En Entrevista 2023 - 2027

Nerea Lacoma, joven agricultora de Barbastro, tomó el relevo generacional de su explotación en 2023. Hoy, gracias a la contribución de las ayudas de la PAC, ha podido ampliarla y consolidar un proyecto laboral vinculado especialmente al tomate rosa, uno de los cultivos emblemáticos de la zona. En esta entrevista contada desde su día a día, Lacoma reivindica el valor del medio rural, la necesidad de modernizar tareas todavía muy manuales, y un mayor apoyo para hacer frente a los retos del sector.

¿Qué te llevó a dedicarte a la agricultura?
Continuar el legado de mis padres. Ellos han sido un apoyo clave en todo este proceso, ya que mi madre decidió incorporarse hace unos años y yo también quería seguir con ello.

¿Y cómo fue el camino hasta ponerte al frente de la explotación?
No te voy a negar que es un poco difícil. Hay que echarle tiempo, ganas y, sobre todo, que te guste.

¿Desde cuándo gestionas la explotación?
Desde 2023, y termino la incorporación en enero. Pero ya llevaba bastantes años haciendo cursos y formándome.

¿Y qué papel han tenido las ayudas de la PAC en tu incorporación?
Me ayudaron bastante. He podido ampliar la explotación y comprar una parcela más para cultivar.

¿Qué valor tiene para ti trabajar en el medio rural?
Mucho. Últimamente no veo a muchas personas jóvenes que continúen las explotaciones familiares o empiecen desde cero. Me siento bastante privilegiada por poder hacerlo.

¿Qué cultivos gestionas actualmente?
Principalmente tomate rosa de Barbastro. Y luego maíz, cebada, algo de olivo… un poco de todo. Probamos por ejemplo con pistachos, pero vimos que no se daban bien en esta zona. Y es que el campo es un lugar de mucha experimentación de prueba y error, por eso en la medida de lo posible siempre intentamos plantar nuevos cultivos para ver el resultado. 

No es un trabajo en el que sepas lo que va a funcionar. Depende del clima, de cómo se comporte la tierra y de cómo trabajes tú. Estoy acostumbrada a aprender de lo que falla y de lo que sale bien.

El tomate rosa por su parte parece cada vez más relevante.

Sí. Empezó mi madre con dos invernaderos y algo de producción exterior. Vimos que funcionaba y fuimos mejorando cada año, analizando qué prácticas iban mejor. Es un cultivo que se da muy bien en Barbastro.

¿Y cuáles son los principales retos para una joven agricultora en Aragón?
Modernizar ciertas tareas del día a día. Hacemos muchas cosas a mano y todavía no existe, o es difícil de adquirir, tecnología que facilite algunos trabajos. Si hablamos de coger el tomate mismamente, es una tarea que ocupa muchísimo tiempo a pesar de que en sitios como Almería ya hayan avanzado en su mecanización.

¿Qué cambios te gustaría ver en el sector en los próximos años?
Me gustaría que fuera más fácil incorporarse a la agricultura o facilitar el trabajo a quienes ya estamos. Después de la pedregada del pasado septiembre tuve cultivos que se estropearon por completo y vendría bien una ayuda para estos eventos extremos, más allá de los seguros. Se suele pagar bastante por la cobertura y cuando pasa algo no cubren la pérdida real.

¿Y en cuanto a la comercialización?
Pagar más por la producción. Yo vendo el tomate a un precio y en el supermercado es mucho más caro. La diferencia es grande y creo que se debería de priorizar el producto de aquí respecto al que viene de fuera.

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