En Entrevista 2023 - 2027

Desde hace seis años, el proyecto de cooperación Pueblos Vivos trabaja para frenar la despoblación, manteniendo la población local y atrayendo a nuevos pobladores en el medio rural aragonés. Su coordinadora, Elena Giral, destaca la importancia de la colaboración entre ayuntamientos, empresas y Grupos de Acción Local en esta tarea, que no está exenta de retos y agradecidos finales felices. “Conocemos el territorio en profundidad, y eso nos facilita mucho el acompañamiento a quienes quieren vivir en nuestros pueblos”, explica Giral.

¿Cómo surgió el proyecto Pueblos Vivos y cómo ha evolucionado?

El proyecto nació hace ya seis años con el objetivo de mantener la población y facilitar la llegada de nuevos pobladores a los municipios rurales. Yo me incorporé hace algo más de un año, en la tercera fase, pero el proyecto ha ido adaptando sus líneas de actuación según las necesidades detectadas. Al principio se trabajó mucho en sensibilizar a la población local, en mostrarles que se sí que se podía frenar la despoblación y en elaborar una guía de buenas prácticas, porque la llegada de gente nueva, a veces de otras regiones o países, requiere un proceso de adaptación mutuo. Ahora, trabajamos en impulsar campañas para dar a conocer la vida en el medio rural fuera de Aragón, sobre todo en grandes ciudades; en generar oportunidades de empleo dando continuidad a empresas sin relevo; y en establecer alianzas y colaborar con otros proyectos y entidades, que como nosotros, trabajan en la misma línea de lucha contra la despoblación.

¿Qué diferencia a Pueblos Vivos de otras estrategias contra la despoblación?

Nuestra principal fortaleza es el conocimiento profundo del territorio. Desde CEDER Somontano llevamos más de 25 años trabajando en la comarca y conocemos de primera mano a los ayuntamientos, las empresas, los propietarios y el tejido social. Esto facilita mucho el acompañamiento a quienes quieren venir a vivir a nuestros pueblos, porque podemos ayudarles tanto a encontrar vivienda como empleo.

Además, muchos ayuntamientos colaboran con nosotros: cuando disponen de una vivienda municipal en alquiler, nos avisan para difundir la oferta. También tenemos una base de datos de familias interesadas y, cuando encontramos los perfiles adecuados, los ponemos en contacto con empresas que necesitan personal.

Entre vuestros objetivos estará aumentar la oferta de vivienda y empleo en los pueblos. ¿Qué acciones concretas se están llevando a cabo en esta línea?

Pues, por ejemplo, en la Comarca del Somontano existe el proyecto “Somontano Alquila”, que ayuda a localizar casas que se podrían alquilar pero que no están en el mercado. En este proceso se les ofrece a los dueños la posibilidad de ponerlas a disposición del programa, es decir, a entrar en el circuito de alquiler convencional, pero con la intermediación de un técnico especializado para resolver cualquier incidencia.

Desde Pueblos Vivos también organizamos talleres y charlas para compartir experiencias entre alcaldes, como casos de municipios que han expropiado solares abandonados o que están impulsando proyectos de vivienda colaborativa en suelo municipal. A su vez damos a conocer ayudas de la Diputación de Huesca o del Gobierno de Aragón para rehabilitar viviendas municipales.

Por otro lado, en tema de empleo, estamos en contacto directo con empresas y asociaciones empresariales, identificando ofertas de empleo y difundiéndolas en nuestras redes sociales.

¿Qué dificultades suelen encontrarse las familias que deciden instalarse en el medio rural?

El acceso a la vivienda y la movilidad son los principales obstáculos. Conseguir trabajo suele ser más fácil, sobre todo si la persona se implica y se traslada para hacer entrevistas. Colaboramos con empresas de trabajo temporal y empresas locales para facilitar la inserción laboral, y muchas veces logramos que la contratación sea directa tras unos meses.

Pero sin coche, por ejemplo, la vida diaria se complica, especialmente para las mujeres o las familias con hijos. A eso se suman cuestiones como la escolarización o la adaptación al entorno, que requieren acompañamiento constante.

¿Podrías compartir algún caso reciente de éxito?

¡Sí! Este verano tuvimos un caso muy bonito. Una familia llegó para conocernos y, casualmente, el mismo día consiguieron trabajo y vivienda. Él trabajaba limpiando cisternas en Barcelona y, al hacer una de las visitas en un pueblo, se cruzó con el dueño de una empresa local que buscaba justo ese perfil. En quince días estaban instalados. Casos así demuestran que, cuando se alinean las circunstancias y hay coordinación entre instituciones, el proyecto funciona muy bien.

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