En Entrevista 2023 - 2027

Elvira Samper representa la nueva cara del sector primario en Aragón: joven, formada y conectada. Aunque le venía de familia, no fue hasta terminar la carrera cuando redescubrió la agricultura y empezó a cobrar fuerza la idea de plantear su proyecto de vida en su localidad de origen, Caspe. En esta entrevista, Samper analiza cómo las ayudas a la incorporación y la digitalización no solo han llevado la explotación de sus padres a la actualidad, sino que han transformado un oficio tradicionalmente sacrificado en un proyecto de vida basado en la eficiencia técnica.

¿Qué te llevó a tomar la decisión de incorporarte profesionalmente a la agricultura?

Hay varias razones, pero la principal es que soy de Caspe y en mi casa siempre se han dedicado a la agricultura y la ganadería. Me fui a estudiar fuera y, cuando terminé la carrera, volví en verano mientras buscaba trabajo de lo mío. Empecé a ayudar a mi familia, sobre todo a mi hermano, que también quería incorporarse, y ese verano me quedé echando una mano. Vi que me gustaba y, aprovechando que existían las ayudas de incorporación, lo planteamos como un proyecto familiar entre los dos. Finalmente decidí quedarme.

Entonces había un arraigo familiar importante.

Sí, aunque es curioso porque nunca le había hecho caso. Siempre decía que no me dedicaría al campo, pero al empezar a ayudar en casa cambié de opinión y decidí probar.

¿Ese verano fue el momento clave?

Sí. Me di cuenta de que me gustaba estar allí. Además, me gusta mucho vivir en el pueblo y la vida rural más que la de ciudad, así que eso también influyó. Si hubiera buscado trabajo de lo que estudié, probablemente me habría tenido que ir.

A la hora de dar el paso definitivo, ¿qué obstáculos encontraste?

La verdad es que no encontré muchos. En mi caso fue bastante sencillo porque partía de una explotación familiar. Aproveché la oportunidad de adquirir unas tierras cercanas y me incorporé a partir de ahí. En cuanto a trámites, no fue especialmente complicado.

No todo el mundo cuenta con ese apoyo inicial.

Claro, en mi caso venía de una familia que ya se dedicaba a esto, y eso facilita mucho las cosas. Además, la ayuda de incorporación como joven agricultora fue clave para dar el impulso necesario, porque al principio necesitas inversión en infraestructuras. La suma de todo hizo que mi incorporación fuera bastante sencilla.

¿Eso te permitió ampliar la explotación?

Más que ampliar, nos permitió mantenerla y ponerla al día. Mis padres estaban llegando al final de su etapa laboral y había que decidir el futuro de la explotación. Cuando mi hermano y yo nos incorporamos, vimos que era necesario actualizar muchas cosas: maquinaria, infraestructuras y también la gestión documental, que era más antigua. Hoy en día todo se hace de forma mucho más digital, y en ese momento no se trabajaba así. Más que crecer, nuestro objetivo fue adaptar la explotación al momento actual.

¿En qué consistieron las ayudas que recibiste?

Había una parte económica, pero también formación y asesoramiento. Tuve que realizar un curso en Ejea de los Caballeros y, además, conté durante dos o tres años con el apoyo de un técnico. Para mí fue fundamental porque, aunque venía de familia agrícola, no tenía formación específica en el sector.

Mirando al presente, ¿volverías a tomar la decisión de incorporarte?

Sí, me volvería a incorporar. Es un sector difícil, pero también muy enriquecedor. Quizá ahora, con lo que he aprendido, matizaría algunas cosas, pero no cambiaría la decisión.

¿Qué crees que hace falta para que más jóvenes se incorporen al campo?

Es normal que muchos jóvenes no vean atractivo el sector, porque hay otras profesiones que parecen ofrecer más facilidades. Pero la agricultura y la ganadería tienen muchas cosas positivas: hoy en día están mucho más modernizadas, hay mecanización y tecnología que permiten tener una vida más equilibrada.

¿Ha cambiado mucho respecto a generaciones anteriores?

Sí, antes era mucho más sacrificado en cuanto a disponibilidad de tiempo. Ahora hay herramientas y mecanización que facilitan el trabajo y permiten una mejor calidad de vida, aunque sigue siendo un sector exigente y tiene que gustarte. En mi caso, por ejemplo, utilizo siembra directa y muchas herramientas digitales. Todo eso facilita el trabajo, pero desde fuera del sector muchas veces no se conoce.

¿Qué papel han jugado las ayudas públicas en tu trayectoria?

Han sido fundamentales. Desde que me incorporé he ido solicitando diferentes ayudas: planes de modernización, apoyo a maquinaria… Mi evolución siempre ha ido de la mano de la administración. Estas ayudas permiten asumir inversiones que, de otra forma, serían muy difíciles.

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