Hace más de tres décadas, José Manuel Trallero cambió el trabajo en una fábrica por la libertad (y el sacrificio) de la ganadería extensiva en su pueblo natal. Hoy, desde su explotación en pleno Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, reivindica el papel de las ayudas al desarrollo rural no solo como un impulso económico para modernizar su explotación, sino como la herramienta indispensable para fijar población. En esta entrevista, Trallero comparte la experiencia de una vida dedicada al ovino y al turismo, mientras observa con nostalgia un horizonte donde los pequeños ganaderos escasean y el monte aguarda una nueva generación que mantenga viva la herencia del medio rural.
¿Por qué decidiste dedicarte al campo?
Todo esto nació porque mis padres han sido agricultores y ganaderos de toda la vida. Yo estuve estudiando y trabajando en Barbastro, pero no me sentía realizado trabajando en una fábrica. No me gustaban los horarios de mañana, tarde y noche ni estar en un sitio cerrado. Yo venía de estar en el campo desde pequeño, me gustaba la naturaleza, y decidí dejarlo y subirme al pueblo. Eso fue hace unos 33 años. Cuando llegué, vi que había posibilidades y lo que hice fue ampliar lo que ya teníamos, que era ganadería de ovino. Construí nuevas instalaciones y aumenté el número de cabezas. También hice una casa de turismo rural, que en aquella época estaba en auge.
Respecto a las ayudas del Plan de Desarrollo Rural, ¿cómo las conociste?
Al trabajar dentro del parque me enteré de que había subvenciones tanto para lo público como para lo privado. También a través de reuniones en la zona y del ayuntamiento, donde nos explicaron que existían estas ayudas. A partir de ahí, algunos años las he ido solicitando.
“Dejé la fábrica por el campo porque no me sentía realizado en un sitio cerrado”
¿Y para qué las has utilizado?
La primera fue para comprar material y hacer un aprisco. Luego las he utilizado para maquinaria: una cortadora de hierba, una cuba de agua, un rastrillo, un remolque y también para hacer una pavimentación. Todo esto relacionado con la ganadería. Antes también hubo ayudas para la casa rural, pero ahora se centran más en la ganadería extensiva.
¿Qué significa para ti invertir en el medio rural aragonés?
Para mí es una alegría, porque sin estas ayudas muchas cosas no se podrían hacer. Es asentamiento de población y es mantener el medio natural. Yo, además, trabajo en ello con la ganadería y con labores como el desbroce de montes. Es algo que siempre he hecho y que viene de generaciones atrás.
¿Cómo se plantea el futuro?
En mi caso es complicado, porque tengo un hijo que no vive aquí y no sé si volverá. Puede que esta sea la última generación. Lo veo difícil, sobre todo porque están desapareciendo los pequeños ganaderos. Cada vez hay menos, aunque los que quedan son más grandes.
¿Y qué te gustaría ver en él?
Me gustaría volver a ver lo que había antes: gente dedicada a la ganadería, a la naturaleza, a los campos. Ver ovejas pastando, vacas, terneros… Que haya vida en el monte. Me gustaría que más gente apostara por el medio rural, pero lo veo complicado. Aun así, sería importante que viniera gente a vivir a los pueblos, y para eso hacen falta ayudas como las del Plan de Desarrollo Rural.


