En Entrevistas

La empresa Semillas Vilas nació en Graus, pero en el año 2016 fue adquirida por Agrícola San Julián. Fundada en 1997 por los hermanos José y César Casas, Agrícola San Julián, tiene su sede en Torres de Barbués. Es aquí, en este pueblecito de Los Monegros, donde se ha construido un gran centro dedicado a los servicios agrícolas. Poco a poco ha ido creciendo, y en la actualidad Semillas Vilas se extiende a lo largo del territorio nacional e introduciéndose en el mercado internacional (con trigo en Marruecos, cebada en Inglaterra e Irlanda, entre otros destinos) .
“En el Grupo San Julián-explica José Casas- apostamos por la producción de semilla certificada y, a la vez que adquirimos Semillas Vilas en 2016, construimos una nave nueva en las instalaciones de Torres de Barbués donde se montó una seleccionadora de semillas con capacidad para hacer 10 Tn/h.”
Las fases del proceso de selección de semilla son:
– Recepción de materia prima
– Desbarbadora
– Limpiadora
– Triarvejones
– Mesa densimétrica
– Tratadoras
– Ensacado-paletizado
– Almacenaje

Desde 2015 que empezaron a elaborar semilla certificada, han aumentado la producción de semilla certificada de 1.500  toneladas hasta las 10 mil toneladas.

Esta seleccionadora contó con el apoyo del Programa de Desarrollo Rural. “Fue una ayuda, pero lo cierto es que la decisión empresarial estaba tomada y lo hubiéramos llevado a cabo con o sin subvención. Aunque un empujón siempre viene bien”. Ofrecen semillas certificadas con una gama de variedades de cereales muy productivas: trigo, cebada, triticale y avena. No en vano, la semilla certificada más vendida de Aragón sale de su trabajo “y nos lleno de orgullo”.

La semilla certificada resulta imprescindible para la seguridad alimentaria. Sin su origen no se podría realizar la trazabilidad de los alimentos.
Por ejemplo, es obligatorio el uso de semilla certificada en el mercado de la maltería y harineras.
“Con las nuevas variedades año tras año estamos consiguiendo un rendimiento mayor en nuestras explotaciones”, explica la ingeniera Mª Jesús Malón. “Se consigue disminuir la dosis de siembra y por tanto, el gasto en semilla dada la calidad y el poder germinativo de la semilla certificada”.
Por otro lado, al estar la semilla libre de otras especies (malas hierbas) garantiza una pureza varietal y evita la contaminación del campo.
Con los controles indicados anteriormente, se acredita que se ha realizado una agricultura sostenible y un uso racional de inputs en los cultivos, realizando buenas prácticas agrícolas para conseguir un cultivo rentable, socialmente sostenible y respetuoso con el medio ambiente y las personas.

En la actualidad tienen en nómina a 38 trabajadores, distribuidos por sus diferentes centros, muchos de ellos mujeres y jóvenes. “Aquí el más mayor soy yo” bromea Casas. Este negocio conlleva ofrecer un servicio completo al agricultor y a las cooperativas (asesoramiento, campos de ensayos de variedades, fitosanitarios, secadero de cereales, servicios a terceros…). “El agricultor tiene que ver qué siembra, no se puede engañar a nadie”.

 

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