El Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón desempeña un papel fundamental en la experimentación aplicada al sector agroalimentario y en la difusión de dichos resultados entre agricultores y ganaderos. Su director, Jesús Cancer Pomar, explica en esta entrevista cómo se lleva a cabo ese proceso, donde uno de los mayores desafíos pasa por adaptar el sector a un contexto cada vez más influido por el cambio climático.
¿Qué es el Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA)?
El CTA es la unidad del Departamento de Agricultura dedicada a la experimentación y su posterior transferencia de conocimiento al sector primario. La experimentación sin transferencia no tiene sentido, por lo que ambas funciones están estrechamente ligadas.
Desde el punto de vista organizativo, el centro surge de la unión de tres estructuras anteriores que trabajaban en estos ámbitos: la antigua Estación de Viticultura y Enología, la Unidad de Técnicas Agrarias y el Centro de Selección y Reproducción Animal.
¿Cuál es el papel del CTA dentro del Departamento de Agricultura?
Lo primero que hay que aclarar es que no somos un centro de investigación, sino un centro de experimentación, aunque en algunas ocasiones podamos acercarnos a lo que podría considerarse investigación aplicada.
Además, gestionamos distintas líneas de ayudas públicas vinculadas al desarrollo rural y a las intervenciones incluidas actualmente en el PEPAC.
¿Cuáles son los principales retos del CTA en la actualidad?
En el ámbito ganadero, el principal reto es apoyar las razas autóctonas y contribuir a su modernización. Somos un centro especializado en testajes y tecnologías reproductivas, y apostamos por incorporar innovación a un sector como el de la ganadería extensiva, que afronta importantes desafíos demográficos.
En viticultura y enología trabajamos para conservar y recuperar variedades minoritarias que aportan diferenciación al sector.
Y en técnicas de agricultura, desarrollamos ensayos con nuevas variedades y sistemas de cultivo para ofrecer información útil a agricultores y cooperativas sobre aquellas opciones que mejor se adaptan a las condiciones productivas de Aragón.
¿Existe conciencia sobre la importancia de esta labor?
Sí. De hecho, muchas de las actividades que realizamos no las llevaría a cabo ninguna otra entidad. En el caso de las razas autóctonas, por ejemplo, si no existiera este apoyo por parte de la Administración, difícilmente podrían llevarse a cabo determinadas actuaciones de conservación y mejora.
En un contexto de mercados globalizados, ¿qué papel juega la diferenciación?
Es fundamental. Existe una dicotomía entre la competitividad basada en grandes volúmenes de producción y la competitividad basada en la diferenciación.
Nosotros trabajamos especialmente en este segundo ámbito. Un ejemplo es el de una variedad de vid cuya selección clonal realizó el CTA y que actualmente utiliza en exclusiva una bodega aragonesa. No sé si es su vino más vendido, pero sí es el de mayor valor económico porque es único.
¿Cómo influye el cambio climático en las líneas de trabajo del CTA?
Directamente. A la hora de realizar los ensayos de agricultura, analizamos constantemente qué variedades pueden adaptarse mejor a las nuevas condiciones climáticas. En viticultura, la recuperación de variedades locales puede aportar soluciones frente al adelanto de las maduraciones provocado por el aumento de las temperaturas. Y en ganadería, las razas autóctonas son precisamente las que mejor se adaptan a los extremos climáticos. Aragón siempre ha sido una tierra de contrastes, y cada vez lo es más.
¿La experimentación es capaz de seguir el ritmo de los cambios actuales?
La agricultura tiene sus propios tiempos. Los cambios del mercado o del clima pueden producirse más rápido, pero los procesos biológicos tienen unos ritmos que debemos respetar para garantizar resultados fiables.
¿Cuál es su aspiración para el futuro del CTA?
Que las líneas que experimentamos y transferimos lleguen cada vez a más profesionales y se generalicen dentro del sector agroalimentario aragonés.
La experimentación requiere financiación, pero una mayor capacidad impulsaría algunas líneas en las que estamos consiguiendo resultados con éxito y aquellas en las que todavía tenemos margen de mejora.


