Criada entre ganado y monte, esta joven ganadera aragonesa de Luna ha convertido una tradición familiar en un proyecto de futuro. Al frente de una explotación de vacuno bravo y manso de unas 300 cabezas, defiende el valor del medio rural, alerta del aumento de los costes del sector y reclama un mayor reconocimiento al papel del ganado en la prevención de incendios y el cuidado del territorio. Gracias a las ayudas PAC para jóvenes ha podido mejorar su trabajo al que dedica todo su tiempo y esfuerzo.
¿Qué te llevó a dedicarte a la ganadería?
Siempre es algo que me ha gustado ya que desde pequeña lo he visto en casa. Ahora contamos con una explotación de ganadería de vacuno bravo y manso que llega a las 300 cabezas.
¿Qué valor tiene para ti trabajar en el medio rural?
Esto es algo que me ha gustado de toda la vida y que tiene ventajas ante el medio urbano como la gran calidad de vida y el poder respirar aire puro pero también hay que destacar que es un trabajo duro que requiere estar pendiente de lunes a domingo.
¿Y cuáles son los principales retos para una joven ganadora en Aragón?
Ahora mismo el principal reto es conseguir llevar todo el proyecto hacia adelante.
El sector vacuno está pasando ahora un buen momento…
Sí que está pasando por un buen momento pero también hay que contar que los costes también han subido como en el resto de sectores y para nosotros son imprescindibles productos como el pienso, los medicamentos, etc…
¿Qué cambios te gustaría ver en el sector en los próximos años?
Principalmente nos gustaría conseguir subvenciones por llevar nuestro ganado para limpiar el monte al igual que se les paga a las brigadas por hacer el mismo trabajo; cuando hubo el incendio en el monte se logró parar gracias a uno de los senderos de nuestras vacas. Además, reclama el aumento del pago por la vaca nodriza o los montes comunales para la ganadería extensiva.


