El Ternasco de Aragón es mucho más que un emblema gastronómico; es el motor de la «ganadería amable» que vertebra el territorio aragonés. Sin embargo, la figura de calidad más icónica de la comunidad se enfrenta a una encrucijada. Juan Carlos Brun, presidente de su Consejo Regulador, reflexiona en esta entrevista sobre la caída del censo ganadero y la falta de relevo generacional. Entre el exceso de burocracia y la amenaza del lobo, Brun reivindica el papel de la IGP como punta de lanza del sector y reclama un apoyo administrativo firme para proteger un oficio que es, en esencia, la garantía de la sostenibilidad rural.
¿Qué papel juegan las figuras de calidad como la IGP en el sector?
Las IGP y las denominaciones de origen, lo que llamamos figuras de calidad, tienen una ventaja fundamental para el sector: somos las puntas de lanza. Nos encargamos de la promoción y del control, que es nuestra idiosincrasia. No podemos comercializar directamente, pero sí hacemos el control de calidad y el marketing, que es una parte muy importante.
¿Cómo ha evolucionado el sector en los últimos años?
Ha cambiado muchísimo. Antes podía haber más interés, pero ahora la gente joven no tiene tanto. En el caso de la IGP Ternasco de Aragón, por ejemplo, con las cabezas que tenemos registradas respecto al total de Aragón, hemos tenido un descenso de entre el 25 y el 28%. Aun así, para una IGP, tener alrededor del 25% de todo lo que se comercializa es algo notable. Pero es evidente que hay un problema de relevo generacional.
¿A qué se debe esa falta de relevo?
La ganadería extensiva es muy vocacional. A la gente le encanta ver ovejas pastando o las vacas en el Pirineo, somos lo que yo llamo la “ganadería amable”. Pero no se entiende el sacrificio que hay detrás: somos 365 días al año, con jornadas de 8 o 10 horas, porque los animales tienen que salir todos los días a comer. Se han modernizado métodos, las instalaciones han mejorado y ahora puedes organizarte algo mejor, pero en el fondo sigue siendo un trabajo muy exigente.
«Si la gente joven no se incorpora, el Ternasco de Aragón dejará de existir»
¿Qué importancia tienen las ayudas para el sector?
Yo soy muy partidario de las ayudas, especialmente las ligadas a la calidad y a la incorporación. En este sector hay muchos pagos: cooperativas, asociaciones, ADS, figuras de calidad… Por eso, contar con ayudas como las de incorporación a la IGP durante los primeros años es importante, porque incentiva que la gente se sume a estas figuras.
¿Qué aspectos habría que mejorar?
El papeleo. Hay que intentar que la administración no sea tan burocrática. No digo que no haya que hacer trámites, pero no se puede exigir todo de un día para otro. Hay que ponerse en el lugar del ganadero o del agricultor y simplificar procedimientos. Hay muchas cosas que se podrían evitar para reducir la carga administrativa.
¿Cuál sería tu deseo para el futuro del sector?
Lo primero, no reducir el número de cabezas ni de ganaderos, al menos en el ovino. Segundo, mantener los precios actuales, que ahora mismo son bastante buenos. Y tercero, conseguir que la administración reconozca con ayudas específicas a los ganaderos que pertenecen a figuras de calidad como la IGP. Porque si la gente no se incorpora, el Ternasco de Aragón dejará de existir.
¿Cómo ves el futuro de la ganadería extensiva?
Me gustaría que la gente joven se animara. Es verdad que es un trabajo duro, pero hoy en día puedes organizarte mejor y tener algún día libre. Además, es un sector muy importante para mantener los pueblos, el desarrollo rural, la sostenibilidad y el cuidado del territorio. Al final, somos los más ecologistas que hay.
¿Algo más que te gustaría destacar?
Sí, el tema del lobo. En nuestra zona hay un lobo macho sin pareja que está causando muchos problemas. Ha habido ataques recientes con decenas de ovejas muertas, y eso, pese a aplicar las medidas de protección que nos exige la Administración. Uno de mis deseos para los próximos años es que se solucione esta situación, porque está afectando mucho al sector.


