emprendimiento. Básicamente, en apicultura no saldrían las cuentas si no fuera por las ayudas a la comercialización, porque necesitas al menos una inversión de entrada fuerte para poder establecerte”, señala Lainez.

La experiencia demuestra así que apoyar la modernización y el emprendimiento agrario no significa únicamente mejorar una explotación ya existente. También puede facilitar que nuevas personas encuentren en el sector primario una oportunidad profesional y que esa actividad se desarrolle en municipios donde cada nuevo proyecto empresarial tiene un impacto especialmente relevante.

Modernizar para garantizar el relevo familiar

Daniel Pellejero en su explotación familiar.

En Lanzuela, Teruel, la modernización tiene otro significado: asegurar la continuidad de una explotación familiar.

La granja de conejos de María Isabel Pausa albergaba unas instalaciones que, con el paso de los años, habían quedado obsoletas. Su hijo Daniel Pellejero decidió incorporarse a la explotación y continuar con la actividad, pero para ello era necesario acometer una renovación.

El plan de mejora permitió actuar principalmente sobre los alojamientos y la gestión del estiércol, además de renovar instalaciones eléctricas y realizar diferentes adaptaciones.

Los cambios tuvieron así un efecto directo sobre el trabajo diario. Los nuevos alojamientos facilitaban el manejo de los animales, los nidos se colocaban con mayor facilidad y las jaulas ofrecían mejores condiciones para el trabajo. También se mejoró la limpieza y la gestión del estiércol, que ahora se retira diariamente.

En este caso, la modernización se convierte en una condición para mantener abierta una explotación y hacer posible que una nueva generación continúe con ella.

Por eso Pellejero resume el papel de las ayudas de una manera especialmente gráfica: «Si no hubiéramos tenido estas ayudas, hubiéramos buscado otra cosa.» Y concluye: «Ha sido vital.»

Una nueva oportunidad para una parcela familiar

Concepción Abellán, titular del olivar intensivo modernizado.

En Puig Moreno, Teruel, Concepción Abellán ha apostado por otro camino: transformar una parcela mediante la implantación de un olivar intensivo.

La elección del olivo responde tanto a la tradición familiar como a las posibilidades que ofrece un modelo de producción más mecanizado. Abellán se decantó por una variedad I-15 y por un sistema que permite aprovechar maquinaria especializada disponible en la zona.

A la inversión inicial se sumó la incorporación de tecnología para mejorar la gestión del agua. «Sí, a través de riego por goteo. Compré un depósito de agua que se llena de la acequia y distribuirla a partir de ahí. A su vez, incluye la opción de automatizarlo desde el propio teléfono.»

Los olivos todavía son jóvenes y la explotación se encuentra en una fase inicial, pero la previsión es comenzar a obtener las primeras cosechas en los próximos años.

El apoyo recibido también ha permitido superar una de las primeras barreras a las que se enfrenta cualquier persona que decide emprender una inversión agraria.

«La verdad es que al principio la burocracia es complicada, sobre todo si no has hecho nunca un proceso de este tipo. Pero luego te ayudan a llevarlo a cabo y si necesitas alguna charla o curso para formarte sobre el tema, también te lo facilitan.»

Para Abellán, el resultado final es lo que importa: «Al final, te ayudan a sacar adelante el proyecto que es lo importante.»

Cuatro proyectos, un mismo objetivo

Un invernadero tecnificado, una explotación apícola especializada, una granja familiar renovada y un nuevo olivar intensivo son proyectos muy diferentes. También lo son las necesidades de quienes están detrás de ellos. Pero los cuatro comparten una misma idea: la inversión resulta necesaria para que la actividad agraria pueda arrancar con mayor facilidad.

En el marco del PEPAC, la intervención de modernización de explotaciones está vinculada precisamente a objetivos como incrementar la competitividad a largo plazo, pero su impacto se percibe especialmente cuando se observa desde el terreno. Cuando la ayuda permite asumir una inversión que, de otro modo, podría resultar inalcanzable; cuando facilita que una explotación familiar no tenga que cerrar; cuando contribuye a que alguien pueda emprender en un pequeño municipio; o cuando hace posible incorporar tecnología para emplear mejor los recursos naturales.

Las cuatro historias muestran, en definitiva, que modernizar una explotación es también invertir en su futuro.


Esta pieza informativa se enmarca en el Servicio de Modernización de Explotaciones dentro de la Dirección General de Desarrollo Rural, y se incluye en la intervención 6841.2 que recoge las “Ayudas a inversiones en modernización y/o mejora de explotaciones agrarias”. El presupuesto total de la misma en el periodo 2023-20237 es de 33.000.000 € a través de los fondos FEADER del PEPAC.  

El Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC) representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

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