«Las ayudas a zonas con limitaciones naturales son fundamentales para mantener la actividad agraria y ganadera en Aragón»
¿Cuál es el trabajo del Servicio de Sostenibildiad Agraria dentro del PEPAC?
En este servicio tenemos distintas patas o muchas patas. Llevamos una parte que sería la parte de ayudas FEAGA destinada a animales, es decir, las ayudas vacas nodrizas, ovino y caprino, vacuno de leche o vacuno caprino de carne. Esencialmente es una parte FEAGA.
Luego tendríamos FEAGA no SIG, que son las ayudas fuera del Sistema Integrado de Gestión y Control, como la Intervención Sectorial Apícola, que son ayudas a inversiones por parte de los apicultores y aproximadamente no llega a un millón de euros lo que se reparte, aunque en el futuro será una ayuda asociada.
Y luego llevamos FEADER dentro del Sistema Integrado de Gestión y Control, divididas en dos: ayudas agroambientales y ayudas a zonas con limitaciones naturales. Aproximadamente el importe sería sobre 130-140 millones, y casi el 50% serían ayudas a zonas con limitaciones naturales. Estas zonas tienen limitaciones específicas y su objetivo es estimular que agricultores y ganaderos sigan produciendo allí, aunque los gastos sean mayores que en otras zonas.
Desde tu perspectiva, ¿cuál ha sido la incidencia en todo este tiempo?
A mitad de periodo ha sido muy continuista. Por ejemplo, donde antes teníamos en zonas de montaña 4.500 peticionarios, ahora seguimos teniendo sobre 4.500. En las zonas con limitaciones específicas, que no estaban abiertas desde 2019, este año 2025 ya se han abierto y tenemos en torno a 4.500-5.000 beneficiarios. Las ayudas se mantienen en número de peticionarios, pero las ayudas de ganadería bajan cada año.
¿Dónde tenemos el termómetro del medio rural?
A nivel del mundo rural hay una tendencia a la baja en determinadas ayudas. Las zonas con limitaciones naturales se mantienen, sobre todo en agricultura. En ganadería, la bajada es notable, especialmente en ayudas asociadas al ganado ovino. El primer año que gestioné ayudas de ganadería, en ovino teníamos unas 7.000 solicitudes para unos 2,5 millones de ovejas. Ahora no llegamos a 1.700 solicitantes y muy justo alcanzamos el millón de ovejas. La ganadería que exige estar en el territorio cada vez va disminuyendo.
¿Y esa es una tendencia irreversible?
No lo sé, yo creo que no. No hay nada irreversible salvo determinadas cosas. Lo que se necesitaría es contar con incentivos claros y compromisos por parte de agricultores y ganaderos, tanto de residencia como de producción.
Dada la diversidad climática de Aragón, ¿son fundamentales estas ayudas?
Sí, las ayudas a zonas con limitaciones naturales son fundamentales. Incluso la cantidad destinada aquí, en Aragón, casi es escasa comparada con otros países. El estímulo al mantenimiento de la población es fundamental.
¿Cuáles son las medidas más importantes para el habitante del medio rural?
Todas las medidas tienen su incidencia y trascendencia, sobre todo en el balance económico de la explotación. No es lo mismo una actividad ganadera, que exige estar todos los días, que una actividad agrícola que puede tener descansos. La ganadería fija más población que la agricultura, siempre hablamos de ganadería extensiva.
¿Qué es lo que más destacarías de este periodo?
La repercusión en el medio ambiente. Este periodo tiene mucho componente medioambiental, respeto hacia el entorno en cargas ganaderas y fitosanitarios. En zonas con limitaciones naturales, se orienta al mantenimiento de las actividades agrícolas y ganaderas. Las agroambientales buscan un sistema productivo más respetuoso con el medio ambiente, como la producción de arroz disminuyendo productos químicos, compensando así la menor productividad. La agricultura ecológica también requiere menos fitosanitarios, con coste superior, pero mayor respeto al medio ambiente.
¿Y sobre el patrimonio genético?
Tenemos razas autóctonas como Royal Bilbilitana, Ojinegra de Teruel, vaca serrana de Teruel y Cárden andaluza, de las cuales tenemos el 80% de los animales en España. Aunque son menos productivas, mantener esta diversidad genética es importante: no sabemos qué utilidad futura puede tener frente a virus o condiciones extremas. Mantener lo nuestro es fundamental, aunque sea menos productivo.


