Tamara León, joven agricultora de Calamocha, pone voz a las dificultades reales que afrontan quienes apuestan por iniciar su proyecto de vida en el campo. La elevada inversión inicial marca un proceso de incorporación que pone algunos obstáculos para las nuevas generaciones del medio rural.
¿Qué te llevó a dedicarte a la agricultura y a iniciar el proceso de incorporación como joven agricultora?
Vivo en el mundo rural, en el pueblo, y mi pareja también se dedica a la agricultura y la ganadería. Al final decidimos apostar los dos por este proyecto de vida y hacerlo juntos. Para nosotros era la opción más viable, también pensando en el futuro y en la conciliación familiar.
¿Cómo está siendo el camino hasta llegar a gestionar tu propia explotación?
Está siendo difícil, sobre todo por todo el control administrativo y la documentación. Piden algunos requisitos un poco fuera del alcance, y eso complica empezar.
¿La inversión inicial es uno de los principales obstáculos?
Sí, sin ninguna duda. Para empezar tienes que poner mucho dinero de tu bolsillo y las ayudas no llegan hasta pasado un tiempo. Yo todavía no he recibido nada. Si no tienes un colchón familiar, empezar de cero es imposible.
¿Las explotaciones que gestionas actualmente son de carácter familiar?
No, son explotaciones arrendadas. Tengo el apoyo económico de mi familia, por suerte, pero no por ayudas de la administración, porque esas todavía no han llegado. Sin ese respaldo familiar, no habría sido viable.
¿Desde cuándo estás trabajando estas explotaciones?
Desde el año 2023, hace ya dos o tres campañas.
¿Qué tipo de cultivos gestionas actualmente?
Trabajo principalmente cereal y alfalfa.
¿De qué superficie estamos hablando aproximadamente?
Unas 150 hectáreas, más o menos.
Más allá de la burocracia, ¿cuáles dirías que son los principales retos para una joven agricultora en Aragón?
El acceso a la tierra es uno de los mayores problemas. No hay tierra y la poca que hay está carísima. Los precios de todo son muy altos, mientras que a nosotros nos pagan el producto a precios muy bajos. Muchas veces no salen las cuentas.
¿En tu zona, en Calamocha, es especialmente complicado acceder a tierras?
Sí, mucho. Es muy difícil arrendar o comprar porque los precios están disparados. La gente con más dinero compra y los que no, se quedan fuera. Es un mercado muy tensionado, y eso nos afecta directamente.
¿Qué cambios te gustaría ver en el sector en los próximos años?
Menos burocracia y más apoyo real por parte de la administración. Hace falta facilitar todavía más la incorporación de jóvenes porque si no es complicado.


