Jaime Valero, ingeniero agrónomo que ha participado en el proyecto de cooperación PISTAZERO, explica los resultados de tres años de ensayos sobre la poda mecanizada y el uso de cubiertas vegetales en el cultivo del pistacho en Aragón. Entre sus objetivos figuraba precisamente esa adaptación a las condiciones climáticas de la comunidad autónoma.
¿Cuáles eran los principales objetivos del proyecto PISTAZERO?
Uno de los objetivos principales era estudiar durante tres años cómo respondía el árbol, qué crecimientos tenía y qué yemas de flor producía. El otro era analizar la influencia de la cubierta vegetal en el pistacho.
Se ha investigado mucho sobre las cubiertas vegetales en otros cultivos, pero en el pistacho apenas se han hecho estudios concretos. En Castilla-La Mancha, que es donde más pistacho se produce, también existe cierta reticencia a aplicarlas. Por eso decidimos evaluar su influencia.
Además, ambas líneas de trabajo estaban encaminadas a adaptar el cultivo del pistacho a la realidad climática de Aragón. Queríamos comprobar si tenía sentido trabajar de esta forma aquí.
¿Qué resultados habéis obtenido en las dos líneas de trabajo: la poda y las cubiertas vegetales?
En cuanto a la poda, aunque tres años es relativamente poco tiempo para realizar un estudio económico, los resultados son interesantes. La poda 4.0 nos permite tener muchas más ramas y, por lo tanto, una mayor producción de yemas de flor.
Como contrapartida, puede haber cortes que no se realicen exactamente donde deberían. Sin embargo, teniendo en cuenta la media de los árboles, el resultado merece la pena.
Respecto a las cubiertas vegetales, en regadío se adaptan perfectamente, igual que en otros cultivos. El manejo con picadora y herbicida es muy cómodo y no hemos observado problemas de competencia. En secano, en cambio, sí vimos algo más de competencia: los árboles tenían otro color.
¿Qué ventajas aporta la utilización de cubiertas vegetales en una explotación de pistacho?
La principal ventaja es reducir la erosión. Además, favorecen una mayor acumulación de materia orgánica, algo que repercute en la calidad del suelo.
¿En qué consiste exactamente la poda 4.0 y cómo se realiza?
Esta técnica tiene su origen en el manejo del almendro, y lo que se ha hecho ha sido adaptarla al cultivo que estudiamos. Mientras que en el pistacho tradicionalmente se realizaban podas muy agresivas, ahora con la poda 4.0 se deja el árbol con una mayor cantidad de rama. En la práctica, esto se traduce en que se realizan cortes de forma mecanizada en el exterior del árbol siguiendo una forma concreta para aumentar la superficie que recibe la luz del sol.
Antes se pensaba que, si el centro del árbol estaba demasiado cerrado, aumentaba la incidencia de plagas y enfermedades. Sin embargo, está demostrado que no tiene por qué ser así y que, de hecho, el centro del árbol puede estar más sano que las partes exteriores.
Una de las principales ventajas de utilizar este método es que reduce la mano de obra, que cada vez resulta más complicada de conseguir.
¿Hasta qué punto pueden mejorar estas prácticas la viabilidad económica de una explotación?
Desde el punto de vista agronómico, no se trata de adelantar las fechas de cosecha, sino de mejorar la cantidad y la calidad del fruto. También se puede conseguir que los árboles entren antes en producción.
En el caso de las cubiertas vegetales, no hemos observado tantas diferencias en términos productivos; su principal ventaja es la comodidad del manejo. En cambio, la poda sí puede tener un efecto más claro en los resultados económicos.
El proyecto “EFICIENCIA DEL CULTIVO DE PISTACHO EN ARAGÓN (GC-PISTAZERO)” está coordinado por la empresa Soluciones Agrícolas Cultivate SL. Esta iniciativa pertenece a la intervención 7161 de “Cooperación de grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación en materia de productividad y sostenibilidad agrícola (AEI agri)”, cuyo presupuesto total para el periodo 2023-2027 es de 14.319.976 €.
El Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC) representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

