En Entrevista 2023 - 2027

Fernando Camuñas, uno de los responsables de la Unidad de Tecnología y Mejora de la Vid del Centro de Transferencia Agroalimentaria de Aragón, nos da a conocer las principales líneas de trabajo que desarrollan en este departamento para conservar la diversidad genética de las variedades autóctonas y minoritarias de vid. Su labor en el día a día pasa por recuperar variedades tradicionales, estudiar su comportamiento en diferentes condiciones y ponerlas a disposición del resto de la comunidad para continuar la cadena de innovación en este sector.

¿Cuál es el principal objetivo de la Unidad de Tecnología y Mejora de la Vid?

El objetivo es no perder la variabilidad genética de las variedades de vid que hay en Aragón. Tenemos una cantidad importante, algunas de ellas en desuso o minoritarias, y son precisamente las que nos interesa conservar. Las formas comerciales que todo el mundo conoce ya están establecidas en los viveros, pero esas que se han perdido porque en su momento no eran rentables o no existían técnicas suficientes son las que nos interesan para poder sacarles su máximo rendimiento.

Esto responde a una necesidad del mercado, especialmente entre los jóvenes, de buscar productos más exclusivos. Ahí pueden tener una oportunidad estas variedades que sin ser nuevas, nunca han desaparecido del todo.

¿Por qué es especialmente importante conservar esa diversidad genética?

Porque algunas variedades pueden tener características agronómicas interesantes para afrontar problemas actuales, como el cambio climático o la reducción de productos fitosanitarios disponibles. Hay variedades que se adaptan mejor a determinadas enfermedades o que pueden comportarse mejor en zonas de mayor altitud. Por eso es importante estudiarlas y conservarlas.

¿También existen variedades que han demostrado una especial resistencia?

Sí. Hay algunas que han resistido a la filoxera y han aguantado sin necesitar los patrones americanos que se utilizaron para hacer frente a esta plaga. Al final, si perdemos la variabilidad genética, tanto ambiental como biológica, perdemos posibles soluciones que podemos tener cerca.

¿Qué variedades estáis trabajando actualmente?

Dentro del Departamento llevamos muchos años trabajando en la selección y registro de variedades. Actualmente tenemos registradas Benedicto, Santa Fé y Parrel. En el proceso de registro tenemos Berta, Beturián y Olivana, y posteriormente está previsto trabajar con otras variedades como Grumel, Rotuna y Greta.

Son variedades que algunas bodegas están esperando poder utilizarlas. Ha ocurrido, por ejemplo, con variedades minoritarias que se han recuperado y que actualmente se emplean para aportar valor añadido a sus vinos.

¿Entonces existe un interés real por parte de las bodegas en recuperar estas variedades?

Sí. Dentro de las denominaciones de origen se apostó durante mucho tiempo por variedades muy comerciales, como Cabernet o Merlot, que están presentes en muchos sitios. Ahora una bodega puede buscar también una cierta exclusividad en su cosecha.

También puede ocurrir que una variedad no sea especialmente interesante por sí sola, pero sí lo sea combinada con otra. Son posibilidades que tenemos que seguir trabajando.

¿Qué ocurre después con las variedades que recuperáis y estudiáis?

Una vez estudiadas, las variedades se registran en el Ministerio y se ponen a disposición de los viticultores a través de viveros autorizados. Nosotros recuperamos y estudiamos la variedad como tal y, posteriormente, el área de viticultura trabaja en la expresión de esos caldos y en su transformación en vino.


El Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón en el que se integra la UTMV gestiona a través de la Dirección General de Desarrollo Rural del Departamento de Agricultura y dentro de su Servicio de Innovación y Transferencia Agroalimentaria un total de 5.949.993 € dentro de las intervenciones 7201 y 62052.

Parte de dicho presupuesto se debe a la aportación del Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC), que representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

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