La formación, el asesoramiento y la transferencia de conocimiento son herramientas fundamentales para mejorar la competitividad de las explotaciones agrarias. Manuel Bescos asume la responsabilidad del Servicio de Innovación y Transferencia Agroalimentaria del Gobierno de Aragón con el objetivo de dar continuidad al trabajo desarrollado y preparar el próximo periodo de la PAC. En esta entrevista explica las prioridades del servicio, reivindica la cooperación entre territorios y defiende LEADER como sustento de la vida en los pueblos.
¿Qué supone ponerse al frente del Servicio de Innovación y Transferencia Agroalimentaria?
Es un reto importante. Ramón Iglesias, el anterior jefe de servicio, tiene un conocimiento inmenso del departamento y del medio rural. Fue quien puso en marcha este servicio en 2015, con las ayudas de formación, transferencia, asesoramiento y grupos operativos, al que se vinculó también el Centro de Transferencia Agroalimentaria, el CTA.
Aunque el servicio es relativamente reciente, su trabajo recoge la trayectoria de la formación, transferencia y la innovación que venía desarrollándose desde las oficinas de extensión agraria. Asumir esa responsabilidad significa mantener su capacidad de gestión, los buenos niveles de ejecución y el atractivo de unas ayudas cuyo objetivo es mejorar la competitividad de agricultores y empresas.
¿Cuáles son sus primeras prioridades?
La primera es dar continuidad al trabajo que ya está en marcha. Tenemos una programación definida, convocatorias preparadas y unos equipos que conocen bien sus responsabilidades. Ahora debemos seguir gestionando las ayudas y realizar los pagos previstos dentro del ejercicio presupuestario.
El cambio más importante llegará con el próximo periodo de programación. Ahí tendremos que definir cómo se articulan las nuevas líneas y cómo conseguimos que sigan respondiendo a las necesidades del sector.
En el servicio conviven las actuaciones de innovación agraria y LEADER. ¿Cómo se complementan?
La formación, la transferencia, el asesoramiento y los grupos operativos están orientados al sector agrario y a mejorar su capacidad para incorporar conocimiento e innovación.
LEADER tiene una perspectiva más amplia sobre el medio rural. Trabaja en la diversificación de su economía, mediante proyectos productivos, y en la mejora de la calidad de vida, los servicios y los proyectos sociales. Su función es complementar otras intervenciones y apoyar iniciativas que encuentran en esta herramienta una vía para desarrollarse. Todas estas actuaciones contribuyen, desde ámbitos distintos, a poner en valor el medio rural.
¿Qué están aportando los grupos operativos al sector?
Los proyectos deben ser innovadores para acceder a estas ayudas. Además, las convocatorias se resuelven por concurrencia competitiva y el presupuesto disponible obliga a seleccionar. Se aprueba aproximadamente un 60 % de los proyectos que se presentan, lo que también permite priorizar su calidad.
Estamos viendo proyectos muy interesantes, algunos de gran calidad, que aportan innovación y contribuyen a mejorar la competitividad de las empresas participantes.
En un contexto de cambios tecnológicos tan rápidos, ¿qué papel desempeña la formación?
La formación es esencial. Las tecnologías avanzan de forma exponencial y el sector tiene que actualizarse para seguir siendo competitivo. Los agricultores necesitan información y conocimientos para desenvolverse en ese escenario.
Pero, además de estar formados, es importante que estén asesorados en sus explotaciones. Pueden surgir dudas o puede ocurrir que alguien crea que está haciendo algo correctamente cuando existe margen para mejorarlo. Por eso el asesoramiento es un complemento fundamental de la formación.
¿Cómo se presta ese asesoramiento y qué dificultades encuentran?
Contamos con una intervención del PEPAC que permite prestar asesoramiento a través de entidades y de sus técnicos. Los agricultores solicitan el servicio y reciben visitas y orientación para sus explotaciones. La Administración subvenciona a la entidad y el agricultor participa en una pequeña parte del coste.
La principal dificultad es la falta de asesores. Las entidades no siempre pueden atender toda la actividad que podrían desarrollar porque no encuentran suficientes profesionales. Eso limita la ejecución de las ayudas. Estamos revisando y flexibilizando los criterios de admisibilidad de los asesores, pero la disponibilidad de personal sigue siendo un reto.
¿Por qué es tan importante la transferencia de conocimiento?
Porque podemos investigar y realizar muchos ensayos, pero ese esfuerzo tiene que llegar al agricultor. La transferencia permite trasladar al sector los conocimientos que se generan desde la Administración, las empresas y las entidades que participan en estas actuaciones.
Por eso son tan importantes tanto las medidas de transferencia como la difusión de los resultados. El conocimiento debe llegar a quienes pueden utilizarlo en sus explotaciones.
¿Se conoce suficientemente el trabajo del Centro de Transferencia Agroalimentaria?
Creo que el CTA es un gran desconocido. Incluso dentro de la Administración, hasta que no te acercas a su actividad, cuesta hacerse una idea de todo lo que realiza.
Su trabajo abarca numerosos ensayos agrícolas, distintas unidades de cultivo y actuaciones relacionadas con el banco de germoplasma y la puesta en valor de las razas autóctonas. Muchas de estas actividades están vinculadas a las líneas de ayuda del PEPAC.
Tenemos que hacer un esfuerzo importante de comunicación para explicar esa labor. El CTA desempeña un papel fundamental en la transferencia de conocimiento a los agricultores y merece una mayor visibilidad.
¿Cuál es el principal reto ante el próximo periodo de la PAC?
La incertidumbre y la carga de trabajo que va a suponer prepararlo mientras seguimos gestionando las ayudas actuales. Habrá que definir las nuevas líneas, trabajar en los instrumentos de planificación y las bases reguladoras y preparar las siguientes convocatorias.
Una cuestión importante será la implementación de los costes simplificados en la gestión de las ayudas, requisito de los borradores del nuevo marco. Todo ello requiere preparación y organización, y dependerá de cómo queden finalmente aprobadas las normas y la financiación.
Es un reto para el conjunto del departamento. Desde el servicio, nuestro objetivo será mantener las líneas de formación, transferencia, asesoramiento, grupos operativos, apoyo a las razas autóctonas y en peligro de extinción así como LEADER, todas ellas atractivas y útiles para el sector y el medio rural.
Ha participado recientemente en un encuentro de Reviscolar. ¿Qué valor tienen los proyectos de cooperación entre comunidades autónomas?
LEADER es cooperación y creo que una parte importante de su esfuerzo debe dirigirse hacia ella. Pero cooperar cuesta: obliga a salir de la zona de confort, ponerse de acuerdo y compartir decisiones.
En este proyecto participan seis grupos de acción local, dos de Aragón, dos de Cataluña y dos de la Comunidad Valenciana. Cada comunidad tiene sus convocatorias y procedimientos administrativos, y hemos tenido que coordinarnos para hacer compatible la gestión. Encontramos buena predisposición por todas las partes y conseguimos superar esas barreras.
Además, son territorios vecinos que comparten una identidad cultural importante. Esa proximidad puede facilitar que el proyecto siga vivo cuando termine la subvención. Las fronteras administrativas no siempre coinciden con los vínculos culturales o económicos de un territorio, y la cooperación permite trabajar sobre esa realidad compartida.

