En Entrevista 2023 - 2027

«Sin transferencia de conocimiento dejamos de ser competitivos»

Cerca de 81 millones de euros gestiona este servicio de lo que son fondos FEADER. ¿Qué significa ese presupuesto dentro de lo que es el Servicio de Innovación y Transferencia Agroalimentaria?

En el conjunto hay dos bloques. Uno es el de las medidas transversales, que son cooperación, asesoramiento, formación y transferencia, y otro es el de los grupos Leader.
Además, gestionamos los compromisos de conservación de recursos genéticos, las razas autóctonas, que ya venían del anterior PDR y entrarán en el PEPAC el año que viene, siendo la primera convocatoria financiada ya con PEPAC.

Quitado el Leader, el resto de intervenciones se centran en cooperación y transferencia de conocimiento.

Sí. Cooperación, asesoramiento, transferencia de conocimientos y formación.
Estas son las cuatro medidas transversales. Hubo novedad en el anterior PDR con la incorporación del asesoramiento y la cooperación, y este PEPAC es más continuista porque todas las unidades ya lo tienen integrado.

Cerca de 30 millones de euros. ¿Qué supone eso en transferencia de conocimiento y cooperación?

Son las dos principales medidas de transferencia de conocimiento.
Por un lado, los grupos de cooperación, con dos millones y medio o tres millones al año, con unos 22 grupos seleccionados para proyectos innovadores y proyectos piloto innovadores. Estamos en la undécima convocatoria y es la estrella, está muy rodado.

La segunda medida destacada es el asesoramiento14 entidades de asesoramiento para impartir asesoramiento a unos 3.000 agricultores al año, de los cuales la mitad son para el seguimiento de los planes empresariales de jóvenes agricultores. Esto es fundamental. Un joven agricultor, como no tenga un asesor competente que sea como su sombra, no duerme por las noches. El asesoramiento no es solo necesario, es imprescindible.

¿Qué otras herramientas de transferencia se están impulsando?

La red experimental de transferencia de conocimientos, reforzada con un convenio con la Federación de Cooperativas, ARAX, en un sistema público-privado, que es prácticamente único en España. Los grupos de cooperación financian en parte esa red experimental, donde están las grandes cooperativas, el centro de transferencia y los técnicos de campo.

Al hilo de esta red se organiza la jornada Cultiva, la más potente de España en esta materia, que ha pasado de 900 asistentes a 1.800, con posibilidad incluso de ampliarse a dos jornadas. Además, hay 300 actividades formativas no regladas, sobre agricultura de precisión, ecológica, nuevas tecnologías, drones y todas las temáticas que demanda el sector.

¿Estos fondos están invirtiendo en el agricultor del presente y del futuro?

Sí, totalmente. Y con una ventaja muy clara: con poco dinero haces mucho trabajo. Estamos hablando de convocatorias de cooperación con tres millones, transferencia con medio millón, asesoramiento con cinco o seis millones, que es lo que cuestan tres kilómetros de tubería en Los Monegros. En cooperación trabajamos con más de 120 beneficiarios distintos por convocatoria: comunidades de regantes, asociaciones ganaderas, cooperativas, empresas privadas, todas respaldadas por centros de investigación. Cierras todo el círculo, desde el agricultor hasta el sector investigador.

¿Cómo va el ritmo de convocatorias y ejecución?

Vamos según lo previsto. En enero se publican las convocatorias de formación, transferencia, razas y asesoramiento, y en marzo la de grupos de cooperación. Esto es clave porque si convocas tarde, se ejecuta mal.
Los agricultores en verano no están para cursos, están para trabajar en el campo.

Con la experiencia del anterior PDR, ¿hacia dónde debería evolucionar este tipo de intervenciones?

Estas medidas están expresamente recogidas en los reglamentos porque son importantes.
La clave es la continuidad del modelo, ya estamos en el tercer periodo con estas medidas y prácticamente todas las comunidades las aplican, aunque sean complejas de gestionar. Si no somos competitivos, la rentabilidad baja, y cuando una explotación cierra, se acaba para siempre.

¿Qué mejoras ves necesarias de cara al próximo periodo?

El gran reto es la aplicación de costes simplificados, sobre todo para mano de obra y actividades formativas, para evitar miles de facturas y simplificar la gestión.
Toda la tramitación ya es electrónica, tanto solicitudes como pagos, y eso ya funciona bien. El siguiente paso es simplificar la justificación.

Y en cuanto al Leader, ¿cómo está funcionando el modelo actual?

En ejecución va bien. La clave ha sido la existencia de un organismo intermedio, la Red Aragonesa de Desarrollo Rural. Sin esa descentralización, habríamos colapsado.
Ellos gestionan expedientes, facturas y certificaciones, y desde el servicio hacemos control y seguimiento. Es una experiencia exportable a otras comunidades, aunque requiere voluntad política, servicios jurídicos alineados y una estructura administrativa sólida.

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