En Reportaje 2023 - 2027

La lucha contra la despoblación no se resuelve con una única medida ni con soluciones rápidas. Requiere constancia, conocimiento del territorio y, sobre todo, coordinación entre quienes viven en los pueblos y quienes desean hacerlo. Con esa premisa nació hace seis años el proyecto de cooperación Pueblos Vivos, una iniciativa impulsada por parte de varios Grupos de Acción Local que trabajan para mantener la población en el medio rural aragonés y facilitar la llegada de nuevos pobladores, en coherencia con los objetivos del Plan Estratégico de la Política Agraria Común (PEPAC).

El proyecto está coordinado actualmente por Elena Giral, que destaca el valor diferencial de Pueblos Vivos: “Conocemos el medio rural de primera mano, y eso nos facilita mucho el acompañamiento a quienes quieren vivir en nuestros pueblos”, explica. Esa experiencia acumulada permite ofrecer respuestas realistas a un reto complejo, en el que intervienen numerosos factores sociales, económicos y culturales.

En sus primeras fases, el trabajo de Pueblos Vivos se centró especialmente en la sensibilización de la población local. “Era importante demostrar que sí se podía frenar la despoblación”, señala Giral. Para ello se elaboró una guía de buenas prácticas que abordaba uno de los aspectos clave del proceso: la adaptación mutua entre quienes llegan y quienes ya viven en el territorio.

Con el tiempo, el proyecto ha ido ajustando sus líneas de actuación a las necesidades detectadas. Y así llegamos a la actualidad, donde el proyecto trabaja en varios frentes de manera simultánea. Por un lado, impulsa campañas de difusión para dar a conocer la vida en el medio rural fuera de Aragón, especialmente en grandes ciudades. Por otro, colabora en la generación de oportunidades laborales, dando continuidad a empresas que no cuentan con relevo generacional. A todo ello se suma el establecimiento de alianzas con otras entidades y proyectos que comparten el mismo objetivo de revitalización demográfica.

Elena Giral, responsable de coordinación de Pueblos Vivos

Otro de los elementos que distingue a Pueblos Vivos es su capacidad de intermediación. Desde entidades como CEDER Somontano, con más de 25 años de trayectoria en el territorio, se mantiene una relación directa con ayuntamientos, empresas, propietarios de viviendas y tejido social. “Eso nos permite ayudar tanto a encontrar vivienda como empleo”, explica Giral. Y es que los ayuntamientos juegan un papel clave: cuando disponen de viviendas municipales en alquiler, lo comunican al proyecto para su difusión. Al mismo tiempo, existe una base de datos de familias interesadas en trasladarse al medio rural, lo que facilita el encaje entre oferta y demanda.

El acceso a la vivienda es, precisamente, uno de los principales retos. Para abordarlo, Pueblos Vivos colabora con iniciativas como Somontano Alquila, un programa que identifica viviendas vacías susceptibles de incorporarse al mercado de alquiler. En este proceso, se ofrece a los propietarios la intermediación de un técnico especializado que acompaña y resuelve posibles incidencias. Además, el proyecto organiza talleres y encuentros entre alcaldes para compartir experiencias, desde la rehabilitación de viviendas municipales hasta fórmulas innovadoras como la vivienda colaborativa.

En el ámbito laboral, el trabajo es igualmente directo. El equipo mantiene contacto con empresas para identificar necesidades de personal y difundir ofertas de empleo a través de sus canales. “Conseguir trabajo suele ser más fácil de lo que parece, sobre todo cuando la persona se implica y se desplaza para hacer entrevistas”, apunta Giral. En muchos casos, la inserción laboral se consolida tras unos meses, gracias a la colaboración con empresas locales y de trabajo temporal.

Aun así, las dificultades existen. La movilidad y el acceso a servicios básicos siguen siendo obstáculos importantes, especialmente para familias con hijos o para personas sin vehículo propio. A ello se suma el proceso de adaptación al entorno, que requiere acompañamiento constante en aspectos como la escolarización o la integración social.

Pese a todo, los resultados confirman que el modelo funciona. Elena Giral recuerda un caso reciente especialmente significativo: una familia que, en una misma visita, consiguió trabajo y vivienda en un municipio rural. “En quince días estaban instalados”, explica. Por ello, historias como esta reflejan que, cuando se alinean las oportunidades y existe coordinación entre administraciones, empresas y proyectos de cooperación, el medio rural ofrece futuro.

Pueblos Vivos demuestra que repoblar no es solo atraer personas, sino crear las condiciones para que puedan quedarse. Y en ese equilibrio entre territorio y oportunidades reside la fuerza de su impacto.

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