Paula de la Sen y Bárbara Palacino, investigadoras técnicas de la Fundación CIRCE, han llevado conjuntamente el proyecto VALIQPORK, que estudia el uso de tecnologías de tratamiento de purines para reducir su contenido en nitrógeno y facilitar su aplicación como fertilizante orgánico. Esta iniciativa busca dar respuesta a los retos que plantea la elevada producción porcina en Aragón, contando con la participación de Poncigrup S.L., Servicios Integrales Garcés S.L. y la Lonja Agropecuaria de Binéfar para avanzar hacia una gestión más eficiente y una mayor valorización de los purines como recurso.
¿Cómo nace el proyecto VALIQPORK?
El proyecto nace de la propia situación de Aragón. Somos una de las principales regiones productoras de porcino de España y de Europa y, de hecho, la comunidad autónoma con mayor censo. Esto genera un importante valor económico, pero también un posible impacto ambiental debido al gran volumen de purines que se generan, muy concentrados espacialmente.
A esto se suma que Aragón cuenta con zonas vulnerables a la contaminación por nitratos, donde la aplicación de purines está condicionada por limitaciones jurídicas. Por eso, el proyecto surge de la necesidad de buscar una tecnología que ayude a abordar este reto. En concreto, nos basamos en la propuesta de un sistema de nitrificación-desnitrificación, o NDN, que permite reducir la cantidad de nitrógeno en el efluente líquido, y podría facilitar su empleo como fertilizante en la propia explotación o en zonas cercanas.

¿Qué dificultades existen para poder darle ese uso?
Uno de los retos es que el purín es un producto muy líquido. Para que su aplicación como fertilizante orgánico resulte rentable, tiene que hacerse cerca de la explotación, porque, si no, los costes de transporte se elevan muchísimo. Al final, estás transportando una gran cantidad de agua.
Así, si conseguimos reducir el contenido de nitrógeno de los purines, disminuimos una de las principales barreras para su uso como fertilizante, ya que la normativa limita la cantidad de nitrógeno que puede aplicarse al suelo, especialmente en zonas vulnerables a nitratos. Esto puede reducir los costes de gestión y transporte y hacer más atractiva su valorización, manteniendo el cumplimiento de la normativa y contribuyendo a reducir los impactos ambientales.
¿En qué consisten más en detalle las tecnologías que habéis utilizado en el proyecto?
La técnica principal es el sistema de nitrificación-desnitrificación (NDN), pero antes es necesario separar el purín mediante un proceso del que obtenemos dos fracciones: una sólida y otra líquida.
La fracción sólida tiene una carga de nitrógeno mucho menor y conserva otros componentes, como el fósforo, que son nutrientes valiosos para los cultivos. Por eso, puede aplicarse como fertilizante orgánico o enmienda para el suelo. También se puede someter a un proceso de compostaje, con el que se estabiliza el material, se favorece su higienización mediante el aumento de la temperatura y se obtiene un producto de mayor calidad. Además, al reducir su contenido en agua, resulta más fácil y económico transportarlo.
Por su parte, el efluente líquido pasa al sistema NDN, que es un tratamiento biológico. En una primera fase, denominada nitrificación, determinadas bacterias transforman el nitrógeno amoniacal presente en el purín en nitritos en presencia de oxígeno. Después, en una segunda fase, la desnitrificación se produce en condiciones sin oxígeno y transforma esos compuestos en nitrógeno gaseoso, que se libera a la atmósfera.
De esta manera, se reduce considerablemente el contenido de nitrógeno del efluente líquido. De hecho, en el proyecto hemos conseguido reducciones de hasta el 90 %, lo que facilita su aplicación cerca de la explotación.
¿Cómo se puede aprovechar ese efluente líquido una vez tratado?
En muchos casos, los ganaderos cuentan con cultivos propios, por lo que pueden utilizarlo en sus parcelas. En los dos casos estudiados, se ha aplicado directamente mediante fertirriego. Así, además de aprovechar los nutrientes, se puede reducir el consumo de agua y optimizar la aplicación de fertilizantes inorgánicos. Se trata de convertir un problema en una oportunidad para la explotación: aprovechar un residuo como recurso.
¿Qué balance hacéis de los resultados?
Desde nuestro punto de vista, el proyecto ha sido bastante interesante. Hemos podido realizar estudios en distintos tipos de granjas, incluidas granjas de madres y granjas de cebo, cuyas características son diferentes y cuyos purines también presentan particularidades. Esto nos ha permitido evaluar soluciones técnicas para los problemas que han ido surgiendo.
Creo que ha sido útil para los ganaderos. No obstante, hay que tener en cuenta que se trata de una solución que requiere una inversión económica bastante elevada, tanto por los equipos de separación como por los reactivos y el propio proceso de tratamiento. Aun así, puede tener interés en zonas con una gran concentración de explotaciones, como La Litera, el Bajo Cinca o las Cinco Villas.
¿Podría ser una opción para pequeñas explotaciones si varios ganaderos compartieran la inversión?
Sí. En una granja pequeña, la inversión puede no compensar si el volumen de tratamiento es reducido. Sin embargo, si varias explotaciones se unen para realizar esa inversión, la tecnología podría tener interés. También depende de las características de cada zona, de la concentración de granjas, de la disponibilidad de tierras donde aplicar los purines y de los costes de transporte.
Hay que tener en cuenta, además, que en Europa no siempre se promueven este tipo de tecnologías, porque las políticas tienden a favorecer la valorización del nitrógeno frente a su emisión o liberación al aire. Por eso, su posible implantación depende de cada caso y de las condiciones concretas del territorio.
El proyecto “VALIQPORK” está coordinado por la Fundación Circe. Esta iniciativa pertenece a la intervención 7161 de “Cooperación de grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación en materia de productividad y sostenibilidad agrícola (AEI agri)”, cuyo presupuesto total para el periodo 2023-2027 es de 14.319.976 €.
El Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC) representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

