En Entrevista 2023 - 2027

Noemí Arnal, joven agricultora de la comarca de Cariñena, ha decidido recoger el testigo de su familia tras formarse en Biología y crecer entre viñedos y viveros. Hoy, impulsa una nueva explotación de almendro y olivo mientras afronta los retos de la incorporación agraria: una elevada carga burocrática y precios en origen que distan de los que se ven al final de la cadena de distribución.

¿Qué te llevó a dedicarte a la agricultura?
Toda mi familia se ha dedicado a la agricultura desde mis abuelos y mis bisabuelos, sobre todo a la uva para vino. Yo estudié Biología y, una vez terminé, decidí continuar ese legado. También influyó que mis padres tienen un negocio de viveros, así que la idea era, además de poder continuar con el vivero, tener una producción propia y seguir vinculada al sector como productora de frutos secos, olivo y viña.

Estamos hablando de Viveros Arnal. ¿Estás cogiendo tú el testigo profesional del vivero?
Lo estamos cogiendo mi hermano y yo. Mi hermano también se ha incorporado como joven agricultor.

¿Desde cuándo gestionas la explotación?
El vivero va por un lado y la explotación por otro. El vivero no entra como finca de explotación, así que nosotros nos hemos hecho autónomos. Mis padres continúan con el negocio y nosotros hemos hecho una plantación propia de almendro y la de olivo la vamos a realizar esta primavera.

¿Qué trámites has tenido que realizar para formalizar tu incorporación?
Pues por un lado la solicitud de incorporación a jóvenes agricultores y luego también hemos pedido la ayuda de modernización para la finca. Para ello hemos contado con la ayuda tanto de la OCA de Cariñena como de UAGA.

¿Y en cuanto a la formación?
Hicimos el curso de incorporación, pero más allá de eso tampoco ha hecho falta más porque en casa hemos tenido siempre una base muy fuerte. La experiencia más importante nos la están aportando mis padres y mis abuelos, que llevan toda la vida dedicándose a esto.

¿Qué valor tiene para ti trabajar en el medio rural?
Muchísimo. Yo considero que sin agricultura no hay nada ya que para poder comer necesitamos a los agricultores y ganaderos. El sector primario es uno de los sectores más importantes que existen ahora mismo, aunque sea físico y sacrificado.

¿Cuáles dirías que son los principales retos para una joven agricultora?
En primer lugar, la burocracia. A veces el papeleo puede ser más complicado de sacar adelante que una finca. Y luego están los costes: cada vez son más altos, mientras que lo que recibe el agricultor por su producto es cada vez más bajo.

¿Qué cambios te gustaría ver en el sector primario en los próximos años?
Que nos ayuden más con el papeleo. Muchas veces tenemos que saber de todo y es más difícil de lo que parece. También que se siga impulsando a los jóvenes y que se agilicen los trámites, porque se alargan durante años.

¿Crees que eso puede obstaculizar el relevo generacional?
Sí. Es común que un joven agricultor necesite tener detrás el apoyo de algún familiar para poder aguantar y seguir adelante mientras llegan las ayudas.

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