La Comunidad de Regantes de Binéfar se encuentra en plena metamorfosis hacia un modelo de agricultura de precisión. Tras completar una primera fase que ha transformado el día a día de más de 300 comuneros, su presidente, David Pérez, analiza el salto cualitativo que ha supuesto abandonar el riego tradicional por inundación en favor de sistemas presurizados. Con la mirada puesta en una segunda fase marcada por la energía fotovoltaica, Pérez destaca cómo la tecnología no solo optimiza cada gota de agua, sino que devuelve al agricultor el recurso más valioso: su tiempo.
Con tus palabras, ¿qué representa la Comunidad de Regantes de Binéfar?
La Comunidad de Regantes representa la labor de distribución y gestión del riego y del agua hacia los agricultores y comuneros que forman parte de esta comunidad.
¿A cuántos agricultores y a cuántas hectáreas da servicio actualmente?
Es una comunidad bastante amplia. En total gestionamos alrededor de dos mil hectáreas. El sistema que hemos desarrollado en la fase uno de la modernización contempla unas setecientas veinticinco hectáreas. Para hacerse una idea, tenemos unos trescientos veinticinco comuneros que están adheridos y afectados por esta primera fase de modernización.
“La modernización de regadíos nos permite aportar agua a los cultivos cuando realmente es necesario”
¿Qué impacto tiene esto para la economía de la zona?
El agua es un bien común que necesitamos los agricultores y ahora, además, la podemos gestionar de una forma presurizada y controlada. Esto nos permite aportar el agua a los cultivos cuando realmente es necesario.
Esa presurización del agua formó parte del proyecto de modernización, ¿verdad?
Sí, fue un cambio radical. Antes utilizábamos un riego a manta o por inundación, que consistía básicamente en aportar metros cúbicos de agua hasta inundar la parcela. Eso implicaba un gran gasto de agua y también mucho tiempo por parte de los agricultores, que teníamos que estar conduciendo el agua manualmente. Muchos regábamos con pelotas de goma, con la azada, guiando el agua por la parcela. Todo eso ha cambiado radicalmente: ahora ganamos tiempo y mejoramos la eficacia en los cultivos.
Además del tiempo que se tardaba en inundar los campos, ¿qué otras limitaciones tenía ese sistema?
Aparte del tiempo y del gasto de agua, también condicionaba mucho los cultivos. Por ejemplo, había cultivos que no podíamos hacer o situaciones en las que, si llovía, no se podía regar porque todo requería mucho tiempo y presencia en el campo. Hoy en día los agricultores tenemos que estar en muchos sitios y ese sistema nos obligaba a dedicarle demasiado tiempo.
Para quien no sea experto, ¿cómo funciona el sistema de riego presurizado y qué ventajas aporta?
La presurización permite aportar el agua que queremos mediante presión a través de diferentes sistemas de riego. Hemos pasado del sistema tradicional a sistemas como la aspersión, la cobertura, el goteo o el pívot. De esta forma podemos aportar al cultivo exactamente el agua que necesita en cada momento. Las tierras no son todas iguales y tampoco los cultivos, así que hay zonas que requieren más agua y otras menos. Con el riego presurizado podemos ajustar esas necesidades y, además, evitar tener que estar físicamente allí. Hoy en día muchos agricultores gestionamos el riego desde el móvil, lo que nos permite dedicar tiempo a otras tareas. Desde que se ha hecho esta modernización, muchos agricultores han empezado a cultivar más maíz y otros cultivos que antes eran más difíciles con el riego a manta. En definitiva, ha aumentado la rentabilidad de las explotaciones.
Además del ahorro de agua, ¿qué otras ventajas destacarías?
El ahorro de agua es importante, pero también hay que tener en cuenta que la modernización implica unos gastos y unas cuotas para los agricultores. Aunque la obra ha contado con subvenciones, también hay una aportación que el agricultor tiene que asumir. Por eso estamos intentando ser más eficaces, por ejemplo con dobles cosechas o mejorando la productividad de los cultivos para compensar ese coste añadido.
¿Hay nuevos proyectos previstos para el futuro?
Sí, ya estamos trabajando en la fase dos en Binéfar. Es un proyecto que ya tenemos en marcha.
¿Se puede adelantar algo de esa segunda fase?
En principio abarcará unas quinientas setenta hectáreas, que son las que quedan por modernizar en Binéfar. En todas las comunidades el canal pasa por donde pasa y no todas las parcelas tienen presión natural, así que en algunos casos hay que elevar el agua mediante sistemas de bombeo. En la fase uno instalamos un sistema de turbina-bomba con coste energético cero, que es un proyecto novedoso que está funcionando bien. Para esta segunda fase estamos planteando un sistema apoyado en energía fotovoltaica.


