En Entrevista 2023 - 2027

La modernización del regadío ha permitido optimizar el uso del agua, pero también ha incrementado la dependencia energética de las explotaciones. El proyecto CER-AGUA, coordinado por Riegos del Alto Aragón, estudia cómo aprovechar los excedentes de energía renovable generados por las comunidades de regantes para impulsar comunidades energéticas locales, mejorando la competitividad del territorio y avanzando hacia un modelo más sostenible. Yolanda Gimeno, jefa del Área de Medio Ambiente de Riegos del Alto Aragón y coordinadora del proyecto, detalla en esta entrevista las claves de la iniciativa.

¿Por qué el agua y la energía están hoy tan relacionadas cuando hablamos de regadío?

La modernización del regadío ha supuesto pasar del riego tradicional por acequias a sistemas presurizados mucho más eficientes en el uso del agua. Sin embargo, esa mejora requiere energía para impulsar el agua cuando la orografía no permite hacerlo por gravedad. Ya sea que esa energía proceda de la red eléctrica o de instalaciones fotovoltaicas, se ha convertido en un elemento imprescindible de la infraestructura actual.

¿Cómo surge la necesidad de poner en marcha un proyecto como CER-AGUA?

El punto de inflexión llegó en 2008, cuando desapareció la tarifa especial de riego. Desde entonces, el coste de la energía se ha incrementado de forma muy importante, y las comunidades de regantes comenzaron a buscar alternativas para reducir su factura energética mediante una mejor gestión del consumo y la implantación de energías renovables. Ahí es cuando nace CER-AGUA, un proyecto cooperativista para el aprovechamiento de esa energía.

¿Qué papel ha jugado la energía fotovoltaica en esa transformación?

Muchas comunidades de regantes han apostado por instalaciones fotovoltaicas para reducir sus costes energéticos. Además, estos sistemas han sido impulsados dentro de los procesos de modernización del regadío porque contribuyen a mejorar la eficiencia energética y a reducir la huella de carbono.

Si la generación renovable ya existe, ¿dónde aparece el problema que aborda CER-AGUA?

El principal problema es que la producción y el consumo no coinciden completamente. La agricultura, al tratarse de un sector tan estacional, no requiere de un uso intensivo del riego durante el invierno por ejemplo. Por este motivo, las instalaciones generan excedentes de energía que no siempre pueden aprovecharse.

¿Entonces cuál es la propuesta del proyecto?

CER-AGUA analiza esos excedentes para buscar fórmulas que permitan utilizarlos localmente mediante autoconsumo colectivo o comunidades energéticas. El objetivo es que esa energía pueda beneficiar a vecinos, empresas o industrias próximas.

¿Y qué beneficios tiene para el medio rural?

Las comunidades de regantes disponen de instalaciones fotovoltaicas de gran capacidad que pueden convertirse en un recurso compartido. Aprovechar esa energía permite reducir costes energéticos a otros usuarios del entorno y favorecer un desarrollo territorial más competitivo y sostenible.

¿Qué modelos estáis estudiando dentro del proyecto?

Estamos cotejando distintas alternativas. Una de ellas consiste en suministrar directamente energía a industrias cercanas. Otra estudia el desarrollo de autoconsumo colectivo con poblaciones próximas. Además, también valoramos la creación de comunidades energéticas que agrupen a diferentes comunidades de regantes e, incluso, modelos de ámbito comarcal para gestionar conjuntamente los excedentes.

¿Cuál es el principal obstáculo para desarrollar estas soluciones?

La principal dificultad es la limitación existente para verter esa energía a la red eléctrica. Aunque las instalaciones disponen de excedentes renovables, actualmente existen restricciones que dificultan compartir esa energía con otros consumidores cercanos.

¿Qué supondría superar esa barrera?

Permitiría aprovechar una energía que ya se está produciendo y que hoy, en buena parte, se pierde. Eso beneficiaría tanto a las comunidades de regantes como a empresas, industrias o servicios del entorno, además de contribuir a reducir las emisiones asociadas al consumo energético.

¿Qué impacto medioambiental podría tener esta iniciativa?

Muy importante. En muchos territorios existen actividades industriales, como los secaderos agrícolas, que todavía utilizan combustibles fósiles o biomasa. Poder abastecer parte de ese consumo con energía renovable generada localmente reduciría de forma significativa la huella de carbono.

¿Cuál es el objetivo final de CER-AGUA?

Demostrar que las infraestructuras renovables ya existentes en las comunidades de regantes pueden aprovecharse mucho mejor mediante soluciones colectivas. Se trata de convertir un recurso que actualmente está infrautilizado en una oportunidad para impulsar el desarrollo del medio rural.


El proyecto “CER-AGUA: Análisis y Fomento de la creación de comunidades de energía renovable en regadío” está liderado por Riegos Alto Aragón y cuenta con una ayuda de 150.000 €. Pertenece a la intervención 7161 de “Cooperación de grupos operativos de la Asociación Europea para la Innovación en materia de productividad y sostenibilidad agrícola (AEI agri)”, cuyo presupuesto total para el periodo 2023-2027 es de 14.319.976 €.

El Plan Estratégico de la Política Agraria Común 2023-2027 (PEPAC) representa la mejora de la productividad y de la competitividad del sistema agroalimentario como base de la economía y de la generación de empleo rural, la gestión sostenible de recursos naturales y la acción por el clima y el desarrollo territorial equilibrado.

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