En Entrevista 2023 - 2027

Manuel Márquez, gestor de innovación en la FITA y miembro del equipo de coordinación del proyecto COVERCROPS, explica en esta entrevista los resultados de una iniciativa que ha estudiado la implantación de cubiertas herbáceas y plantas aromáticas entre frutales. El proyecto ha analizado sus efectos sobre multitud de factores, como la biodiversidad o los suelos, y ha llegado a conclusiones especialmente tangibles en el cultivo de salvia para diversificar las cosechas.

¿Cómo nació la idea de poner en marcha COVERCROPS y cómo se configuró el grupo de cooperación?

El origen está en Cinca Group, que tenía muchas ganas de trabajar en proyectos de investigación y que cuenta con una persona dedicada a la gestión de innovación. Además, es una empresa del mundo agroalimentario con un fuerte compromiso por el cuidado del medio ambiente.

A partir de ahí se planteó la posibilidad de trabajar sobre unas zonas que estaban bien conservadas, pero que limitaban con otras áreas agrícolas en las que se estaba produciendo una pérdida de biodiversidad asociada y abordar cuestiones como la compactación o la pérdida de materia orgánica en el suelo.

A partir de ahí fuimos juntando las distintas piezas. El CITA aportaba la parte de plantas aromáticas, Agro Cultívate su experiencia en cubiertas herbáceas y asesoramiento agrario, y también contábamos con el bagaje de proyectos anteriores. Vimos que había unas sinergias y unas capacidades multidisciplinares que se podían juntar para desarrollar el proyecto.

¿Y qué acciones se han realizado desde entonces?

Aparentemente puede parecer muy sencillo: sembrar cubiertas herbáceas y plantar plantas aromáticas en las calles entre los frutales. Pero el seguimiento ha sido muy intenso, porque ha sido multidisciplinar.

SEO/BirdLife se ha encargado del seguimiento de la entomofauna agrícola y, además, han colaborado la Universidad de Zaragoza, la Universidad de Salamanca y la Universidad de Alicante.

Por su parte, Agro Cultívate ha realizado un seguimiento continuado de la biomasa de las cubiertas herbáceas y muestreos de suelo al inicio y al final del proyecto para analizar distintos parámetros físico-químicos, la materia orgánica y la actividad biológica. También se ha realizado un seguimiento mediante índices de vegetación obtenidos por teledetección con dron.

¿Cuáles son los resultados más relevantes que habéis obtenido?

Los más relevantes a nivel económico son los relacionados con la salvia, porque supone una diversificación de la producción de la finca. Tenemos unas calles entre frutales que normalmente están destinadas al tránsito y manejo de la explotación y, con la salvia, tenemos un segundo producto para vender, destinado a la producción de aceites esenciales.

En nuestro caso, calculando los costes de riego, mano de obra, gasóleo, etcétera, la inversión inicial estaba en torno a los 2.700-2.900 euros por hectárea. Sin embargo, desde el primer año estamos cosechando salvia y, según las hipótesis del estudio, en dos o tres años se recupera la inversión. Además, no estamos afectando a los frutales ni mermando su producción.

Desde el punto de vista económico y práctico para un agricultor que quiera apostar por la diversificación de la explotación, es uno de los resultados más tangibles.

¿Y qué habéis observado en el caso de las cubiertas herbáceas?

En las cubiertas herbáceas también hemos visto algunos resultados, aunque hay que tener en cuenta que las diferencias no son todavía determinantes y que sería necesario realizar un seguimiento durante más años y de forma más exhaustiva.

Por ejemplo, los índices de biodiversidad han sido ligeramente superiores en las cubiertas dirigidas respecto a la cubierta testigo, formada por aquellas plantas que aparecen sin necesidad de hacer nada.

Con las abejas silvestres hemos observado algo parecido: las capturas fueron mayores en las cubiertas dirigidas, con 18 individuos frente a 13 en el testigo y 7 en la salvia. En cambio, la abeja doméstica ha mostrado mayor presencia en el testigo y también la hemos encontrado en las calles de salvia.

En cuanto al suelo, la materia orgánica se ha incrementado en general en los distintos tratamientos, pero esto lo asociamos al manejo de la finca y no podemos atribuirlo directamente a las cubiertas. En uno de los ensayos, en platerina, sí hemos observado un incremento de los índices de actividad biológica del suelo en la cubierta dirigida, que también asociamos a una mejor conservación de la humedad.

¿Estos efectos pueden repercutir también sobre el cultivo principal?

Sí. Hemos realizado el seguimiento fitosanitario de los árboles y hemos observado cuestiones interesantes. Por ejemplo, en puntos donde había una floración de mostaza muy intensa en primavera hemos visto una mayor depredación sobre el pulgón negro del cerezo, ya que acudían más insectos depredadores de estos. No es algo que suponga una reducción drástica de la presión de la plaga o del uso de fitosanitarios, pero sí una señal interesante que merece seguir estudiándose.

¿Puede este tipo de agricultura contribuir a la adaptación frente al cambio climático?

Directamente no lo hemos medido y no hemos visto una mejora específica que permita afirmar que las cubiertas hacen frente al cambio climático. De hecho, desde el CITA se instalaron sensores de humedad y temperatura para medir el microclima dentro de las calles y comprobar si las cubiertas herbáceas tenían algún impacto directo sobre los parámetros meteorológicos, y eso no lo hemos observado.

Indirectamente, sí puede plantearse como una posible solución de futuro. Si se está reduciendo el uso de agroquímicos y nosotros implantamos cubiertas herbáceas que pueden aportar un pequeño apoyo al control fitosanitario, estamos dando una posible solución más sostenible y adaptada.

En el caso de la salvia, la diversificación también puede plantearse como una adaptación indirecta. Si los frutales pierden producción o sufren un impacto climático severo, disponer de otro cultivo adaptado al territorio y al clima puede proporcionar al agricultor una posible generación alternativa de recursos. Pero esto ya es una interpretación y una hipótesis que va más allá de lo que hemos medido directamente en el proyecto.

Después de estos años de trabajo, ¿qué valor tiene la información que habéis conseguido?

Es importante porque muchas veces transmitimos lo que hemos hecho durante un proyecto y la conclusión acaba siendo que no se ha observado nada. En este caso, por suerte, hemos podido aportar datos de sobre algunos beneficios ambientales asociados a las cubiertas herbáceas y datos numéricos para la diversificación con salvia. Eso nos permite hacer una difusión más eficaz para que un agricultor valore si este tipo de actuaciones pueden tener aplicación en su explotación.


El proyecto “COVERCROPS: Cultivo y aprovechamiento de especies aromáticas y herbáceas entre frutales” está coordinado por la Fundación de Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón (FITA), y cuenta con una ayuda de 120.000 €. Pertenece a la intervención 7161 de “Cooperación de grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación en materia de productividad y sostenibilidad agrícola (AEI agri)”, cuyo presupuesto total para el periodo 2023-2027 es de 14.319.976 €.

El Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC) representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

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