Las especies invasoras como el mejillón cebra comprometen el funcionamiento de las instalaciones de regadío pudiendo suponer un verdadero quebradero de cabeza para sus gestores. Así, frente a la manera tradicional de atajar este problema, mediante mantenimientos de las zonas afectadas, el proyecto de cooperación INVASHIELD apuesta por anticiparse a la proliferación de estas especies. Javier Bernad, coordinador del proyecto, explica cómo esta metodología ya se está aplicando en instalaciones reales y cómo el trabajo desarrollado abre ahora la puerta a incorporar inteligencia artificial para mejorar la prevención.
¿Qué impacto tienen especies invasoras como el mejillón cebra en las comunidades de regantes?
Especialmente, generan obstrucciones en filtros y problemas en las instalaciones de regadíos que repercuten en los costes de mantenimiento y la disponibilidad de agua de riego. A veces se llega a convertir en un problema psicológico para los propios agricultores, porque las obstrucciones pueden ser constantes en el tiempo o requerir de hacer mantenimientos a horas intempestivas. Es un problema bastante grave.
¿Por qué decidís poner en marcha este proyecto?
Surge de una experiencia previa de varios años. En principio, lo que pretendíamos era romper un poco con la forma de tratar el problema por parte de otras entidades que planteaban mantenimientos periódicos. Partimos de la premisa de la realización de tratamientos preventivos para evitar que las especies invasoras se acabasen desarrollando. La idea era adelantarnos al problema, y este proyecto es la continuación de esa línea de trabajo.
¿Cómo se sabe cuándo es necesario actuar?
Primero hacemos análisis de laboratorio y, con ellos, realizamos la evaluación de riesgos y los tratamientos preventivos en función de esos resultados.
En los análisis contabilizamos la concentración de fases larvarias que hay en el sistema. Por ejemplo, el mejillón cebra se siente cómodo en un cierto rango de temperaturas, y es ahí cuando se tiene que atacar el problema, porque en otras épocas del año puede no ser necesario.
Nosotros proporcionamos esos datos a la Universidad de Zaragoza y ellos generan el análisis poblacional y de riesgo para determinar cuándo, de una forma teórica, es mejor hacer los tratamientos.
¿Qué ventaja tiene esta estrategia preventiva en el empleo de biocidas?
La optimización. De esta manera podemos ajustar mejor las dosis en el uso de los biocidas. Dentro del proyecto también nos interesaba utilizar aquellos más respetuosos con el medio ambiente y que no generen subproductos inadecuados para impedir la aparición de efectos secundarios.
La diferencia entre hacer una aplicación en continuo durante las 24 horas, que genera un consumo de producto muy grande, y hacer tratamientos preventivos de choque con una dosis relativamente pequeña durante unas pocas horas cada dos o tres semanas, es considerable.
¿Qué resultados se han obtenido?
Hemos avanzado hacia una metodología de trabajo mucho más sistemática para abordar las especies invasoras. En primer lugar, hemos desarrollado y probado el sistema de dosificación y seguimiento para gestionar las actuaciones de una forma mucho más controlada. También hemos conseguido conectar la parte experimental con modelos matemáticos y herramientas digitales que anticipan la evolución de las poblaciones invasoras.
El resultado más importante para nosotros es que esto no se ha quedado en un proyecto experimental, sino que ya se ha utilizado en instalaciones reales. Tenemos presencia en aproximadamente 30 comunidades de regantes aragonesas, y ahora estamos trabajando bastante en la zona del Segre, en Lérida.
¿Cuáles son los próximos pasos?
Pues ahora estamos tratando de incorporar Inteligencia Artificial a estas líneas de trabajo. Y precisamente, para desarrollar estos modelos de IA necesitamos disponer de datos para entrenarlos, que vienen de las 500-600 muestras que hemos ido recogiendo a lo largo de los años, junto con parámetros in situ como la temperatura, la conductividad o las concentraciones larvarias. Al final, esto nos ayuda a avanzar hacia la monitorización mediante visión artificial.
Es un trabajo muy transversal que, además, está abriendo nuevas posibilidades más allá del mejillón cebra y las especies invasoras. Por ejemplo, el análisis microscópico nos ha ayudado a discernir problemas relacionados con las algas que afectan a los regantes. Estamos pensando incluso en participar en proyectos europeos y, en un futuro, presentar un proyecto LIFE para desarrollar más en profundidad esta metodología y aplicarla a problemáticas de otros países. El potencial es gigante.
El proyecto “INVASHIELD PRECISIÓN 4.0 PARA LA DEFENSA DE INFRAESTRUCTURAS DE RIEGO FRENTE A ESPECIES INVASORAS TRADICIONALES Y EMERGENTES” está coordinado por la Velaber Consulting S.L. Este pertenece a la intervención 7161 de “Cooperación de grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación en materia de productividad y sostenibilidad agrícola (AEI agri)”, cuyo presupuesto total para el periodo 2023-2027 es de 14.319.976 €.
El Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC) representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

