Saray Pérez representa la resistencia de la ganadería extensiva en la alta montaña aragonesa. Criada en el valle de Hecho, tomó el relevo generacional de su familia como proyecto vital. Pero no todo suena tan idílico. Pérez reivindica la burocracia y la amenaza constante de las enfermedades sanitarias como factores de incertidumbre para mirar hacia el futuro. Defiende así el papel crucial de sus animales: si se abandonasen, no solo muere una profesión, sino que desaparece el paisaje y el alma de los pueblos del Pirineo.
En primer lugar, ¿a qué te dedicas principalmente?
Me dedico a la ganadería, en concreto a ganadería extensiva de vacuno.
¿Cómo es para ti el día a día trabajando en un territorio como Hecho?
Es con lo que nos hemos criado. Para nosotros no hay nada fuera de esto, es la costumbre que tenemos. Es lo que he visto toda la vida en mi casa, por mi padre. Para nosotros no es un trabajo, es una manera de vivir. No te levantas pensando que tienes que ir a trabajar.
¿Encuentras dificultades por trabajar en un territorio como este?
La agricultura aquí no es como en las zonas llanas del valle del Ebro, tenemos los campos y los medios que tenemos. Pero, más que eso, la mayor dificultad encuentro que viene por parte de la Administración. El papeleo y los trámites son lo más complicado. Antes hacías algo con un papel y ahora necesitas siete. Desde los despachos apuntan cómo tienes que trabajar o criar al ganado, y eso no se acaba de ajustar a la realidad.
«Las enfermedades nos hacen temblar: puedes tenerlo todo y mañana no tener nada»
¿Qué pasaría si se abandonara la actividad agraria en estos territorios?
Los pueblos estarían condenados. Aquí, en el valle, lo que manda es la ganadería. Si desaparece, desaparece todo.
¿Y desde el punto de vista del paisaje?
Cambiaría totalmente. Los animales ayudan a mantener los montes. Un monte sin pastar no tiene nada que ver con uno que sí lo está. Se notaría muchísimo, también para el turismo.
Mirando al futuro, ¿qué preocupaciones tienes?
Las enfermedades son un problema muy grande. Puedes tenerlo todo y mañana no tener nada. Cada poco tiempo aparecen enfermedades que te hacen temblar. La dermatosis nodular, por ejemplo, ha acabado con explotaciones enteras. Y aunque haya seguros, nunca compensan realmente lo que pierdes, ni económicamente ni a nivel personal. Esto no es como cerrar una tienda; una ganadería es toda una vida y no se construye en pocos años.
¿Qué crees que haría falta para mejorar el futuro del sector?
Sobre todo, que las exigencias sean más realistas. Se piden algunas cosas que se alejan de la realidad del campo o son difíciles de cumplir. En mi caso tuve la suerte de incorporarme teniendo ya una base familiar, pero para alguien que empieza de cero es muchísimo más complicado.


