En Entrevista 2023 - 2027

Hace un cuarto de siglo, apostar por la agricultura ecológica era un salto al vacío sin apenas formación ni mercado. Hoy, Félix Ballarín representa un modelo basado en la cooperación que gestiona hasta 115 variedades de hortalizas a lo largo del año. En esta entrevista muestra la transformación de un sector que ha pasado de la resistencia pionera a la eficiencia logística, reivindicando que la salud de la tierra y la del negocio deben ir siempre de la mano para que el modelo ecológico sea, además de sostenible, un proyecto de vida real.

¿Cómo nació vuestro proyecto de agricultura ecológica?

A nivel de cooperativa, porque yo siempre he sido un convencido del cooperativismo. Los socios llevábamos ya bastantes años cada uno por nuestra cuenta comercializando nuestros productos, pero nos llevábamos bien y colaborábamos entre nosotros. Por ejemplo, si yo tenía acelga y a un compañero le hacía falta, nos llamábamos y nos la vendíamos entre nosotros. Eso ocurría porque el mercado era muy limitado y prácticamente íbamos todos a las mismas tiendas a colocar nuestros productos. A veces incluso yo llegaba a una tienda y ya lo había vendido otro compañero, aunque fuera mío, y no había ningún problema.

Pero eso sí nos hizo pensar en buscar una fórmula para trabajar en conjunto. Así surgió la idea de montar una cooperativa, que nos facilita la gestión, la planificación y la venta conjunta. Cada uno mantiene su propia huerta, pero todo lo que es logística e infraestructura se gestiona de manera común. Esto es clave en nuestro caso, porque trabajamos con muchísimas referencias: a lo largo del año podemos tener unas 115 variedades de hortalizas. Es muy difícil que una sola explotación pueda abarcar toda esa diversidad, y la cooperativa permite organizarlo mejor.

¿Son importantes las ayudas al desarrollo de estos proyectos?

Las ayudas son buenas, pero lo fundamental es que el plan de negocio sea viable por sí mismo. No puedes depender de las ayudas para rentabilizar tu actividad. Además, muchas de estas ayudas son cofinanciadas y dependen de cada territorio, lo que genera diferencias entre comunidades autónomas. Nosotros trabajamos principalmente en Aragón, pero si operáramos en otros territorios, esas diferencias podrían influir, tanto positiva como negativamente. Por eso insisto en que el negocio tiene que sostenerse por sí solo.

Hace años la agricultura ecológica era un reto difícil. ¿Cómo lo ves ahora?

Siempre será un reto, porque es una forma diferente de cultivar y de entender la tierra. Pero es verdad que antes era más complicado, sobre todo por el mercado, que no estaba tan abierto como ahora. Estoy hablando de hace 20 o 25 años, cuando empecé. También había menos formación. En aquel momento tenías que buscar a los pioneros, visitarlos, aprender directamente de ellos. Yo tuve la suerte de conocer a gente estupenda con la que todavía mantengo relación, y con ellos aprendí tanto la parte técnica como las dificultades del sector.

En ecológico tienes que cambiar completamente el chip. No es lo mismo aplicar tratamientos convencionales que trabajar con rotaciones, etcétera. Hoy en día hay más formación y también más productos ecológicos para afrontar problemas puntuales, lo que hace que todo sea más llevadero. El mercado también ha crecido, hay más gente y más conocimiento, y eso facilita las cosas.

¿Cuál sería tu objetivo o sueño dentro del sector ecológico?

Mi sueño sería que aumentara la superficie dedicada a ecológico y que más gente consumiera este tipo de productos. No solo por una cuestión de negocio, sino por salud y por el impacto medioambiental. Ese sería, para mí, el mejor escenario posible.

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