Nacho Robredo decidió apostar por un cambio de vida que se ajustase mejor a su proyecto personal. Pasó de trabajar en una multinacional a emprender en el medio rural. Y así nació Queso d’Estrabilla, una quesería artesanal con sede en Valsalada (Huesca) que ha crecido desde la venta local hasta distribuir en varios puntos de España con el apoyo de las ayudas LEADER.
¿En qué momento decides apostar por poner en marcha una quesería?
Yo venía de trabajar en una multinacional, aunque mi trabajo estaba centrado en proyectos de exportación en África, Europa del Este y Oriente Medio. En 2013 me vine a vivir a Valsalada y seguí teletrabajando para la misma empresa durante más de dos años. Desde allí hacía exactamente el mismo trabajo, y cuando tenía que hacer puestas en marcha de proyectos o visitas, viajaba donde hiciera falta. Pero con el tiempo, vivir en un pueblo pequeño y tener que irme, por ejemplo, cada dos meses a Dubái, me generaba una sensación extraña. Además, tenía dos hijas pequeñas y sentía que me estaba perdiendo su crianza. Eso me llevó a tomar la decisión de dejar el trabajo.
“Sin apoyo LEADER, el crecimiento de esta empresa habría sido mucho más lento”
¿Cómo se produce ese cambio hacia el emprendimiento rural?
Siempre me ha atraído mucho el mundo rural. De hecho, antes ya había vivido en pueblos pequeños, aunque no tan pequeños como Valsalada. Tras dejar el trabajo, estuve un tiempo pensando qué hacer, si buscar otra salida laboral en otra empresa o montar algo por mi cuenta. Entonces recordé que en la universidad había hecho un curso de elaboración de quesos, algo que me había gustado mucho, porque además soy un apasionado del queso. A partir de ahí empecé a investigar, a visitar queserías, a hacer más cursos de elaboración… y me encontré con un entorno muy amigable, muy abierto a compartir conocimientos y experiencias con gente que empieza. Eso me animó a lanzarme. Empecé a conocer proveedores, ganaderos que podían suministrarme leche, y poco a poco fui dando pasos hasta que, sin darme cuenta, ya estaba construyendo la quesería.
¿Cómo ha evolucionado la empresa desde entonces?
Empezamos antes de la pandemia con una venta muy local, prácticamente centrada en Huesca capital, algunos pueblos de alrededor y Zaragoza. Pero con la pandemia, las tiendas con las que trabajábamos estaban cerradas o con muchas restricciones, así que la comercialización se resintió bastante. Justo un par de meses antes, además, había aumentado la cantidad de leche que recogía de un ganadero, hasta quedarme con toda su producción, así que tenía más volumen que colocar. En ese momento vi una oportunidad en empezar a trabajar con tiendas especializadas en queso por toda España. A partir de ahí, la evolución ha sido muy rápida. No estamos en muchísimas tiendas, pero sí muy repartidas: tenemos presencia en Galicia, Asturias, Cantabria… y ahora mismo estamos vendiendo en media España.
¿Qué importancia tiene la materia prima en vuestros productos?
Es absolutamente fundamental. En un producto tan artesanal como el queso, la leche lo es todo. Yo tenía muy claro desde el principio que quería trabajar con leche de animales en pastoreo. Además, trabajo con ganaderías concretas, siempre las mismas, tanto para leche de cabra como de oveja o de vaca. Esto es importante porque la leche no es igual en todas partes: depende mucho de la alimentación de los animales y de cómo se gestionan las explotaciones. Para mí, conocer bien la materia prima es clave para conseguir que los quesos salgan como yo quiero. Además, está el factor de proximidad: la leche es en un 90% agua y para hacer un kilo de queso necesitas unos diez litros, así que transportar esa materia prima a largas distancias no tiene mucho sentido ni económica ni logísticamente.
¿Cuáles fueron las principales dificultades de emprender en el medio rural?
Hay varias. Desde cosas básicas como la conexión a Internet o el estado de las carreteras, hasta cuestiones más críticas como el suministro de agua. En una quesería, el agua es fundamental: estás una parte del tiempo elaborando, pero otra muy importante limpiando, así que necesitas un suministro constante y fiable. Durante un tiempo tuvimos bastantes problemas en el pueblo porque estaban cambiando infraestructuras y había cortes de agua, lo que complicaba mucho el trabajo. Son dificultades que quizá en otros entornos no se dan o no tienen tanto impacto.
¿Qué papel han jugado las ayudas LEADER en vuestro proyecto?
Han sido clave. Yo tenía algunos ahorros para empezar, pero cuando me puse a hacer números me di cuenta de que la inversión necesaria era bastante grande. Empecé con una quesería más pequeña y he ido ampliando poco a poco conforme el negocio ha ido creciendo. Pero ese primer empujón fue fundamental. Yo mismo elaboré el proyecto y estuve en contacto con el grupo de acción local para informarme de plazos y requisitos. De hecho, planteé todo el proyecto teniendo en cuenta esas ayudas. Gracias a ellas pude arrancar con unas instalaciones adecuadas desde el principio.
¿Consideras necesarias este tipo de iniciativas para el medio rural?
Sí, son muy importantes. Permiten que proyectos pequeños como este puedan ponerse en marcha con una base sólida. Sin ese apoyo, el crecimiento habría sido mucho más lento y probablemente más complicado. Estas ayudas facilitan mucho el inicio y hacen viable que surjan iniciativas en el medio rural.


