“Gestionamos más de un millón de hectáreas con una capacidad económica muy limitada”
¿Qué papel juega el Servicio de Gestión Forestal dentro del Plan Estratégico de la Política Agraria Común?
Mi servicio tiene la responsabilidad de la gestión de los montes de utilidad pública de Aragón. Es un millón ciento y pico mil hectáreas de superficie de gestión que tenemos. Por obligación legal, la legislación forestal aragonesa asigna la gestión de los montes de utilidad pública al Gobierno de Aragón, a la Dirección General de Gestión Forestal y, por separación de trozos, al Servicio de Planificación y Gestión Forestal, que es el mío.
Es una competencia inmensa, muchísimo más que la capacidad económica que puede tener el Gobierno. Se cuenta con colaboración municipal, porque la mayor parte de ese millón y pico de hectáreas es de los ayuntamientos, casi un millón es propiedad municipal.
Nosotros tenemos que gestionar el aprovechamiento de esos montes: el aprovechamiento de madera, de caza, de pastos, de agricultura, porque hay muchos montes en Aragón que tienen parcelas en cultivo que son propiedad pública. Y las inversiones necesarias para poder llevar pistas forestales, mejora de masas forestales, defensa contra incendios.
También está todo el tema de los deslindes, porque la propiedad es una cosa muy necesaria de definir. Muchas veces lo público no es de nadie y al no ser de nadie históricamente ha sido invadido por muchos. Esa labor se hace sobre todo a través de los servicios provinciales. La gestión de los montes se hace en los servicios provinciales; nosotros organizamos y obtenemos financiación para hacer cosas.
¿Por qué es tan importante FEADER para vuestro trabajo?
Para nosotros FEADER es la vida, porque todas las cosas que hacemos, nuestras intervenciones, están diseñadas para apoyar ese tipo de necesidades: la creación de infraestructuras, sobre todo accesos, pistas forestales, caminos, la defensa de la propiedad, la ejecución de tratamientos selvícolas, de cortas, de podas, de mejoras de las masas forestales que no están relacionadas con el aprovechamiento, o sea, que no son económicamente rentables.
El mundo de la corta de la madera tiene un coste en el monte: ir con la máquina, cortar, los peones que cortan, sacar la madera. Todo eso tiene una serie de costes que pueden ser superiores al precio que tiene el producto madera. Si todos esos trabajos cuestan más que lo que vale el producto, aquí no se trabaja.
Ten en cuenta que el sector forestal no está subsidiado. El propietario, público o privado, no tiene subvenciones. Entonces, si es menos lo que vale el producto que lo que cuesta hacerlo y hay que hacerlo, lo tenemos que hacer con inversión pública.
Ahora mismo los dos paquetes más grandes de uso de PEPAC en mi servicio son precisamente los tratamientos selvícolas y las infraestructuras, porque un monte con buenas infraestructuras tiene productos más baratos de obtener y, por tanto, más valiosos.
¿Existe conciencia en los ayuntamientos de la importancia del bosque como economía?
Sí y no. Depende. Hay dos mundos muy distintos. Están los ayuntamientos tradicionales, los que siempre han tenido en la madera un recurso económico importante, como la Sierra de Albarracín o algunas zonas del Pirineo. Esta gente que ha vivido siempre de la madera ahora se encuentra un poco descolocada, porque el precio de la madera ha bajado mucho en el monte.
Para que te hagas una idea, el primer lote de madera que señalé hace treinta y tantos años se vendió a cinco mil pesetas el metro cúbico, y ahora un lote de madera que se venda a 30 euros el metro cúbico es un lote bien vendido. Es el mismo precio continuo, con lo cual hay una devaluación económica.
En otros pueblos, sobre todo de la provincia de Zaragoza, la mayor parte de la masa forestal es repoblada. Son repoblaciones del Patrimonio o anteriores. Esta gente se está encontrando ahora con el recurso madera, porque tradicionalmente eran montes desarbolados por el uso ganadero y agrícola.
En muchos pueblos toda la superficie pública agraria la lleva un vecino o una empresa de gestión, con lo que significa en términos de subvenciones y reparto del beneficio social. Curiosamente, todo lo que está en un monte de utilidad pública es cosa nuestra, aunque no haya ni un árbol.
¿Qué ayuntamientos pondrías como ejemplo de buenas prácticas en gestión forestal?
Hay ayuntamientos muy implicados. Por ejemplo, Luna, en Zaragoza. Es un ayuntamiento a tener en cuenta. También toda la comarca de Daroca y, en particular, Daroca, que tiene un concepto muy elevado de la gestión forestal. Hace cien años se hizo un trabajo forestal enorme y apenas tiene ya problemas de inundaciones.
En Teruel, Cedrillas es un pueblo donde todo está saliendo un poco del propio monte. Tiene los montes ordenados y hay sitios donde el propio monte es lo bastante rentable como para generar economía. Mosqueruela, Albarracín, Ansó… aunque Ansó ahora mismo es uno de esos que han caído en el no saber qué hacer con el monte.
Nuestro efecto es muy lento en el tiempo. Las cosas que haces ahora se ven dentro de 50 años. Por eso cuesta. Pero cuando hay una idea clara de hacia dónde vas, se nota mucho.


