En Boletín, Entrevista 2023 - 2027

El director general de Desarrollo Rural, Ángel Ubieto, afronta esta etapa con el objetivo de culminar proyectos de creación y modernización de regadíos, impulsar infraestructuras agrarias y acelerar las concentraciones parcelarias pendientes. Entre sus principales líneas de actuación sitúa también la incorporación de jóvenes al sector, el papel de los fondos LEADER para mantener población en el territorio y la transferencia de conocimiento agroalimentario para mejorar la rentabilidad, la competitividad y la productividad.

Su trayectoria profesional le ha permitido conocer de cerca las necesidades del medio rural aragonés. ¿Qué supone ahora asumir la Dirección General de Desarrollo Rural?

Para mí supone culminar una etapa en la que he participado en muchos proyectos y en la que ahora tengo la oportunidad de poner el último grano de arena para que salgan adelante definitivamente. Ayer, sin ir más lejos, estuve visitando las obras de Valdurrios, un proyecto en el que participé muy activamente entre 2004 y 2006. Trabajé en la red de tuberías y también en la modificación del trazado, que conseguimos optimizar porque el coste inicial era demasiado alto. Volver ahora, veinte años después, y ver que aquel trabajo está llegando a su final, además de poder participar otra vez en él, es una gran satisfacción.

¿Le sigue motivando esa visión técnica desde la administración?

Sí. Aunque en los últimos años mi perfil se ha orientado más hacia tareas de carácter administrativo, siempre he mantenido intacta mi vocación de ingeniero. Hay obras que permanecen en la memoria. Por ejemplo, participé activamente en la concentración parcelaria de Almudévar, en sus infraestructuras y en su posterior puesta en riego, y cada vez que paso por la autovía lo recuerdo con orgullo.

También guardo un recuerdo especial de una balsa elevada en Huerto, en el Sector XXXIV del Cinca, que desde lejos parecía una plataforma espacial por su forma ovalada. Cuando la diseñé, hubo quien la consideró una propuesta poco convencional, pero el tiempo ha demostrado que era una solución acertada. Comprobar que esos proyectos siguen siendo útiles y prestando servicio resulta enormemente gratificante

La Dirección General gestiona más de 235 millones de euros. ¿Cuáles son las principales prioridades?

Uno de los principales retos son las concentraciones parcelarias, especialmente en la provincia de Teruel. Hay muchas iniciadas que todavía no han concluido y es una demanda recurrente del territorio. En Huesca y Zaragoza se ha avanzado más, pero en Teruel existe un retraso que debemos corregir. Nuestro primer objetivo es finalizar las que están pendientes y las obras de infraestructura asociadas. Pero seguiremos avanzando y trabajaremos en todas aquellas nuevas que se nos demande.

Al mismo tiempo debemos continuar con la creación y modernización de regadíos y culminar las actuaciones vinculadas a los planes nacionales de regadío.

Y sobre todo la incorporación de jóvenes al sector agrícola-ganadero, como he dicho antes, sin jóvenes en el campo no hay futuro, debemos tomar las medidas necesarias para que sea más atractivo desarrollar y vivir dignamente de esta profesión.

¿Son suficientes los recursos disponibles para hacerlo?

Las necesidades del territorio son muchas y los recursos siempre son limitados. Por eso debemos ser muy eficaces en la gestión y explorar nuevas fórmulas de financiación que permitan acelerar determinadas actuaciones.

No podemos depender únicamente de los fondos públicos. También debemos trabajar con entidades financieras para habilitar líneas de crédito que ayuden a sacar adelante proyectos importantes. Ya se ha hecho en algunas actuaciones de modernización y creemos que ese modelo puede ampliarse.

La incorporación de jóvenes sigue siendo uno de los grandes desafíos del sector. ¿Cómo se le puede hacer frente?

Es una cuestión fundamental. La vocación agraria se ha reducido y debemos buscar fórmulas para incentivar a los jóvenes. Hay un problema evidente: quien no dispone de una explotación familiar detrás lo tiene muy difícil para incorporarse debido al coste de la tierra, la maquinaria o las instalaciones.

Además, muchas familias han transmitido a sus hijos la idea de que busquen otro empleo porque el trabajo agrario es muy sacrificado. Tenemos que cambiar esa percepción.

¿Qué papel debe jugar la profesionalización?

Es esencial. El agricultor actual debe gestionar su explotación como una empresa. No basta con producir más; es necesario planificar, analizar costes, ingresos y rentabilidad. Debe existir una estrategia económica desde el primer día.

Las nuevas incorporaciones tienen que apoyarse en la formación, en el asesoramiento profesional y en una planificación empresarial adecuada. Afortunadamente, cada vez más agricultores entienden esta necesidad.

