«Convertir el dato en información para que el agricultor tome decisiones»
Lo primero, ¿cómo surge la idea del proyecto Barilabor?
El proyecto Barilabor es la continuación de otro proyecto previo, de una idea de concepto que presentamos dentro del Ministerio de Industria, también en colaboración con otros clústeres y fondos Next Generation, y cofinanciado con fondos FEADER. Fue una prueba de concepto que desarrollamos y éramos capaces de digitalizar o incluir tecnología en un arado de vertedera.
El concepto fue viable, vimos que era positivo, y Gober y Labor nos presentó la posibilidad de pensarlo, diseñarlo y trabajarlo ya en la cadena de valor. Los proyectos del Ministerio de Industria son consorcios más horizontales, más centrados en la industria, pero no cuentan con el agricultor, con el usuario final.
Sin embargo, los grupos operativos del PDR nos gustan mucho porque son verticales. Integramos desde el proveedor y fabricante hasta el posible distribuidor y el usuario final. Los prototipos no se quedan en un centro tecnológico ni en una universidad, sino que evolucionan con las propuestas y mejoras que el agricultor testea en su campo.
Estamos hablando de que el arado se convierte en una herramienta que aporta información del terreno.
Exacto. Deja de ser hierro para convertirse en un sensor.
La arada romana ha sido siempre un trozo de hierro que movía la tierra, pero ahora capta información de cómo está el suelo.
Un arado pasa por todo el campo, no hace muestreos cada 30 metros. El muestreo es total, no hay que interpolar datos. Eso nos permite obtener un mapa completo de compactación del suelo y relacionarlo con la productividad.
¿Está preparado el agricultor para todo este nivel de digitalización y análisis de datos?
No, no está preparado, por desgracia. El agricultor tiene que sembrar, regar, abonar, aplicar fitosanitarios, cosechar y pensar en el siguiente ciclo. No queda tiempo.
¿Cómo podemos pensar que todavía le cabe tiempo en la cabeza para analizar compactación, mapas NDVI o imágenes satelitales cada cinco días? Es imposible.
Además, la estrategia actual es crecer en hectáreas para aplicar economía de escala. Más hectáreas suponen más trabajo y menos tiempo para aplicar agricultura de precisión.
Entonces, ¿cómo se puede hacer viable todo esto para explotaciones familiares?
Hay que encontrar el modelo. Estamos en la búsqueda de un modelo que lo haga viable con empresas proveedoras de servicio. Igual que el agricultor compra fertilizante o contrata una cosechadora, tendrá que contratar conocimiento.
El asesor agronómico independiente no está muy implantado en España. Normalmente el asesor está ligado a casas comerciales que prescriben su propio producto. No es imparcial. Ese asesor le permitirá usar mejor la tecnología, alimentar los sistemas con buenos datos y transformar esos datos en información útil.
Al final todo pasa por compartir datos y optimizar recursos.
Exacto. Recoger información, medir y convertir el dato en información.
El valor no está en el sensor, sino en integrar los datos y convertirlos en información que ayude a tomar decisiones.
La decisión siempre la toma el agricultor, pero con buena información. Cuantos más datos bien transformados, más fácil es controlar el campo.
¿En qué punto del proyecto os encontráis ahora mismo?
Estamos en la fase final. El equipo es funcional, labra y mantiene profundidad. Hemos redimensionado hidráulica, cambiado cableados y corregido defectos de diseño. Estamos casi en fase de mercado, en testeo en entorno real. El campo es un entorno durísimo: polvo, piedras, horas de trabajo. Eso obliga a probar mucho. La electrónica, el software, la hidráulica y la comunicación Isobus ya están. Ahora toca hacer horas y pulir detalles.
También estáis trabajando en un prototipo adaptado a robótica agrícola.
Sí. Estamos desarrollando un arado más pequeño para un robot agrícola autónomo de una startup catalana. Permitirá labrar de forma autónoma a una profundidad exacta. El tractor es el elemento de tracción, pero las labores agrícolas las hacen los aperos. Y aquí es donde está la innovación.
¿Por qué este tipo de proyectos os encajan especialmente bien como clúster?
Porque es innovación vertical. Incorporas toda la cadena de valor y llevas el concepto al campo con visión de mercado. No diseñamos prototipos que se quedan en un estudio o en una patente.Hemos participado en nueve proyectos vinculados a fondos europeos a través del Gobierno de Aragón. Es un formato que funciona.


