En Entrevista 2023 - 2027

Para Sonia Orenga y su marido, la ganadería extensiva no es solo un negocio, es una herencia emocional que resiste frente a las dificultades del terreno y la falta de relevo. Desde su explotación, integrada en los programas de mejora de Oviaragón, trabajan día a día para que la raza aragonesa no pierda su esencia ni su calidad excepcional. A través de la selección genética y el uso de tecnología digital para el control del rebaño, esta familia defiende un modelo de vida que mantiene vivo el monte y destaca el papel del mundo rural como el pilar que alimenta a toda la sociedad.

¿Se puede aprender a ser pastor o es algo que se lleva dentro?

Creo que no es algo que se te ocurra, sino que te nace, que lo llevas dentro. Yo lo he vivido en mi casa desde pequeño, con mis abuelos y mis padres, y siempre me ha gustado. Es un oficio muy vocacional y difícil de transmitir. Yo tengo un hijo y no le gusta nada esto, y eso demuestra que no es algo que puedas enseñar fácilmente. Es algo que tienes que sentir.

A nivel personal, ¿cómo valoras dedicarte a la ganadería?

A mí me gusta. Es un trabajo duro, pero también eres tu propio jefe. Estás en contacto con la naturaleza y eso es un privilegio. Hemos pasado momentos complicados, como cuando se nos cayó una nave con el temporal Gloria, pero te levantas y sigues. Yo lo valoro muy positivamente.

¿Qué significa para ti vivir en el medio rural?

Para mí es todo. No me iría a ningún otro sitio. Durante el COVID, por ejemplo, éramos conscientes de lo afortunados que éramos por poder salir al campo y vivir así. El mundo rural merece la pena y hay que mantenerlo.

¿Qué destacas de la raza aragonesa en vuestro caso?

A mí me gusta mucho como raza y creo que tiene unas características muy aptas para esta zona. Además, produce una carne de mucha calidad, excepcional. Además, creo que es de las mejores carnes que existen en España.

¿Cómo fue tu acercamiento a la ganadería?

Siempre me han gustado los animales y he estado muy vinculada al sector, aunque de pequeña les tenía respeto. De pequeña iba fin de semana sí fin de semana también a la casa de mis abuelos y les veía manejar sus rebaños. Luego conocí a Alberto y ambos decidimos apostar por este tipo de vida. No me arrepiento de nada.

¿Cómo participáis en la conservación genética de la raza?

Nosotros participamos en el programa de mejora genética de la Diputación de Teruel (grupo operativo Oviaragón). Criamos machos con alto valor genético que luego se utilizan para seguir mejorando la raza. No hibridamos porque al final se acabaría diluyendo la raza original aunque generen más carne o gasten menos comida. Lo que sí utilizamos son herramientas como lectores para registrar datos de cada oveja: cuándo pare, su valor genético… Eso nos ayuda a seleccionar mejor y a preservar la raza.

¿Qué papel juegan las ayudas en este proceso?

Las ayudas del Programa de Desarrollo Rural no nos llegan directamente, pero sí a través de entidades como la ADS o la UPRA. Ellos se encargan de cuestiones como la vacunación o el control genealógico, y eso al final nos ayuda a nosotros a mejorar la explotación.

¿Cómo moldea el paisaje la ganadería extensiva?

Eso es algo fundamental. Las ovejas limpian el monte, reducen la maleza al comerse matorrales bajos… Además, fertilizan el suelo de forma natural. Sin ellas, todo estaría abandonado. Por lo tanto si hubiese un fuego el terreno estaría más seco y se propagaría más rápido.

Por otro lado, debido a la orografía, un ganadero tampoco puede manejar 800 ovejas, sino más bien 400 o 500. Por eso, la mejora genética es clave, porque permite obtener más corderos con menos animales. Esto tiene un impacto económico positivo, aunque también implica más trabajo, ya que hay que atender partos múltiples y sacar adelante los corderos. Aun así, este modelo permite que más explotaciones puedan mantenerse activas en el territorio, evitando la concentración y favoreciendo que más familias puedan vivir de la ganadería.

¿Qué relación tiene el mundo rural en la sociedad?

Es la base de todo. De aquí salen los alimentos. A veces en las ciudades no se es consciente de ello, pero el cordero no sale de una tienda, sale de aquí. El sector primario es la base de la pirámide y hay que cuidarlo.

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