En Entrevista 2023 - 2027

Carlos Torres tenía las maletas listas para opositar a las fuerzas de seguridad lejos de su hogar, convencido de que el éxito profesional era incompatible con quedarse en el pueblo. Sin embargo, una propuesta inesperada de su hermano y el respaldo de las ayudas a la modernización del Programa de Desarrollo Rural dieron un vuelco a su destino. En esta entrevista, el joven productor de Lanaja relata cómo superó los estigmas sobre la agricultura para levantar su propio negocio familiar, convirtiéndose en un ejemplo de fijación de población joven en Los Monegros.

¿Cómo nació tu proyecto?

La verdad es que empezó todo muy rápido, porque hasta pocos días antes no tenía ninguna intención de iniciar este proyecto. Desde pequeño tenía bastante claros mis objetivos laborales y todos estaban fuera del pueblo, en ámbitos como ser militar o policía, completamente incompatibles con quedarme aquí. Yo ya tenía asumido que tendría que irme, aunque me doliera dejar a mi familia.

Fue mi hermano, que es agricultor, quien me propuso incorporarme con él. Al principio me chocó mucho, porque nunca me había llamado la atención el campo. De hecho, desde el colegio siempre se nos había transmitido que ser agricultor o ganadero no era una opción válida, que lo importante era estudiar una carrera. Con esa mentalidad crecimos muchos.

Pero a base de hablarlo, poco a poco fui cambiando de idea. Al final, tomé la decisión de incorporarme, aunque al principio fue con dudas.

¿Han sido importantes las ayudas para empezar?

Han sido totalmente imprescindibles. Si no llega a ser por estas ayudas, yo ni siquiera me habría incorporado. Esa es la diferencia entre tener un proyecto o no tenerlo.

Además, no solo sirven para arrancar, sino que también facilitan el acceso a financiación con los bancos. Hoy en día, para ser competitivo necesitas estar actualizado, invertir en maquinaria, en instalaciones… y sin esas ayudas sería muy complicado. En mi caso han supuesto la oportunidad real de quedarme en el pueblo y desarrollar aquí mi vida.

¿Cuál ha sido el momento más complicado?

El principio, sin duda. Pasé en muy pocos días de tener claro que quería otra cosa a meterme en este mundo, y entender cómo funcionaba todo fue muy complicado. Desde el primer documento hasta que empiezas a ver algo construido es un proceso lleno de problemas e incertidumbres.

Es una auténtica “matadura de cabeza”. Si no hubiera estado bien asesorado, en mi caso por mi hermano, habría sido imposible. Da igual tener ayudas si no haces todo bien, porque necesitas que el proyecto sea rentable.

¿Y el momento más ilusionante?

Cuando llenamos por primera vez la granja. Después de tanto esfuerzo, de tantos problemas y retrasos, ver que por fin el proyecto se hacía realidad fue muy emocionante.

También recuerdo con mucha ilusión cuando llevé mi primer remolque a la cooperativa. Estaba nervioso porque no tenía experiencia, pero fue un momento muy especial. Son pequeñas cosas que te hacen ver que todo el esfuerzo ha merecido la pena.

¿Qué te aporta personalmente este proyecto?

Muchísimo. Me ha permitido quedarme en el pueblo, estar cerca de mi familia y trabajar en algo propio. Para mí la familia es muy importante, y aquí estamos todos implicados de una forma u otra. Veo a mis padres todos los días, me ayudan, aunque sea viniendo a dar una vuelta.

Es un negocio familiar, y eso es muy gratificante. Aunque haya problemas y dolores de cabeza, es tu trabajo, tu proyecto, y eso te da una motivación extra.

¿Con qué sueñas de cara al futuro?

La verdad es que mis sueños son sencillos. Siempre quise no alejarme del lugar donde he nacido, poder estar cerca de mi familia y de mis amigos.

Hoy en día tengo mi propio negocio, trabajo con mi hermano, estoy rodeado de mi familia… Para mí eso ya es cumplir el sueño. No necesito más.

Recommended Posts

Escriba lo que desea buscar y pulse ENTER