En Entrevista 2023 - 2027

Jesús Salvatierra puso en marcha en 2021 un invernadero de cultivo hidropónico de tomate en Salillas de Jalón, una técnica que permite controlar de forma precisa el aporte de nutrientes a las plantas y optimizar el uso de recursos como el agua y los abonos. Después de acumular experiencia profesional en el sector bancario, decidió recuperar su vínculo con el campo a través de un proyecto que apuesta por una producción más tecnificada y por diferenciarse a través del sabor y la calidad del producto.

¿En qué consiste el cultivo hidropónico?

No es lo habitual en esta zona. Si vas a Almería o Murcia sí que se ven muchos invernaderos y el cultivo hidropónico cada vez se utiliza más.

Es una técnica más especializada donde no solo hace falta saber cómo cultivar la planta, sino también tener unas nociones básicas de química porque todos los nutrientes se aportan a través del riego. Yo digo que las plantas hablan y, según cómo van, decides hacer una cosa u otra.

Por eso, la diferencia principal respecto al cultivo en tierra es esa regulación del abono. En la tierra, cuando plantas, muchas veces nos excedemos en un tipo de nutriente: podemos incorporar mucho nitrógeno, mucha potasa o mucho fósforo. Y tan malo es tener poco como mucho. En hidroponía el control es mayor.

Es difícil, pero cada vez hay gente más técnica. Yo creo que es el futuro: intensificar la producción en menos metros cuadrados y optimizar abonos y agua.

¿Supone también un ahorro de agua respecto a un cultivo tradicional?

Yo creo que un 25 % de agua respecto a regar a goteo. Aquí estamos desde marzo hasta noviembre sin parar de regar, en periodos cortos pero continuos. Esto optimiza mucho el uso de los recursos.

Si no fuera en hidroponía, yo cogería dos tomates por planta. Con mi variedad y con hidroponía, esa misma planta echa seis.

¿Por qué elegiste el tomate como cultivo principal?

Siempre vamos a la rentabilidad. Hoy por hoy, en el campo, todo lo que sea manual sigue siendo rentable. Rentable entre comillas, porque somos los que pagamos la inflación de todos ya que los costes se han multiplicado un 72% en cinco años.

Yo vengo de Navarra, mi mujer es de Aragón y mis padres eran agricultores. Luego fui a la banca y terminé de director de un banco, pero mi ilusión era montar esto.

El tomate es lo que más hemos cultivado tradicionalmente en mi familia, y lo que a mí me gustaba criar, porque era nuestra semilla y quería hacer algo distinto. Mi padre me enseñó y eso lo había visto desde pequeño. Y aunque en cantidad no puedo competir con Murcia y Almería por el tamaño de la explotación, sí puedo competir a sabor.

¿Por qué has decidido no utilizar insecticidas?

Es una cosa mía. Yo quiero criarlo como se criaba en el huerto. Suelto bichos que se comen otros bichos y hay un equilibrio.

Es paradójico porque la hidroponía en Europa y en España no se considera ecológica, mientras que en Estados Unidos sí. Y resulta que cuando se cogieron muestras para analizar salieron menos residuos que en los cultivos que sí se consideran ecológicos.

Yo siempre les digo lo mismo: en tierra tú me dejas echar estiércol, pero el estiércol lleva lo que han comido las vacas, los terneros o el cerdo, y los medicamentos que les hayan dado. Eso va a la tierra y la planta lo absorbe. Aquí eso no ocurre.

¿Y cómo prevenís las plagas?

Si entra una plaga, es una sentencia. Por eso hay que hacer muchos tratamientos preventivos: soltar bichos, feromonas, utilizar fungicidas y en general estar siempre monitorizando las plantas. Exige unos niveles de calidad muy altos.

¿Se nota la diferencia entre un tomate hidropónico y uno cultivado en suelo en cuanto al sabor?

A nivel de sabor no se nota nada que lo perjudique. Bueno, se nota que es un tomate buenísimo.

De hecho, con amigos hemos hecho catas a ciegas con tomate del huerto, de mi abuelo, de mi suegro. Normalmente, por textura, sabor y demás, la mayoría eligen este, pero para gustos, colores.

También puede influir la variedad. La semilla no se ha tocado genéticamente, viene de Navarra y la mando a desinfectar, porque si no, no la cogen en los viveros. Tiene que ir con un certificado y ya está.

¿Cómo ha respondido el mercado a un producto tan específico?

Yo hoy por hoy no me puedo quejar. Pero al principio pagas la novatada. Cuando empecé a vender era “rosa”. Hoy se conoce como “feo del Jalón”. Ahora ya me llaman los clientes por la marca.

¿De qué manera contribuyeron las ayudas a la modernización de la explotación a hacer realidad el proyecto?

A mí me concedieron la ayuda un año más tarde, porque cuando empecé no cumplía los requisitos y el proyecto lo monté prácticamente a pulmón. Al año siguiente se abrió la posibilidad de incluir proyectos del año anterior, presentamos el nuestro y me la concedieron. La ayuda vino bien porque la inversión inicial es muy fuerte y, cuando empiezas, estás continuamente asumiendo costes antes de empezar a recoger los frutos.

Eso sí, creo que las ayudas tienen que estar diseñadas de manera que sean realmente útiles para quien empieza, porque al principio necesitas mucha liquidez y tiempo para que la explotación empiece a generar ingresos.

¿Qué dificultades encontraste a la hora de poner en marcha la explotación y qué crees que debería mejorar?

La principal dificultad fue la burocracia. Para poner en marcha el invernadero tardé alrededor de un año y nueve meses y durante todo ese tiempo estás invirtiendo dinero sin tener ingresos. No digo que no tenga que haber control, pero sí creo que debería haber más agilidad y acompañamiento para quien decide invertir.

Al final, quien pone en marcha un proyecto así está arriesgando su propio dinero y generando actividad y empleo en la zona. Creo que tenemos que facilitar más estos proyectos y mirar la agricultura también como una actividad empresarial capaz de generar riqueza.


Esta pieza informativa se enmarca en el Servicio de Modernización de Explotaciones dentro de la Dirección General de Desarrollo Rural, y se incluye en la intervención 6841.2 que recoge las “Ayudas a inversiones en modernización y/o mejora de explotaciones agrarias”. El presupuesto total de la misma en el periodo 2023-20237 es de 33.000.000 € a través de los fondos FEADER del PEPAC.  

El Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC) representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

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