Este proyecto de cooperación, impulsado por el Gobierno de Aragón, estudia cómo aprovechar los excedentes de energía renovable generados por las comunidades de regantes para crear comunidades energéticas que beneficien al conjunto del territorio.
La modernización del regadío ha supuesto una auténtica revolución para la agricultura aragonesa. Los nuevos sistemas presurizados permiten utilizar el agua de forma mucho más eficiente, optimizando un recurso cada vez más valioso. Sin embargo, esa transformación también ha traído consigo un importante incremento de las necesidades de energía eléctrica de las explotaciones.
Ante este nuevo escenario nace CER-AGUA, un proyecto de cooperación impulsado por el Gobierno de Aragón dentro de la Asociación Europea para la Innovación (AEI-Agri), coordinado por Riegos del Alto Aragón, que busca convertir un reto en una oportunidad: aprovechar la energía renovable que hoy generan las comunidades de regantes para ponerla al servicio del desarrollo económico y social del medio rural.
Agua y energía: dos recursos inseparables
La relación entre agua y energía se ha estrechado conforme ha avanzado la modernización del regadío.
Como explica Yolanda Gimeno, jefa del Área de Medio Ambiente de Riegos del Alto Aragón y coordinadora del proyecto, «la modernización del regadío ha supuesto pasar del riego tradicional por acequias a sistemas presurizados mucho más eficientes en el uso del agua. Sin embargo, esa mejora requiere de una mayor dependencia energética para impulsar el agua cuando la orografía no permite hacerlo por gravedad.»
A ello se suma el fuerte aumento de los costes energéticos registrado en los últimos años tras la desaparición de la tarifa especial de riego y la volatilidad del mercado eléctrico, una situación que ha afectado directamente a la rentabilidad de las comunidades de regantes y ha incentivado la búsqueda de nuevas soluciones.

Aprovechar una energía que ya existe
Durante los últimos años muchas comunidades de regantes han incorporado instalaciones fotovoltaicas para reducir su factura energética y avanzar hacia un modelo más sostenible.
Sin embargo, estas infraestructuras presentan una limitación evidente: la producción de energía no siempre coincide con los periodos de mayor consumo.
En palabras de Yolanda Gimeno, «la agricultura, al tratarse de un sector tan estacional, no requiere de un uso intensivo del riego durante el invierno. Por este motivo, las instalaciones generan excedentes de energía que no siempre pueden aprovecharse.»
Precisamente ahí encuentra su razón de ser CER-AGUA.
«CER-AGUA analiza esos excedentes para buscar fórmulas que permitan utilizarlos localmente mediante autoconsumo colectivo o comunidades energéticas. El objetivo es que esa energía pueda beneficiar a vecinos, empresas o industrias próximas.»
El proyecto pretende convertir esas instalaciones fotovoltaicas, concebidas inicialmente para abastecer únicamente a las comunidades de regantes, en un recurso compartido capaz de generar beneficios para todo el territorio.

Diseñar comunidades energéticas adaptadas al medio rural
Uno de los aspectos más innovadores de CER-AGUA es que no plantea un modelo único, sino que estudia distintas soluciones adaptadas a las características de cada territorio.
Entre las alternativas analizadas se encuentran el autoconsumo colectivo entre comunidades de regantes y municipios cercanos, el suministro de energía a industrias agroalimentarias próximas, la creación de comunidades energéticas locales o incluso modelos de gestión compartida de ámbito comarcal, que a su vez puedan ser replicables en otros territorios rurales.

Superar las barreras para compartir la energía
Aunque las instalaciones renovables ya existen, todavía quedan importantes desafíos para aprovechar plenamente su potencial.
Según explica Yolanda Gimeno, «la principal dificultad es la limitación existente para verter esa energía a la red eléctrica. Aunque las instalaciones disponen de excedentes renovables, actualmente existen restricciones que dificultan compartir esa energía con otros consumidores cercanos.»
Superar esas limitaciones permitiría aprovechar una energía que actualmente permanece infrautilizada.
«Permitiría aprovechar una energía que ya se está produciendo y que hoy, en buena parte, se pierde. Eso beneficiaría tanto a las comunidades de regantes como a empresas, industrias o servicios del entorno, además de contribuir a reducir las emisiones asociadas al consumo energético y favoreciendo un desarrollo territorial más competitivo.»
Cooperación para construir el modelo energético del futuro
CER-AGUA no pretende únicamente analizar el funcionamiento de las comunidades energéticas, sino demostrar que las infraestructuras renovables ya existentes pueden convertirse en una herramienta para dinamizar el conjunto del territorio.
Ese es, en definitiva, el propósito de un proyecto que sitúa la cooperación entre distintas entidades del territorio como elemento central para avanzar hacia un modelo energético más sostenible y competitivo, plenamente alineado con los objetivos del Plan Estratégico de la Política Agraria Común (PEPAC) y con los retos de la transición energética en el medio rural.

El proyecto “CER-AGUA: Análisis y Fomento de la creación de comunidades de energía renovable en regadío” está liderado por Riegos Alto Aragón y cuenta con una ayuda de 150.000 €. Pertenece a la intervención 7161 de “Cooperación de grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación en materia de productividad y sostenibilidad agrícola (AEI agri)”, cuyo presupuesto total para el periodo 2023-2027 es de 14.319.976 €.
El Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC) representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.


