En Entrevista 2023 - 2027

El nuevo director general de Calidad y Seguridad Alimentaria analiza en esta entrevista los principales retos del sector agroganadero aragonés, desde la sanidad animal y la sostenibilidad ambiental hasta la evolución de la ganadería extensiva y el papel estratégico de las ayudas del PEPAC. A su vez, Novales también pone el foco en la importancia de mantener unos altos estándares sanitarios para garantizar la competitividad de las producciones aragonesas en los mercados internacionales.

¿Qué papel juega el PEPAC en la Dirección General de Calidad y Seguridad Alimentaria y qué diferencias existen respecto al periodo anterior?

En el periodo anterior prácticamente no había ayudas cofinanciadas por la Unión Europea dentro de esta dirección general. Tanto las ayudas a las ATRIAS, en sanidad vegetal, como las destinadas a las ADS, en sanidad animal, se financiaban con fondos propios. Actualmente, ambas líneas están cofinanciadas por el PEPAC, la Unión Europea y el Departamento de Agricultura. Es la principal diferencia, porque esta dirección general prácticamente no gestiona otras ayudas.

La intervención cuenta con una dotación de 7,5 millones de euros. ¿Qué importancia estratégica tiene esta inversión?

Es una cantidad importante. Estamos hablando de 7,5 millones de euros para el periodo de programación (2023-2027), lo que supone aproximadamente un millón de euros anual para sanidad vegetal y otro millón para sanidad animal. El objetivo de todo ello consisten en apoyar a los productores para que mantengan unas condiciones sanitarias adecuadas en sus explotaciones. No cubre el 100 % de los costes, pero sí entre un 30 y un 40 % de los gastos asociados al control sanitario.

La ganadería extensiva ha sido históricamente un sector clave para Aragón. ¿Cómo está evolucionando?

Con la perspectiva del tiempo, la situación ha empeorado. La ganadería extensiva es fundamental porque está ligada al territorio y contribuye a fijar población en el medio rural. En el caso de la vaca nodriza, tanto el censo como el número de explotaciones se mantienen relativamente estables. Sin embargo, donde se ha producido una pérdida considerable es en el sector ovino.

¿Qué reflejan los datos del ovino?

Son muy significativos. En 2006, con la entrada en vigor del nuevo sistema de la PAC basado en derechos históricos, Aragón contaba con alrededor de 2,5 millones de cabezas de ovino. En 2026 estamos en torno a 1,1 o 1,2 millones. Además, mientras que en vacuno sí existe incorporación de jóvenes, en ovino prácticamente no hay relevo generacional. Es una situación preocupante porque esta ganadería contribuye al cuidado del territorio y a la prevención de incendios.

¿Es posible revertir esta tendencia?

Es complicado. Estamos hablando de una ganadería muy rústica, con producciones bajas. Actualmente, una parte significativa del mantenimiento del censo depende de las exportaciones a terceros países. Hemos conseguido erradicar la brucelosis, que era uno de nuestros principales problemas sanitarios, y eso nos ha permitido exportar al norte de África. Aun así, no hay relevo generacional ni crecimiento en el número de explotaciones. La próxima reforma de la PAC tendrá que prestar especial atención a la ganadería extensiva y, en particular, al ovino.

¿Cuál es la situación actual del sector porcino respecto al reto medioambiental?

Aragón es la primera comunidad autónoma de España en producción porcina y el principal reto ha sido siempre la correcta gestión de los estiércoles. Hace años se decía que Aragón se quedaba con el purín y otras regiones con el valor añadido de la transformación. Esa situación ha cambiado. Hoy Aragón produce, sacrifica y transforma porcino.

¿Ha evolucionado la gestión de los purines?

Sí. El sector se ha concienciado de que la gestión de los purines debe ser compatible con el medio ambiente. En estos momentos considero que el 99 % de los ganaderos realiza una gestión correcta. Además, les interesa directamente porque muchos mercados de exportación también valoran estos aspectos. Existe una conciencia clara de que la producción debe ser respetuosa con el entorno.