¿Y qué importancia tienen los seguros agrarios en ese proceso?

Son fundamentales. Ninguna actividad económica puede depender únicamente del azar. El seguro agrario aporta estabilidad y permite afrontar incidencias climáticas o productivas que de otro modo serían muy difíciles de asumir.

Desde la Administración seguimos impulsando estas herramientas mediante ayudas y acuerdos con distintas entidades para que los seguros sean cada vez más accesibles y ofrezcan mayores garantías al agricultor.

¿Llegamos a tiempo para resolver los cambios que vive la agricultura?

Sí, sin duda. Siempre estamos a tiempo, aunque quizá debamos adoptar medidas diferentes o más ambiciosas. La formación y la profesionalización están avanzando y eso ayuda a que el sector sea más consciente de los retos que tiene por delante. Las ayudas para jóvenes se convocan todos los años y seguimos trabajando para facilitar la incorporación.

Ha mostrado preocupación por el papel creciente de los fondos de inversión en el territorio rural. ¿Por qué?

Porque el desarrollo rural necesita personas vinculadas al territorio y con un compromiso real con su futuro. La empresa agraria familiar no solo sostiene la producción, también mantiene actividad económica, empleo, servicios y vida en los pueblos.

La inversión puede ser positiva cuando ayuda a generar actividad y oportunidades. El riesgo aparece cuando sustituye al agricultor profesional, rompe el vínculo con el territorio y convierte la tierra en un activo puramente financiero.

Si desaparece un agricultor, muchas veces no se pierde solo una actividad económica. Se puede perder una vivienda habitada, una familia en el pueblo, consumo en los comercios, participación en la vida local y continuidad en el territorio. Ese es el riesgo que debemos evitar.

¿Cómo puede mejorarse esta situación?

Hay que seguir trabajando para que cualquier actividad económica en el medio rural tenga retorno en el territorio. No se trata solo de producir, sino de generar empleo, mantener servicios, contar con la gente de los pueblos y favorecer que el valor se quede lo más cerca posible de donde se crea.

La prioridad debe ser proteger al agricultor profesional, favorecer el relevo generacional y garantizar que quienes viven y trabajan en el medio rural tengan oportunidades reales. Es una cuestión de sentido común: si una actividad utiliza recursos del territorio, también debe contribuir a mantenerlo vivo.

¿Qué papel juega LEADER dentro de esta estrategia de desarrollo rural?

Desempeñan un papel fundamental. Llevo vinculado a los programas LEADER desde hace muchos años y he sido testigo de su evolución y de su impacto sobre el territorio. Han permitido generar tejido económico, impulsar servicios y abrir nuevas oportunidades en muchos municipios donde, de no existir estos programas, difícilmente se habrían desarrollado. El desarrollo rural no puede entenderse únicamente en términos de agricultura y ganadería; incluye también todas aquellas actividades, servicios e iniciativas que hacen posible fijar población y garantizar la calidad de vida en el territorio.

¿Qué queda por hacer en este ámbito?

Seguir visibilizando los resultados. Siempre he defendido que hay que comunicar mejor lo que se hace. Cuando los ciudadanos conocen el impacto que generan estas políticas, comprenden mucho mejor su importancia. A su vez, debemos continuar apoyando estas iniciativas y ofrecer la oportunidad a quienes quieren emprender en el medio rural.

La innovación y la transferencia de conocimiento también forman parte de sus competencias. ¿Qué relevancia tienen?

Son esenciales. Mi primer trabajo estuvo relacionado con la investigación sobre cebadas con aptitud maltera para cerveza y siempre he creído en el valor añadido de la innovación aplicada al sector agrario.

Aragón dispone de centros de referencia con investigadores de primer nivel y hay que aprovechar todo ese potencial. La administración debe liderar estos procesos, pero siempre implicando a las entidades privadas del territorio (empresas, cooperativas, etc.).

¿Cómo debe articularse esa colaboración?

La investigación solo tiene sentido si se transforma en mejoras reales para agricultores y ganaderos. Por eso es tan importante la colaboración público-privada entre centros de investigación, empresas y administración.

Disponemos de herramientas muy valiosas, como las redes de ensayos distribuidas por todo Aragón, que permiten evaluar nuevas variedades y cultivos antes de su implantación. También ocurre con la ganadería con la conservación y estudio de las diferentes razas

En un contexto donde la diversificación va a ser cada vez más importante, la innovación y la transferencia de conocimiento son elementos clave para el futuro del sector.


Esta pieza informativa enmarca dentro de la Dirección General de Desarrollo Rural del Departamento de Agricultura del Gobierno de Aragón, cuyo presupuesto total para el periodo 2023-2027 es de 235.707.312,67 €.

Parte de dicho presupuesto se debe a la aportación del Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC), que representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

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