El Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara no son solo un catálogo de paisajes espectaculares, sino un territorio vivo donde la propiedad privada y la actividad económica marcan el paso de la conservación. José Luis Otín, presidente de su Patronato, defiende un modelo de gestión donde la protección ambiental no asfixie la supervivencia de sus 1.200 habitantes. En esta entrevista, Otín analiza el papel crucial de los fondos europeos para sostener la ganadería y el turismo, al tiempo que advierte sobre la amenaza de la despoblación en uno de los espacios naturales más emblemáticos de Aragón.
¿Cuál es para usted el papel que desarrolla en el parque y cómo se lo explicaría a alguien que no lo conoce?
Lo primero que hay que entender es que se trata de un parque singular. Es un parque habitado, con actividad económica, y en el que la mayor parte del territorio es propiedad privada. Por tanto, no hablamos de un espacio de dominio público en su conjunto donde la administración pueda actuar con total libertad, sino de un territorio en el que hay que contar con la participación social. Las decisiones que se toman afectan a la vida diaria de las personas que viven allí, que desarrollan su actividad profesional, familiar y económica. El reto es conjugar la conservación de los valores naturales con el desarrollo sostenible de la vida económica de la población.
¿Diría que ese equilibrio es uno de los principales retos del parque hoy en día?
Sí, sin duda. Estamos hablando de un parque habitado y el problema de la despoblación del medio rural se siente aquí con mucha intensidad. Es difícil que un joven decida quedarse si no puede emprender o desarrollar una actividad. Muchas explotaciones agroganaderas necesitan infraestructuras o inversiones que en otros lugares quizá no son necesarias. Aquí, para poder sobrevivir en el territorio, a veces hace falta levantar una granja o un aprisco, y eso se encuentra con limitaciones derivadas de la normativa de los espacios naturales y de la legislación en materia de conservación.
¿Las inversiones realizadas han ayudado a impulsar o al menos sostener la actividad en el parque?
Sí, muchas actuaciones han sido posibles gracias a los fondos de desarrollo rural, en concreto a los fondos FEADER, que se financian de manera compartida entre el Ministerio, el Gobierno de Aragón y la Unión Europea. Estos fondos han permitido numerosas actuaciones: ayudas a los ayuntamientos por el territorio que ocupa el parque en sus municipios, subvenciones a particulares (aunque en menor medida en los últimos años), o apoyos a agricultores y ganaderos que les ayudan a continuar con su actividad. También han financiado cuadrillas para el mantenimiento de senderos y espacios de uso público, estudios de investigación sobre fauna y flora, o infraestructuras como aparcamientos y centros de interpretación. Son muchas actuaciones que han supuesto un apoyo importante para el territorio.
En ese sentido, ¿qué papel juega la población que vive en el parque?
El habitante es clave. Cuando un espacio deja de estar habitado, necesita una vigilancia muy especial porque aparecen muchos riesgos de degradación. El visitante puede admirar la naturaleza, pero quien realmente la cuida es quien vive allí todos los días. Es quien conoce los peligros, quien sabe qué puede favorecer o perjudicar al territorio. Pensemos, por ejemplo, en el riesgo de incendios: mantener los campos cultivados, que haya ganado, que el monte no se cargue de material combustible… todo eso ayuda a prevenir catástrofes.
A veces se percibe al habitante del medio natural como un obstáculo para la conservación.
Es una percepción equivocada. A veces desde algunos ámbitos de la administración se ve al habitante como un enemigo, cuando en realidad es todo lo contrario: es la garantía de continuidad de esos valores ecológicos. Nadie respeta más la naturaleza que quien vive y trabaja en ella cada día.
¿Qué le diría a quienes cuestionan las inversiones públicas en el medio rural?
La naturaleza es la base de todo. En situaciones como una pandemia o ante catástrofes naturales, al final lo que queda es la naturaleza, de la que dependen cuestiones tan básicas como la alimentación. Si no tenemos calidad en los productos del campo o no cuidamos los bosques y el paisaje, acabaremos teniendo más problemas de salud y más dificultades como sociedad. Es cierto que el medio urbano necesita servicios y atención, pero también debemos apoyar a quienes resisten en el medio rural, donde los servicios son más escasos y están más dispersos. Mantener población en estos territorios beneficia al conjunto de la sociedad.
«Mantener población en Guara beneficia a toda la sociedad, no solo a quienes resisten en el medio rural»
¿Qué reivindicaciones siguen pendientes en espacios como el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara?
Una de las principales dificultades es el exceso de normativa. La actividad económica en el medio rural está sometida a una cascada legislativa procedente de la normativa europea, estatal y autonómica. En muchos casos, los profesionales acaban dedicando más tiempo a la burocracia que a su propio trabajo. Esto afecta tanto al sector ganadero como a otras actividades, incluido el turismo. Cumplir todas las normas supone un esfuerzo enorme y, si no se alivia esa carga, muchas personas pueden acabar abandonando el territorio en busca de una vida más sencilla en la ciudad.
¿Qué herramientas ayudan a impulsar el desarrollo en el territorio?
Los grupos de acción local tienen un papel muy importante porque gestionan fondos europeos de desarrollo rural que incentivan el emprendimiento. Estas ayudas permiten que alguien pueda poner en marcha una nueva actividad —ganadera, comercial o de otro tipo— y mantenerla durante los primeros años. Sin ese apoyo sería muy difícil iniciar nuevos proyectos en el medio rural. Son herramientas fundamentales para mantener vivo el territorio.