¿Podemos afirmar que en Aragón se produce y se consume de forma segura?

Por supuesto. Las producciones intensivas, especialmente porcino, vacuno de cebo y avicultura, han reducido drásticamente el uso de antibióticos. En avicultura ya existen muchas empresas que producen pollos libres de antibióticos y en porcino su utilización es mínima, salvo cuando resulta imprescindible.

Además, se cumple escrupulosamente la normativa: ningún animal tratado con antibióticos puede ir al matadero hasta haber completado el correspondiente periodo de supresión. El consumidor puede tener la tranquilidad de que los productos animales que llegan al mercado están libres de antibióticos y de sustancias prohibidas.

¿La sociedad conoce el esfuerzo que realizan el sector y las administraciones para adaptarse a las nuevas exigencias?

Creo que no. Ese es uno de los principales desafíos de los sectores ganaderos, especialmente los intensivos. Las granjas actuales no tienen nada que ver con las de hace quince o veinte años. Se han incorporado tecnologías de control y sistemas de bioseguridad muy sofisticados.

Sin embargo, esa evolución no se ha transmitido adecuadamente a la sociedad. El consumidor no percibe estos cambios y tampoco creo que los medios o quienes tenemos la responsabilidad de comunicar hayamos sabido visibilizarlos lo suficiente.

¿Las redes de alerta sanitaria funcionan adecuadamente?

Sí. Están coordinadas entre el Ministerio y las comunidades autónomas y permiten una respuesta muy rápida. Si mañana surgiera un problema sanitario grave, actuaríamos inmediatamente.

¿Puede poner algún ejemplo reciente?

A finales de febrero tuvimos un caso de enfermedad nodular en ganado vacuno. El viernes por la tarde recibimos la confirmación de animales positivos y el sábado por la mañana ya habían sido sacrificados. Eso demuestra la capacidad de respuesta del sistema.

¿Dónde habría margen de mejora?

Más que en la rapidez, en la coordinación previa de las actuaciones. Sería importante que existieran protocolos aún más definidos para que, ante un foco sanitario, todas las administraciones implicadas tengan perfectamente claro qué medidas deben adoptar desde el primer momento. En situaciones muy complejas, la improvisación nunca es buena.

Asume de nuevo la dirección general tras haber ocupado anteriormente distintos puestos de responsabilidad. ¿Cuál es el principal reto de esta etapa?

Sin duda, la sanidad animal. Sin sanidad no hay producción y sin producción el mundo rural no funciona. Tenemos amenazas importantes como la peste porcina africana, la gripe aviar o la citada enfermedad nodular bovina.

Además del impacto económico directo, existe otro factor fundamental: nuestras producciones están muy internacionalizadas. Exportamos a numerosos terceros países y esos mercados son extremadamente exigentes en materia sanitaria. Cualquier problema podría poner en riesgo nuestras exportaciones.

¿Y el segundo gran reto?

La sostenibilidad ambiental. No podemos ser líderes en producción si al mismo tiempo tenemos problemas ambientales. El sector es plenamente consciente de ello y todas las medidas que se están implantando buscan precisamente compatibilizar la actividad ganadera con el respeto al medio ambiente.

En varias ocasiones ha insistido en la necesidad de comunicar mejor. ¿Existe un déficit en este ámbito?

Sí, claramente. Tanto las administraciones como el propio sector tenemos un déficit de comunicación. Hacemos muchas cosas bien y no sabemos transmitirlas a la sociedad.

Por ejemplo, ¿cuánta gente es consciente de que el sector porcino genera alrededor de 20.000 empleos directos en el medio rural aragonés? Muy poca. Y, sin embargo, esa actividad económica tiene un impacto de calado.

Recommended Posts

Escriba lo que desea buscar y pulse ENTER